Refind screen captureEscribí sobre Refind por primera vez el pasado 2 de junio: llevaba probándola tan solo unas semanas, pero me pareció que podía solucionar el hueco que había entre la lectura de noticias y el mantenimiento de una base de datos de lo que encuentro interesante, muy importante para mi actividad profesional, y la búsqueda. Comencé a utilizarla un poco “en modo prueba”, para ver si me hacía a ella y si funcionaba como yo esperaba… y hoy, algo más de dos meses después, me he fijado que en la pestaña de páginas más utilizadas que aparece cada vez que abres una nueva pestaña en Chrome, Refind ocupa ya el primer lugar, por encima de servicios que utilizo tanto como LinkedIn o Medium.

La métrica, obviamente, no pretende ser científica: hay servicios que utilizo constantemente y que simplemente mantengo abiertos en todo momento en pestañas fijadas, hay otros que utilizo más pero que habitualmente los abro en el smartphone… pero de una forma u otra, Refind se ha convertido en una de las páginas por las que paso más veces a lo largo del día. En mi lectura diaria de noticias sigo utilizando Feedly, pero Refind se ha convertido en uno de los dos servicios que utilizo para almacenar lo que he encontrado interesante – el otro sigue siendo Flipboard, donde mi revista, Technology readings, cuenta con más de veinte mil lectores – y al que recurro en cada vez más ocasiones cuando termino de consumir mis suscripciones.

¿Las razones para el éxito que Refind ha tenido conmigo? En primer lugar, la simplicidad del planteamiento. Un simple botoncito en el navegador, que al pulsarlo me permite almacenar la página que tengo abierta en ese momento, y enviarla o bien a mi Reading list, privada, donde se va almacenando y pasando de Soon a Someday y, de ahí, a Archive; o bien en Profile, en público, donde en mi caso tiendo a almacenar lo que escribo, y donde ya me siguen un puñadito de unos quinientos suscriptores, que utilizan Refind a modo de lector de feeds (obviamente, nada comparado con los cincuenta mil suscriptores que tiene esta página en Feedly o los treinta y dos mil que tengo en Medium, pero teniendo en cuenta la selectiva popularidad de ese tipo de herramientas de seguimiento de páginas y lo reciente de la popularización del servicio, no me parece mala cosa). Además, y sin duda fundamental, la función de búsqueda: cada vez que me planteo escribir sobre algo o prepararme un tema para una clase, un artículo o una conferencia, busco en Refind para ver qué es lo último que he leído sobre ese tema, o incluso extiendo la búsqueda a All links para ver cosas que otros usuarios de la aplicación han considerado interesantes. Una función que comparto con Feedly, que también tiene una fantástica función de búsqueda como parte de su oferta premium, por la que pago desde que entendí que se iba a convertir en otra de mis herramientas habituales.

En tercer lugar, pero no menos importante, la función de descubrimiento de contenido: los algoritmos de Refind aprenden del tipo de noticias que voy almacenando en mi Reading list y en mi Profile, me sugieren una serie de enlaces similares o sobre las mismas temáticas, que además puedo refinar diciéndole de qué tipo de temas quiero más o cuáles no me interesan. En pocos clics, tengo un sistema de sugerencias de contenido que en no pocas ocasiones ya me ha servido de inspiración para algunos temas. Las sugerencias están, además, bien dimensionadas, en torno a veinte enlaces al día, como para no resultar agobiantes pero, a su vez, proporcionar un contenido suficientemente interesante.

Así, sin muchas estridencias, ha llegado Refind en tan solo dos meses de uso habitual, a convertirse en uno de los servicios que más utilizo en mi día a día. No he llegado a utilizar la función que permite incorporar sus recomendaciones a la pestaña inicial de Chrome, simplemente porque no quiero ser distraído por una posible noticia interesante que cada vez que abro una pestaña, prefiero mantener ahí los atajos a mis páginas más utilizadas, pero es casi lo único que no utilizo. Me gustaría tener la opción de poder convertir mi Reading list en pública, pero sobre todo porque tiendo a no utilizarla como tal: casi siempre, lo que almaceno en Reading list no son cosas que tengo pendientes para leer, sino que ya he leído, y que podría utilizar para compartir noticias interesantes como hago en Flipboard.

En cualquier caso, una gran herramienta y, de nuevo, una decidida recomendación – ahora mejor informada tras dos meses de uso – por mi parte.

 

Refind logoMe ha llamado la atención descubrir Refind, una herramienta de bookmarking social, gestión de listas de lectura y recomendación de contenidos, precisamente cuando una de las herramientas que utilizaba para ese tema, Pinterest, empieza a perder fiabilidad y a llevar una marcha cada vez más errática e impredecible, con problemas en cuestiones tan fundamentales como el uso del buscador o el del botón de la extensión del navegador.

Refind lleva funcionando al menos desde diciembre de 2015, pero yo no entré en contacto con la herramienta hasta hace unas pocas semanas. Funciona simplemente instalando un plugin en Chrome que proporciona un botón que da acceso a sus dos principales funcionalidades, la de lista de lectura y la de perfil. En la primera se pueden almacenar enlaces de manera muy rápida, que posteriormente pueden ser recuperados en la página de la aplicación, bien simplemente haciendo scroll, o mediante una caja de búsqueda que, por el momento, me parece mucho más fiable y completa que la que tienen otras herramientas similares. Los enlaces que se almacenen ahí pueden ser, además, enviados a un archivo en el que mantenerlos de manera permanente, prestación que aún utilizo poco (en realidad prefiero dejarlos en mi lista de lectura), pero que posiblemente tenga usos potencialmente interesantes.

Además, otros artículos pueden ser enviados a un perfil, que permite almacenarlos en una sección que, supuestamente, recoge aquello que consideramos representativo de nuestros intereses. En mi caso, almaceno ahí lo que escribo en mi página en español, pero puede utilizarse, lógicamente, para otros usos. La parte de lista de lectura y archivo son privadas, la de perfil es pública. Por otro lado, existe una parte, la página de inicio o home, en la que la aplicación hace uso de un algoritmo de recomendación con el fin de que puedas llevar a cabo descubrimiento de contenidos, derivada de los enlaces que hayas ido almacenando.

Para mí, precisamente lo que necesito: una parte de almacén de enlaces dotada de una buena búsqueda, y otra de recomendación de contenidos con un, hasta el momento, muy buen algoritmo. Además, la compañía tiene una interesante filosofía de desarrollo, que se asemeja a una Initial Coin Offering, pero sin el riesgo habitualmente inherente a esta fórmula: los usuarios reciben monedas por acciones que van desde abrirse la cuenta y utilizar la aplicación, hasta cuestiones como instalarse la versión smartphone, la extensión de navegador o invitar a nuevos usuarios, monedas que, supuestamente, serán recompradas por la compañía cuando hayan sido emitidas todas – mil millones de monedas en total – y cuenten con liquidez para ello. Esto permite a la compañía remunerar, aunque sea con simples expectativas, a sus usuarios más pioneros o fieles, y asegurarse además así un cierto nivel de difusión.

Por el momento, la aplicación está en fase de beta privada y solo se puede acceder mediante la invitación de un usuario: si decides probarla, mi enlace de invitación está aquí, lo que me permite, además, hacerme con más monedas que no tengo ninguna esperanza de que me hagan pasar de pobre a rico, pero sí me parece una fórmula interesante y que manifiesta, al menos, un cierto nivel de compromiso. No sé si eso hace que esta entrada cualifique como entrada remunerada :-) pero mi interés no es, lógicamente, el de hacerme con unas monedas que no tengo forma de saber lo que valdrán en un futuro, sino simplemente el de compartir una herramienta que me ha parecido interesante y poder dar a mis lectores la oportunidad de probarla si a ellos también se lo parece. Mi gestión de contenidos es uno de los elementos más importantes en mi estrategia personal: mantener repositorios de contenidos que voy encontrando en mi actividad de revisión diaria de noticias, añadida a una función de búsqueda potente y a una de recomendación, y por el momento, estoy más que satisfecho con el uso de la herramienta, que además cuenta con una función de importación y exportación que permite exportar a un listado de enlaces en formato HTML, lo que asegura que no perderás completamente tus enlaces ni siquiera aunque la empresa, por las razones que fuese, llegase a desaparecer.

Veremos cómo les va…

 

IMAGE: lkeskinen - 123RFGoogle, acosada por las marcas que planteaban retirar su publicidad de YouTube debido a los escándalos que rodeaban los vídeos de contenido supuestamente infantil, anuncia que se dispone a llevar a cabo un nivel de moderación mucho más agresivo para evitar que malos actores se aprovechen de la apertura de su plataforma, y que contratará hasta diez mil personas durante 2018 para llevar a cabo procesos de inspección manual de contenidos.

En las pasadas semanas, YouTube ha suspendido 270 cuentas y ha eliminado unos 150,000 vídeos considerados ofensivos o desaconsejables para niños, en un esfuerzo por normalizar y reconducir la situación. Además, la compañía planea seguir utilizando machine learning para ayudar a esos supervisores a eliminar casi cinco veces más videos de los que serían capaces de revisar de manera puramente manual. Según los datos manejados por YouTube, los contenidos revisados e identificados de manera algorítmica habrían requerido la supervisión de 180,000 personas trabajando 40 horas a la semana. Además de llevar a cabo la citada supervisión, la compañía difundirá un reporte regular sobre los avances en la ejecución de este plan, y adoptará un nuevo enfoque en publicidad con criterios más estrictos y más procesos de curación manual. 

Los esfuerzos de YouTube evocan los de otra compañía de su misma industria, Facebook, que el pasado mayo anunció la contratación de tres mil personas más para unirlas a las 4,500 que ya tiene en todo el mundo trabajando en supervisión de contenidos, y que en octubre, coincidiendo con la revelación de las inversiones de capital ruso en campañas publicitarias destinadas a sesgar la campaña electoral de las pasadas elecciones presidenciales, anunció la contratación de mil personas más para la supervisión de esos anuncios.

¿Cuántas personas en el mundo trabajarán en un futuro en la supervisión de contenidos? ¿Estamos hablando de una de esas “nuevas profesiones” que podrían definir las sociedades del futuro, o de un trabajo de los de la llamada gig economy, desempeñado a tiempo parcial y que termina por generar empleo de baja calidad que lleva a los que lo desempeñan a no sentirse humanos? Según algunos estudios, la carga psicológica que supone pasarse horas inspeccionando contenidos entre los que aparecen todo lo peor del ser humano puede generar problemas psicológicos de diversos tipos y síndrome de estrés post-traumático, lo que lleva a que la necesidad de adiestrar algoritmos para una supervisión precisa y adecuada que libre a los trabajadores humanos de los contenidos de naturaleza más gruesa sea todavía más acuciante.

¿De qué estamos hablando? Las compañías que ahora anuncian importantes contrataciones de miles de personas para esta función parecen asumir que, en el futuro, esos trabajos serán desempeñados por algoritmos, no por personas, y que esas contrataciones, por tanto, tendrán únicamente una naturaleza temporal. Esas personas están siendo contratadas porque las máquinas no llevan aún a cabo ese trabajo con el nivel adecuado, pero a su vez, sus acciones están siendo empleadas para adiestrarlas y que lo hagan mejor en el futuro, eliminando la necesidad de esos empleos humanos. La paradoja persiste: por mucho que Amazon contrate a muchísimas personas, se convierta en uno de los generadores de empleo más importantes de los Estados Unidos, y sus trabajadores se reciclen en otras funciones a medida que su trabajo es llevado a cabo por robots, la realidad es que a medida que el ejército de robots crece, el empleo total generado por la industria disminuye, y que en el futuro, hay muchos trabajos que nos resultará raro imaginar desempeñados por personas.

¿Se limita la sustitución a los trabajos de las denominadas 4D, Dull (aburridos), Demeaning (degradantes), Dirty (sucios) o Dangerous (peligrosos), o hablamos de un proceso sensiblemente más complicado y con más matices? ¿Veremos en el futuro a miles de personas contratadas como “content inspectors”, supervisores de contenido y sometidos a enfermedades laborales derivadas de ello, o hablamos de empleos temporales hasta que un algoritmo sea capaz de llevar a cabo esa tarea al nivel adecuado? ¿Tiene sentido tener a un ser humano corriendo en un almacén mientras recibe órdenes por un pinganillo, sentado en una línea de cajas moviendo y escaneando artículos, conduciendo en medio del infernal tráfico de una gran ciudad o enfrentándose a horas de contenidos que reflejan lo peor del ser humano? Y tenga o no sentido, ¿qué pasa con las personas que hoy viven de llevar a cabo esos trabajos?

Cada día que pasa, surgen nuevos trabajos temporales de escasa calidad en logística, conduciendo, en tareas repetitivas o en otras que escasamente podrían considerarse enriquecedoras o esencialmente adecuadas para las habilidades de un ser humano… ¿hablamos de un fenómeno de ajuste, o de una perversión de un capitalismo que va eliminando los controles y los logros que llevó muchos años conseguir? ¿Cuál es el futuro de la relación del reparto de tareas entre máquinas y hombres?

 

IMAGE: Shtanzman - 123RFGerard Mateo, de Crónica Global, me llamó ayer para hablar sobre el creciente consumo de noticias vinculado al smartphone, y la sensación de que recurrimos a él en los momentos de tranquilidad que nos quedaban, tales como la cama, el transporte público, etc. Hoy me cita en su artículo titulado “Las noticias se leen en la cama” (pdf).

En realidad, no se trata de que las noticias se lean en la cama, sino de que se leen constantemente y desde cualquier sitio. El mundo se divide entre los que prolongan un rato más el remoloneo matutino en la cama echando mano del smartphone y los que lo leen… en otro sitio, convertido en escenario de esa primera dosis de información matinal. Pero a partir de ahí, nuestros días son, cada vez más, una sucesión constante de llevar la mano al bolso o bolsillo para consultar el dispositivo, sea por una alerta, por una notificación, o por el simple hecho de tener un hueco entre actividades, un momento de espera o una curiosidad. Si alguien pensó que sus hábitos no iban a cambiar a partir del momento en que empezó a llevar un potente ordenador conectado en todo momento en el bolsillo, es que no tenía claro lo que estaba haciendo o no se daba cuenta de que aquello era mucho más que un teléfono. El escenario informativo es radicalmente distinto a partir de la introducción y popularización del smartphone, con todo lo que ello conlleva tanto para usuarios como para medios de comunicación.

A la pregunta de “dónde te informas”, un segmento bastante significativo contesta que “en las redes sociales”, convertidas en un recurso para, a través del criterio de aquellos a los que seguimos, tratar de destilar las noticias que nos interesan. En realidad, las personas deciden, en función de la criticidad de la información para ellos, el abanico de fuentes que utilizan para informarse. Los medios tradicionales, perdido en gran medida el hábito de consumo vinculado a momentos determinados, recurren a las alertas, que si se escogen con buen criterio, pueden resultar muy útiles, pero que por el momento carecen de inteligencia alguna: se limitan a “disparar” titulares de interés general a todo aquel que está suscrito o que instaló una aplicación, sin aplicar ningún criterio de interés particular o de hábitos de consumo. Esa falta de interés de los medios por desarrollar el concepto de usuario y por proporcionarle alertas derivadas de sus intereses refleja la inacción de toda una industria ante el cambio del entorno: podríamos convertirnos en el proveedor que abastece al usuario a través de su smartphone de aquella información que nos ha demostrado que le interesa, pero preferimos seguir sirviendo “café para todos”, que es lo que hemos hecho toda la vida, sin la más mínima personalización.

El usuario conforma su portfolio informativo mediante elementos como las alertas de algún medio y el seguimiento de determinados perfiles en redes sociales. Solo cuando considera la información como algo crítico se dan pasos hacia una especialización mayor, tales como configurar sistemas de alerta o lectores de feeds. En la práctica, las redes sociales se han convertido en el lector de feeds, con la obvia diferencia de pasar a depender no directamente de las fuentes, sino de la calidad de los content curators elegidos en estas. La realidad es que, en general, el usuario, de una manera más o menos consciente, conforma su dieta informativa buscando un buen ratio señal/ruido, una serie de canales que le permitan estar al corriente de aquello que les interesa sin tener que exponerse a una gran cantidad de información irrelevante. Los lectores que monitorizamos una serie de medios para tratar de obtener una imagen completa y que los organizamos mediante sistemas específicos somos minoría, y generalmente respondemos a perfiles en los que el nivel de información responde a un interés no únicamente personal, sino profesional.

A partir de ahí, la decisión de informarse en redes como Twitter, Facebook o LinkedIn depende fundamentalmente de la forma de consumo, de la relación señal/ruido que ofrece cada una. Para la mayoría de los usuarios, las redes sociales son una masa informe en la que aparece indistintamente información personal, un cumpleaños o una nota de humor, mezcladas con titulares de noticias consideradas importantes. Pocos dan el paso de especializar alguna red en función de un interés profesional, y cuando lo hacen, tienden a escoger LinkedIn, por su enfoque en este ámbito y por el rediseño que, tras la adquisición de Pulse hace ya algunos años, la llevó de pasar de ser un simple archivador de contactos y curriculums para pasar a ser un gestor del FOMO, del Fear Of Missing Out, del “si muchos en mi red están leyendo esto, yo debería leerlo también”. Sin embargo, LinkedIn no es el lugar más apropiado para una noticia de última hora, lo que generalmente obliga a suplementarla con otras fuentes.

Twitter, a pesar de su relativo declive, se mantiene como el rey del ratio señal/ruido: los pildorazos de información en 140 caracteres más enlaces, vídeos o imágenes la siguen haciendo un formato ideal para mantenerse informado en un momento perdido, en un rato que se aprovecha echando mano del smartphone: basta con seguir una combinación de personas o medios adecuada para tener la sensación de estar razonablemente bien informado, con el segundo nivel de información, más detallado y para una lectura más atenta, situado a un clic de distancia. En este mix de canales, los medios tradicionales, en función de las distintas generaciones de los usuarios, pugnan o bien por hacerse un hueco o por mantener el que históricamente tuvieron, con suerte desigual en función de su propuesta de valor, y con intentos mejores o peores de adaptarse a ese nuevo entorno.

En el fondo, hemos pasado de pocos canales a muchos, y de escasez a abundancia. Que eso se haya acompañado de una elección consciente y de un diseño más o menos inteligente de fuentes de información, o se haya limitado a informarse con lo que aparece ante sus ojos es una cuestión que pasa a depender del nivel de importancia y criticidad que cada uno otorgue al hecho de estar bien informado. Que termine leyendo en la cama, en un rato perdido, en una tablet en el sofá o dedicando momentos específicos a ello ha pasado, en ese sentido, a ser bastante más irrelevante.

¿Cuál es vuestra experiencia? ¿Cuánto han cambiado vuestros hábitos informativos en los últimos tiempos?