IMAGE: Kornilov14 - 123RFA medida que la cotización del bitcoin va alcanzando nuevos récords en una espiral alcista sin precedentes y que las barreras psicológicas sobre su valor van dinamitándose con escasos días de diferencia, está surgiendo una corriente de escepticismo muy razonable que apunta fundamentalmente a una cuestión: esta no era la idea. El bitcoin nació para sustituir a una industria financiera responsable de muchísimos problemas y crisis cíclicas, para generar un sistema mejor, más justo y menos especulativo, pero en lugar de eso, la ha replicado, con todos sus males en edición corregida y aumentada.

Gracias al bitcoin, ahora tenemos un sistema en el que se calcula que unas mil personas, los llamados bitcoin whales, poseen en torno al 40% del total del dinero en circulación en el mundo, enormes e incalculables fortunas en manos no de quien más valor ha sabido crear, sino simplemente, del que supo ser más espabilado, estuvo en la situación de asumir más riesgos, o tuvo acceso a mejor información. La pregunta es clara: ¿qué aporta a la economía la adopción de una nueva moneda que otorga un enorme beneficio al que más tenía, porque sencillamente, estaba en una situación más adecuada para asumir un riesgo mayor? ¿Tiene sentido fiar la distribución de la nueva moneda a mecanismos como ese? Si hace años tuviste la inspiración de probar una tecnología prometedora y no te has olvidado de tus datos de acceso, es posible que ahora, de la noche a la mañana, seas virtualmente millonario… ¿por qué? ¿Realmente has hecho algo que tenga algún mérito, que añada algún valor a alguien o que merezca que pases a tener unos privilegios y un nivel de vida muy por encima del grueso de la sociedad?

El fundador de Coinbase, convertida en la app más popular en los Estados Unidos por número de descargas, envía un mensaje a toda su base de usuarios reclamando sentido común y responsabilidad en sus inversiones, en lo que parece ya una fiebre del oro demencial y absurda, de idiotas corriendo para hacerse con algo que les han dicho que vale mucho por razones que no acaban de entender. Robos de volúmenes obscenos que quedan impunes por una ausencia total de regulación, volatilidades inasumibles y comisiones por operación superiores a los veinte dólares, y un esquema operativo completamente ineficiente que podría dar al traste con todas las estrategias diseñadas para un futuro de energías limpias y sostenibles. Los problemas que el bitcoin se suponía que iba a arreglar, exagerados y convertidos en una economía sin pies ni cabeza, en manos de muy pocos con capacidad para manipularla a su antojo. Los nuevos aristócratas no son los favorecidos por el rey ni por el papa, sino los que en un momento dado, estuvieron en una mejor situación para arriesgar una parte de su dinero en un nuevo sistema que pocos podían entender.

Una burbuja sin precedentes, que muchos, no obstante, prefieren justificar echando la vista atrás y argumentando que la burbuja anterior, la de las puntocom, nos dejó, después de un período de regularización de pocos años, la internet que hoy en día conocemos y utilizamos. No, no es lo mismo. La burbuja de internet eran personas de cualquier condición que de repente veían un entorno en el que se podía emprender sin las limitaciones que existían en el tradicional, que se arriesgaban gracias a un sistema en el que se primaba la capacidad para visualizar el futuro, y en el que cualquiera que tuviese una buena idea y capacidad para desarrollarla podía acceder razonablemente a fondos de una comunidad de inversores que estaban dispuestos a financiarla. El equivalente de los nuevos millonarios del bitcoin no son los emprendedores puntocom que comenzaron compañías, sino los aprovechados domainers que, sin añadir ni un ápice de valor a nada, se dedicaron a secuestrar y especular con nombres de dominio como si no hubiese un mañana para, posteriormente, extorsionar a verdaderos emprendedores con precios abusivos.

Sorcerer's apprentice (IMAGE: Disney)Blockchain es un esquema interesantísimo, con un diseño enormemente elegante, y con la capacidad de solucionar algunos de los problemas más evidentes que aquejaban a los sistemas transaccionales. Hasta ahí, de acuerdo. Pero es muy posible que la propuesta de valor diseñada originalmente por Satoshi Nakamoto, quien o quienes diablos sea o sean, se haya tirado por la borda por culpa de un esquema de adopción demencial, sin sentido, sin ningún tipo de lógica y esencialmente antidemocrático, que favorece la consolidación de grandes fortunas y la centralización de la riqueza en manos de unos pocos elegidos con un criterio absurdo. Si esa es la consecuencia de bitcoin, mucho me temo que su creador o creadores, convertidos en tristes imitadores del aprendiz de brujo que no sabe como controlar su invento, no estarán demasiado orgullosos.

 

Cryptokitties

Si algo atrae atención en la red en los tiempos actuales es todo aquello basado en blockchain. Criptomonedas de todo tipo, smart contracts, registros de propiedad, transacciones de todo tipo… todo lo que contiene blockchain es bendecido automáticamente con un plus de atención. Así las cosas, solo era cuestión de tiempo que a alguien se le ocurriese unir blockchain con la pasión intemporal de la web: los gatitos.

Sí, ya sé que parece poco serio. Pero está ocurriendo: en este momento, el 4% de todas las transacciones realizadas en Ethereum, la cadena de bloques creada por Vitalik Buterin y considerada la más versátil, están dedicadas a la adquisición de gatitos virtuales en CryptoKitties. Mascotas virtuales con una serie de atributos (“cattributes”) que los jugadores pueden adquirir, coleccionar y cruzar entre sí en busca de determinados atributos en función de un algoritmo, tratando de obtener gatitos que, por la razón que sea, alcancen un valor más elevado. La idea de los bienes virtuales coleccionables evoca el éxito efímero de Pokémon Go, pero utiliza Ethereum para crear un registro permanente e intemporal, que permite que cada gatito tenga una trazabilidad completa y se convierta en un objeto virtual, “genéticamente” único. Además de los gatitos obtenidos por los usuarios, existen algunos otros, Fancy Cats, con características especiales, incluidos por los diseñadores del juego, con nombres especiales o atributos simpáticos (Feline Musk, Kitty Perry, etc.) El mecanismo de creación de los gatos establece un control similar al existente en las criptomonedas, con un límite determinado: en estos momentos, los gatitos son liberados aproximadamente cada 15 minutos, pero hay un límite controlado por el algoritmo para esas creaciones “de generación cero”. A partir de ahí, pueden obtenerse uniendo dos gatitos, con una serie de reglas determinadas que regulan, por ejemplo, la frecuencia o el tiempo que hay que esperar entre cada proceso. Con la excepción de los primeros jugadores, que obtuvieron un gatito gratis cada uno, todos los demás tienen que pagar por ellos.

Puro entretenimiento, sí… pero dentro de un orden: algunos de los gatitos ya han sido comprados y vendidos por cantidades que, en función de la cotización actual del ether, alcanzan valoraciones exorbitantes, como los casi $120,000 del primer gatito creado, o con múltiples transacciones establecidas en torno a los cinco mil dólares. El modelo de negocio de la plataforma es, además de vender los gatitos originales, tomar un porcentaje de un 3.75% de cada transacción. En realidad, CryptoKitties es un ICO, una oferta de tokens, en la que los tokens son los gatitos, y su valor se eleva en función de cuántas personas decidan jugar con ellos, criarlos, comprarlos o venderlos, y que, por otro lado, hace que muchos usuarios, que tienen que instalarse un digital wallet o monedero digital, MetaMask, para poder efectuar transacciones dentro del juego, se familiaricen con conceptos como las criptomonedas, Ethereum o los ICOs, con todo lo que ello puede aportar. Que alguno, de paso, pierda algo de dinero en el proceso ya dependerá del control que tengan a la hora de jugar con un juego en el que todo, absolutamente todo – menos el dinero – es completamente virtual.