IMAGE: RiksbankenSuecia se replantea la velocidad de su evolución para convertirse en la primera economía significativa del mundo sin dinero en metálico, en medio de una creciente oposición a la desaparición de billetes y monedas que, según algunos, pone al país en riesgo ante posibles ataques o problemas técnicos de cualquier tipo, y que tiende a aislar a personas mayores o con poca familiaridad con el uso de tarjetas o apps.

Actualmente, en torno al 80% de las transacciones tienen lugar mediante tarjetas o dispositivos electrónicos: incluso los niños para comprar golosinas utilizan tarjetas de débito, y los bares se niegan a aceptar dinero en metálico por los costes y las complicaciones que genera. Una aplicación de pago sueca, Swish, es tan popular que la palabra “swishing” se ha incorporado completamente al vocabulario como sinónimo de pagar. Medios como iZettle, recientemente adquirida por PayPal, permiten a las pequeños comerciantes y empresas recibir pagos electrónicos con total comodidad. El dinero en circulación en billetes y monedas se ha reducido desde los 97,000 millones en 2007, a los 57,700 millones actuales, una reducción que refleja claramente la popularidad de los medios de pago electrónicos pero que cuenta también con numerosos detractores.

Los que apoyan la eliminación del dinero en metálico plantean que el uso de medios electrónicos tiende a reducir el crimen y la economía sumergida. Los que se oponen argumentan que la transición pone en peligro la economía de personas mayores en zonas rurales, y afirman que trae consigo potenciales problemas de seguridad. Según algunas experiencias, las personas mayores tienden en muchos casos a tener problemas por su escasa familiaridad con el uso de tarjetas de crédito o smartphones, y a tener un control muy complicado de sus gastos al perder la referencia visual de la tangibilidad del dinero. El argumento de la privacidad o el control gubernamental, en cambio, es utilizado por muy pocos: tras casi cien años de gobiernos con una elevada tasa de popularidad, los ciudadanos del país tienden a confiar en su gobierno y en el uso que hace de la información. Sin embargo, la realidad es que el ejemplo de la transición de Suecia hacia una economía sin dinero en metálico se está convirtiendo, en el contexto del mundo, en un caso prácticamente aislado y sin comparables, en un verdadero experimento.

Ahora, el gobierno del país parece estar intentando dar una moderada marcha atrás en este movimiento: un comité legislativo pretende obligar a todos los bancos del país que ofrezcan cuenta corrientes y tengan más del equivalente de 8,000 millones de euros en efectivo a seguir aceptando dinero en metálico en sus oficinas, de manera que el 99% de los ciudadanos del país tengan una distancia máxima de 25 kilómetros hasta el punto más cercano en el que puedan obtener dinero en metálico, sea mediante cajeros automáticos, mostradores, o servicios de tipo cashback concertados con terceras partes asociadas. 

¿Debe la transición hacia una economía sin dinero en metálico ralentizarse por las supuestas dificultades de manejo de las herramientas de pago electrónicas de una minoría de personas, o por riesgos como un supuesto colapso del sistema de pagos que, en realidad, supondrían en cualquier caso un problema aunque se contase con dinero en metálico en circulación? ¿Hasta qué punto los beneficios de una reducción de la criminalidad o de una reducción de la economía sumergida compensan esas dificultades o esos riesgos? ¿Veremos en el futuro economías completamente libres de dinero en metálico? ¿Qué plazo podría resultar razonable para ello?