Blockchain en Los Desayunos de RTVEEsta mañana participé brevemente en Los Desayunos de RTVE, hablando sobre blockchain y su futuro. Sergio Martín, el director y presentador del programa, recordó que habíamos hablado sobre el tema hace algo más de tres años en su programa anterior, La Noche en 24 horas, mucho antes de que el concepto se volviese tan comentado y de actualidad, y volvió a recurrir a mí para intentar trasladar una breve definición de lo que es y significa la cadena de bloques: una solución elegante de base de datos distribuida basada en un enlace entre cada dato o transacción utilizando habitualmente una prueba de trabajo criptográfica.

Así de sencillo: a cada dato o transacción se le añade un sello temporal, y se añade a un registro en el que se enlaza con el dato o transacción anterior, requiriendo para ello una prueba criptográfica con una solución única. Tras añadirla a la cadena, es imposible modificarla – podría modificarse en una transacción posterior, por supuesto, pero el dato anterior se mantendría allí – y dado que la cadena está replicada en todos los ordenadores participantes, resulta prácticamente imposible alterarla.

Dado que mi participación tenía lugar inmediatamente después de un bloque dedicado a la evolución de las criptomonedas, intenté dejar claro que aunque la mayoría de las criptomonedas actualesno todas – se basan en la cadena de bloques, en realidad el mecanismo sirve para absolutamente cualquier cosa, y de hecho, la veremos aplicada a la práctica totalidad de los sistemas transaccionales, sean archivos de tránsito de contenedores, registros de calificaciones académicas para evitar el fraude curricular, registros de la propiedad de bienes inmuebles, o lo que se nos pase por la imaginación. Que el uso más conocido o comentado en la actualidad de la cadena de bloques sean las criptomonedas es simplemente un reflejo de que la cadena de bloques ha servido, como sistema de registro de transacciones que es, para “democratizar” la creación de una criptomoneda, que puede ser creada en prácticamente cualquier momento y por cualquiera, pero no será el uso más habitual que veremos en el futuro.

¿Va a cambiarnos la vida la cadena de bloques como lo hizo en su momento internet? No creo que sea comparable. La cadena de bloques se convertirá, cada vez más, en la base de todos los sistemas transaccionales, pero su efecto será bastante transparente: simplemente, esos procesos transaccionales pasarán a estar soportados por cadenas de bloques y se convertirán en mucho más fiables, pero no será un cambio que afecte esencialmente a cómo interaccionamos con ellos, sino al mecanismo que tienen detrás.

Tras mi participación en el programa, añadí en Twitter un par de enlaces para profundizar: uno, sobre el efecto e importancia de blockchain, el prólogo que escribí para la edición española de “La Revolución Blockchain“, el libro de Don y Alex Tapscott. Otro, la fenomenal entrada escrita por Héctor Sánchez MontenegroNational Technology Officer de Microsoft Ibérica, en la que explica el concepto de forma accesible para cualquiera, pero sin desvirtuar su esencia (me llevé a Héctor a una de mis clases en IE Business School hace algún tiempo precisamente a raíz de esa misma entrada). 

Los Desayunos es un espacio, obviamente, muy distinto al que me daba La Noche en 24 horas: primera cadena en lugar de un canal temático, una franja horaria completamente diferente, y en consecuencia, una audiencia completamente distinta, pero también muy interesante y con buenas posibilidades de utilizarlo para lanzar explicaciones fáciles de entender sobre temas que muchos tienden a considerar complejos, un tipo de misión que considero muy adecuada para una cadena de televisión pública. Y en cualquier caso, un tema fascinante, con una proyección brutal que, como siempre comenté, va mucho más allá de las criptomonedas, y una buena oportunidad para volver a colaborar con Sergio Martín en RTVE.

 

IMAGE: Kornilov14 - 123RFA medida que la cotización del bitcoin va alcanzando nuevos récords en una espiral alcista sin precedentes y que las barreras psicológicas sobre su valor van dinamitándose con escasos días de diferencia, está surgiendo una corriente de escepticismo muy razonable que apunta fundamentalmente a una cuestión: esta no era la idea. El bitcoin nació para sustituir a una industria financiera responsable de muchísimos problemas y crisis cíclicas, para generar un sistema mejor, más justo y menos especulativo, pero en lugar de eso, la ha replicado, con todos sus males en edición corregida y aumentada.

Gracias al bitcoin, ahora tenemos un sistema en el que se calcula que unas mil personas, los llamados bitcoin whales, poseen en torno al 40% del total del dinero en circulación en el mundo, enormes e incalculables fortunas en manos no de quien más valor ha sabido crear, sino simplemente, del que supo ser más espabilado, estuvo en la situación de asumir más riesgos, o tuvo acceso a mejor información. La pregunta es clara: ¿qué aporta a la economía la adopción de una nueva moneda que otorga un enorme beneficio al que más tenía, porque sencillamente, estaba en una situación más adecuada para asumir un riesgo mayor? ¿Tiene sentido fiar la distribución de la nueva moneda a mecanismos como ese? Si hace años tuviste la inspiración de probar una tecnología prometedora y no te has olvidado de tus datos de acceso, es posible que ahora, de la noche a la mañana, seas virtualmente millonario… ¿por qué? ¿Realmente has hecho algo que tenga algún mérito, que añada algún valor a alguien o que merezca que pases a tener unos privilegios y un nivel de vida muy por encima del grueso de la sociedad?

El fundador de Coinbase, convertida en la app más popular en los Estados Unidos por número de descargas, envía un mensaje a toda su base de usuarios reclamando sentido común y responsabilidad en sus inversiones, en lo que parece ya una fiebre del oro demencial y absurda, de idiotas corriendo para hacerse con algo que les han dicho que vale mucho por razones que no acaban de entender. Robos de volúmenes obscenos que quedan impunes por una ausencia total de regulación, volatilidades inasumibles y comisiones por operación superiores a los veinte dólares, y un esquema operativo completamente ineficiente que podría dar al traste con todas las estrategias diseñadas para un futuro de energías limpias y sostenibles. Los problemas que el bitcoin se suponía que iba a arreglar, exagerados y convertidos en una economía sin pies ni cabeza, en manos de muy pocos con capacidad para manipularla a su antojo. Los nuevos aristócratas no son los favorecidos por el rey ni por el papa, sino los que en un momento dado, estuvieron en una mejor situación para arriesgar una parte de su dinero en un nuevo sistema que pocos podían entender.

Una burbuja sin precedentes, que muchos, no obstante, prefieren justificar echando la vista atrás y argumentando que la burbuja anterior, la de las puntocom, nos dejó, después de un período de regularización de pocos años, la internet que hoy en día conocemos y utilizamos. No, no es lo mismo. La burbuja de internet eran personas de cualquier condición que de repente veían un entorno en el que se podía emprender sin las limitaciones que existían en el tradicional, que se arriesgaban gracias a un sistema en el que se primaba la capacidad para visualizar el futuro, y en el que cualquiera que tuviese una buena idea y capacidad para desarrollarla podía acceder razonablemente a fondos de una comunidad de inversores que estaban dispuestos a financiarla. El equivalente de los nuevos millonarios del bitcoin no son los emprendedores puntocom que comenzaron compañías, sino los aprovechados domainers que, sin añadir ni un ápice de valor a nada, se dedicaron a secuestrar y especular con nombres de dominio como si no hubiese un mañana para, posteriormente, extorsionar a verdaderos emprendedores con precios abusivos.

Sorcerer's apprentice (IMAGE: Disney)Blockchain es un esquema interesantísimo, con un diseño enormemente elegante, y con la capacidad de solucionar algunos de los problemas más evidentes que aquejaban a los sistemas transaccionales. Hasta ahí, de acuerdo. Pero es muy posible que la propuesta de valor diseñada originalmente por Satoshi Nakamoto, quien o quienes diablos sea o sean, se haya tirado por la borda por culpa de un esquema de adopción demencial, sin sentido, sin ningún tipo de lógica y esencialmente antidemocrático, que favorece la consolidación de grandes fortunas y la centralización de la riqueza en manos de unos pocos elegidos con un criterio absurdo. Si esa es la consecuencia de bitcoin, mucho me temo que su creador o creadores, convertidos en tristes imitadores del aprendiz de brujo que no sabe como controlar su invento, no estarán demasiado orgullosos.

 

Cryptokitties

Si algo atrae atención en la red en los tiempos actuales es todo aquello basado en blockchain. Criptomonedas de todo tipo, smart contracts, registros de propiedad, transacciones de todo tipo… todo lo que contiene blockchain es bendecido automáticamente con un plus de atención. Así las cosas, solo era cuestión de tiempo que a alguien se le ocurriese unir blockchain con la pasión intemporal de la web: los gatitos.

Sí, ya sé que parece poco serio. Pero está ocurriendo: en este momento, el 4% de todas las transacciones realizadas en Ethereum, la cadena de bloques creada por Vitalik Buterin y considerada la más versátil, están dedicadas a la adquisición de gatitos virtuales en CryptoKitties. Mascotas virtuales con una serie de atributos (“cattributes”) que los jugadores pueden adquirir, coleccionar y cruzar entre sí en busca de determinados atributos en función de un algoritmo, tratando de obtener gatitos que, por la razón que sea, alcancen un valor más elevado. La idea de los bienes virtuales coleccionables evoca el éxito efímero de Pokémon Go, pero utiliza Ethereum para crear un registro permanente e intemporal, que permite que cada gatito tenga una trazabilidad completa y se convierta en un objeto virtual, “genéticamente” único. Además de los gatitos obtenidos por los usuarios, existen algunos otros, Fancy Cats, con características especiales, incluidos por los diseñadores del juego, con nombres especiales o atributos simpáticos (Feline Musk, Kitty Perry, etc.) El mecanismo de creación de los gatos establece un control similar al existente en las criptomonedas, con un límite determinado: en estos momentos, los gatitos son liberados aproximadamente cada 15 minutos, pero hay un límite controlado por el algoritmo para esas creaciones “de generación cero”. A partir de ahí, pueden obtenerse uniendo dos gatitos, con una serie de reglas determinadas que regulan, por ejemplo, la frecuencia o el tiempo que hay que esperar entre cada proceso. Con la excepción de los primeros jugadores, que obtuvieron un gatito gratis cada uno, todos los demás tienen que pagar por ellos.

Puro entretenimiento, sí… pero dentro de un orden: algunos de los gatitos ya han sido comprados y vendidos por cantidades que, en función de la cotización actual del ether, alcanzan valoraciones exorbitantes, como los casi $120,000 del primer gatito creado, o con múltiples transacciones establecidas en torno a los cinco mil dólares. El modelo de negocio de la plataforma es, además de vender los gatitos originales, tomar un porcentaje de un 3.75% de cada transacción. En realidad, CryptoKitties es un ICO, una oferta de tokens, en la que los tokens son los gatitos, y su valor se eleva en función de cuántas personas decidan jugar con ellos, criarlos, comprarlos o venderlos, y que, por otro lado, hace que muchos usuarios, que tienen que instalarse un digital wallet o monedero digital, MetaMask, para poder efectuar transacciones dentro del juego, se familiaricen con conceptos como las criptomonedas, Ethereum o los ICOs, con todo lo que ello puede aportar. Que alguno, de paso, pierda algo de dinero en el proceso ya dependerá del control que tengan a la hora de jugar con un juego en el que todo, absolutamente todo – menos el dinero – es completamente virtual.