Google Shopping (new)Google comunicó ayer su decisión para evitar seguir teniendo problemas con las autoridades antimonopolio de la Unión Europea en el caso de Google Shopping, un día antes del plazo del que disponía para hacer cambios si quería evitar la imposición de una cuantiosa multa diaria. Independientemente de que continúe su estrategia de defensa y recursos contra lo que fue la multa de 2,400 millones de euros, la más cuantiosa de la historia del organismo antimonopolio europeo, la compañía segregará las actividades de Google Shopping y las separará de la actividad de búsqueda, haciendo que esa división tenga que pujar por el espacio en la página en igualdad de condiciones con respecto al resto de sus competidores.

La decisión de Google, que tendrá que recibir aún el visto bueno de las autoridades competentes, marca un hito muy interesante y discutido en la gestión de los servicios de compañías con posiciones dominantes ya no en un negocio concreto, sino en un contexto determinado. La línea de negocio de Google que motiva la denuncia a las autoridades antimonopolio no ejerce ningún tipo de posición dominante en el mercado europeo, de hecho, su cuota de mercado es muy inferior a la de muchos otros motores de comparación, y considerada casi testimonial. Sin embargo, el soporte en el que se inserta esa actividad de comparación de compras es el buscador de Google y su omnipotente primera página, ese lugar en el que aparecer o no aparecer constituye el ser o no ser para cualquier negocio, una herramienta con cuotas de mercado que exceden el 90% en todos los países de Europa. En realidad, por tanto, la multa a Google a cuenta de Google Shopping no proviene tanto de la posición de dominio que esa herramienta pudiese tener, sino del hecho de considerarse que su actividad, aunque fuese reducida en términos competitivos, se apalancaba sobre el dominio absoluto que la compañía mantiene sobre la actividad de búsqueda.

En muchos sentidos, la multa récord a Google por Google Shopping no responde, por tanto, a un efecto nocivo o pernicioso sobre la actividad de otros competidores, sino al efecto que podría supuestamente llegar a tener si se le permitiese actuar sin restricciones y extraer todas las posibles sinergias de la herramienta de búsqueda. Es un “si eres la mejor herramienta de búsqueda, lo que seas capaz de hacer en comparación de productos deberás construirlo por los méritos propios de esa actividad, no por los derivados de ser quien eres”. Una afirmación compleja, que de hecho tiene todo tipo de precedentes históricos: prácticamente todas las compañías apalancan sus actividades emergentes en el éxito de las anteriores. De hecho, en muchas ocasiones, la decisión de lanzar una nueva actividad responde, precisamente, a las sinergias que puede tener con respecto a las actividades previas de la compañía, en eso que solemos denominar como “diversificación relacionada”: “soy bueno en esto, se me da bien, derivo mucho aprendizaje de ello, y entonces voy y me diversifico en actividades en las que pueda aplicarlo”. Sonar, suena sin duda razonable. Pero si eres líder absoluto, si ostentas una posición de monopolio, tendrás que hacerlo con mucho más cuidado, aunque ello vaya en contra de tu filosofía de ofrecer al usuario todos los posibles resultados que podrían enriquecer su búsqueda, sean compras, direcciones, libros o lo que sea.

No se trata de discutir ni de sancionar la posición indudablemente monopolística del buscador de Google en la mayoría de los países del mundo, una posición obtenida compitiendo en buena lid, creando un producto indudablemente superior a lo que había anteriormente y de paso, cambiando el mundo tal y como lo conocemos. Sancionar a una compañía por hacer las cosas bien es algo que no tendría ningún sentido, y que iría contra la propia esencia de la competitividad y la economía. Pero una vez que has alcanzado esa posición por tus méritos, tienes necesariamente que tener cuidado a la hora de entrar en cualquier otro negocio relacionado, porque tus movimientos pasan a ser los de un elefante en una cacharrería, y es más que posible que rompas cosas e impidas a otros competir de manera justa. En el caso de Google Shopping, las posibilidades de que un motor de comparación de compras compita con Google cuando Google no solo parsea sus páginas para indexarlo, sino que además puede promocionarse en la primera página de resultados de su ubicuo buscador, podían ser consideradas como mínimo discutibles… aunque de hecho, hubiese varios comparadores de compras con mucha mayor cuota de mercado que la que Google Shopping ha llegado a tener. Que Google utilice su página para promocionar sus otros negocios no es nuevo y lo ha hecho con resultados muy desiguales: con Google Maps, un mercado que domina completamente, o con Google Plus, uno en el que nunca llegó a convertirse en nada relevante. A partir de ahora, tendrá que evaluar ese tipo de prácticas de promoción cruzada con más tino. Curiosamente, en la red ocurre al revés que en la vida real: si las cosas te van muy bien, te obligan a divorciarte.

Sin duda, Google tendrá que medir mucho sus movimientos a partir de ahora. Pero para sus competidores, esto también marca un momento de inflexión: a partir de ahora, si Google Shopping les come cuota de mercado, no podrán refugiarse en que lo hace por la posición de dominio del buscador o en otras disculpas: será, simplemente, que no lo hacen tan bien como Google (cosa por otro lado, posible, si estimamos el expertise de la compañía y su potencia de I+D o de desarrollo). Un cambio, por otro lado, relativo: ¿quién gestionará mejor y con más habilidad la compra de espacio en la página de Google? ¿Google Shopping, o un tercero? Pero a todos los efectos, y mientras nadie demuestre o pruebe lo contrario, Google Shopping será supuestamente un competidor más, en un mercado abierto, en igualdad de condiciones a la hora de publicitarse y de exponer sus productos. Veremos cómo, a partir de ahora, el mercado pone las cosas en su sitio.

 

IMAGE: David Crockett - 123RF

Un artículo con predicciones de Stephen Hawking compartido en el World Economic Forum con sus perspectivas sobre la sustitución del hombre por la progresiva automatización y el uso de inteligencia artificial me lleva a reflexionar un poco sobre las circunstancias en las que se desenvuelven ese tipo de procesos.

El artículo considera las profesiones relacionadas con la conducción, como taxista o chófer, como una de las más susceptibles de sufrir el impacto de la automatización, con una probabilidad del 89%. La promesa de Mercedes Benz de poner en el mercado taxis completamente autónomos en un plazo de tan solo tres años, unida a las inyecciones económicas de algunos gobiernos en ese tipo de proyectos y a la entrada progresiva de nuevos competidores significativos como Apple o Cadillac parecen estar configurando una hoja de ruta en conducción autónoma cada vez más clara y decidida.

En este contexto, los modelos económicos que rodean el fenómeno parecen ir definiendo de una manera cada vez más clara un escenario de carrera hacia el abismo, en el que la dinámica competitiva en un escenario desregulado lleva a una caída cada vez más fuerte de los ingresos que termina por asfixiar a los competidores tradicionales, dejando espacio únicamente para los entrantes que son capaces de aprovechar mejor las ventajas tecnológicas.

Una startup californiana creada en torno al concepto de taxis autónomos, Voyage, anuncia sus intenciones de ofrecer en el futuro transporte completamente gratuito, posiblemente financiado mediante publicidad. La idea resulta profundamente provocativa, y enlaza con algunas de las interesantes reuniones que mantuve en las oficinas de Daimler en Stuttgart hace algún tiempo, en las que algunos de sus directivos de innovación afirmaban estar trabajando de cara al futuro con modelos en los que el transporte dentro de las ciudades evolucionaba hacia esquemas completamente gratuitos para el usuario, y planteados siempre en modo servicio en lugar de en términos de posesión de un activo utilizado de manera subóptima. La idea de sistemas de transporte completamente gratuitos en función de una exposición a publicidad o mediante modelos de esponsorización no resulta extraña cuando hablamos de ciudades como Londres, en las que por tan solo dos euros, una persona tiene acceso al uso ilimitado de una bicicleta pintada con el rojo característico del logotipo del Santander, durante veinticuatro horas.

En San Francisco, la compañía de taxis más grande de la ciudad, Yellow Cab Co-Op, ha sido vendida a un competidor por un total de ¢810,000, menos de lo que cuesta una casa en la ciudad. Los culpables de tan brutal depreciación no son únicamente Uber, Lyft y compañías similares que operan en la ciudad, sino la coincidencia de varias demandas por accidentes que resultaron en indemnizaciones multimillonarias, y dejaron a la compañía en bancarrota. En un escenario en el que la siniestralidad inherente a la conducción humana se convierte en una variable capaz de hundir compañías, la conducción autónoma, sujeta a un número dramáticamente inferior de accidentes, se perfila claramente como la alternativa triunfadora.

¿Puede pensarse en evitar la transición de una actividad configurada como tradicionalmente humana, como la conducción, hacia su automatización total, en un escenario en el que la dinámica competitiva se configura de esta manera? No, los procesos como tales son total y absolutamente inevitables, y aquellos que intenten negarlos se verán inmersos en la obsolescencia y en la pérdida de competitividad. La única solución es anticipar ese tipo de procesos y optar por sistemas que mejoren la cobertura social y las alternativas de los cada vez más afectados, en lugar de permitir una espiral descendente que termine generando un problema social irresoluble.

 

Samsung y su olla a presión - Cinco Días

Marimar Jiménez, de Cinco Días, citó mi artículo sobre las presiones competitivas que habían llevado a Samsung a lanzar un modelo que torturaba en exceso las especificaciones de la batería, en el suyo titulado “Samsung se la juega esta navidad al parar de nuevo la fabricación del Note 7” (pdf), y al día siguiente me pidió una columna de opinión sobre el tema en la que volví a incidir en la imagen de la olla a presión, de lo difícil que resulta competir con una compañía que lleva a cabo una gestión de las especificaciones tan bien optimizada como la que desarrolla Apple. La titulé “Samsung y su olla a presión” (pdf).

La decisión de Samsung de retirar definitivamente su buque insignia en el mercado de smartphones de alta gama es sin duda compleja y dolorosa. En realidad, las presiones del regulador y de las empresas de telecomunicaciones no le dejaban otra opción. Los terminales que sufren problemas son un porcentaje minúsculo, no llegó a aparecer en los durísimos tests de estrés que se llevan a cabo en fábrica, pero son obviamente suficientes para que el riesgo exista y tenga que ser eliminado. Cuando tus clientes reciben advertencias en los aviones que tratan a tu producto como si fuera una auténtica bomba, cuando las unidades que envías como reemplazo tampoco están exentas de problemas, y cuando se genera ya una auténtica campaña que atenta gravemente contra tu reputación, lo único que puedes hacer es plegar velas, indemnizar todo lo indemnizable, evitar cualquier posibilidad de problemas posteriores – llegando incluso a la desconexión remota de los terminales que no hayan sido devueltos – y enfocarte en tu próximo producto, que muy posiblemente responda a una nueva nomenclatura y ni siquiera lleve nombres como Galaxy o Note. Financieramente, la bofetada es espectacular: nada que el gigante coreano no pueda superar, pero sin duda, un castigo durísimo.

Samsung es una compañía enorme, sólida, potente y diversificada. Es el orgullo nacional de un país que, hace ya algunos años, decidió apostar por la tecnología como base de su economía, y que lo hizo fantásticamente bien en ese sentido. Sus terminales son muy buenos, hasta el punto de que la propia Apple ha intentado detener su progresión mediante el uso de non-market strategies como el litigio en los juzgados.

El caso Galaxy Note 7 es, simplemente, una prueba de hasta qué punto el mercado de la electrónica de consumo no admite atajos de ningún tipo: la duración de la batería, la calidad de la pantalla, la velocidad del procesador, la resistencia del cristal o prácticamente cualquier otra especificación están torturadas hasta el límite. Presentar un modelo “revolucionario” en el que el rendimiento de alguno de estos parámetros se dispara diferencialmente solo puede responder o bien al uso de una nueva tecnología, o a un riesgo, a algo que, dada la variabilidad y la extensión de los casos de uso, solo puede acabar mal. Entre ser un competidor brillante y un competidor explosivo existe una distancia minima, y superarla puede producir un auténtico desastre… Q. E. D.

 

IMAGE: Franck Boston - 123RF

Un interesante informe de Bloomberg, Rush to take advantage of a dull iPhone started Samsung’s battery crisis, revela cómo las noticias acerca del lanzamiento del iPhone 7 y sobre todo, los rumores sobre la posibilidad de que fuese considerado un producto con mejoras únicamente incrementales y con poco atractivo, fueron capaces de generar en Samsung un ambiente de fortísima presión sobre cada una de las especificaciones del Galaxy Note 7, que culminaron con el lanzamiento de un producto defectuoso. La necesidad de aprovechar el supuesto momento de debilidad de Apple para superarla llevó a la marca coreana a decidirse por una batería tan grande que no cabía en su compartimento, y en la que la presión ejercida por la carcasa podía llegar a generar cortocircuitos.

La retirada global del Galaxy Note 7 está suponiendo un coste descomunal para una marca que, además de afrontar denuncias por las explosiones de su producto y ver cómo se prohibía su entrada a bordo de aviones, ha tenido que crear una página para que los usuarios comprueben si su terminal está afectado, cambiar el icono de la batería de gris a verde para diferenciar los modelos seguros, e incluso anunciar la posibilidad de desactivar remotamente los terminales que no sean devueltos a la marca.

El episodio muestra hasta qué punto la competencia entre marcas en el mundo de la electrónica de consumo tiene lugar especificación por especificación y componente por componente, una auténtica olla a presión competitiva al límite de su resistencia, y cómo de difícil resulta competir contra las especificaciones de una Apple que si bien es criticada por no ser completamente puntera en cada uno de sus componentes, sí lleva cada uno hasta el límite de lo que considera que vale la pena.

Resulta muy interesante combinar la lectura de cómo Samsung vio la oportunidad de batir al terminal de Apple en función de las bajas expectativas que generaba, con este artículo de Jean-Louis Gassée en Medium, iPhone nonsensus: Apple’s debt to bloggers, en el que describe cómo Apple debería estar enormemente agradecida precisamente a todos esos analistas que, en los meses y semanas previos al lanzamiento del iPhone 7, se dedicaron a describirlo como un producto aburrido, carente de creatividad y decepcionante que hacía que valiese la pena esperar al iPhone 8, lo que permitió a la marca partir de una situación de muy bajas expectativas que resultaba intrínsecamente mucho más fácil de superar en su presentación. Y que además, como ahora sabemos, tuvo el efecto colateral de poner a sus competidores al borde del ataque de nervios pensando que podían superarlos…

 

WalmartLa noticia del lanzamiento de una nueva tarifa plana de logística en dos días por parte del gigante de la distribución norteamericana Walmart me inspiró para escribir mi columna de esta semana en El Español, titulada “El nuevo estándar“.

La nueva tarifa, en efecto, es una reacción desesperada de la compañía ante la popularidad de Amazon Prime, la tarifa plana de Amazon. Walmart posiciona la suya con un precio de $49 frente a los $99 de Amazon esperando que la reducción resulte disuasoria y haga que muchos hogares opten por la suya, cuando en realidad, la enorme popularidad de la de la compañía de Jeff Bezos se debe más a factores integrados en una estrategia envolvente de contenidos y en una mejor continua que simplemente a una cuestión de precio.

Amazon Prime ofrece logística gratuita en dos días, y esa es precisamente la oferta que Walmart ha pretendido atacar con una reducción del precio a la mitad. Sin embargo, los hogares que pagan por Amazon Prime obtienen también en el lote el acceso gratuito a música, películas, series de televisión y libros (de un catálogo de más de un millón de títulos), además de ofertas de diversos tipos, y sobre todo, son testigos de un esfuerzo constante de la compañía por mejorar: en un número progresivamente mayor de zonas, el reparto tiene lugar en el mismo día, y en algunas, incluso en un margen de una hora desde el momento en que el cliente hace clic en la página. Para cualquier padre o madre que puede hipotéticamente plantearse la decisión de dejar de pagar Amazon Prime para pasar a ahorrarse cincuenta dólares con Walmart, hacerlo es arriesgarse a un auténtico motín familiar, además de pasar a tener que preocuparse de un buen montón de temas vinculados con los contenidos que con Amazon ya venían incluidos.

El éxito de Amazon Prime está siendo enorme en hogares de alto poder adquisitivo: más del 70% de los que ingresan más de $112,000 optan por pagar los $99. Y una vez pagados, pasan invariablemente a comprar muchísimas más cosas en Amazon, casi el doble, lo que de facto supone que hay secciones enteras de sus supermercados de toda la vida por las que, sencillamente, dejan de pasar.

¿Cómo enfocar la competencia con una compañía que no siente la presión de los resultados – aunque los ingresos y beneficios defrauden a los analistas, la acción continúa subiendo, hasta el punto de haberse revalorizado más de un 40,000% desde su salida a bolsa – y que innova a tal velocidad que se plantea repartir en una hora, o hacerlo mediante drones? Los problemas recientemente planteados por la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, como reacción a la llegada a la capital francesa de la logística en una hora de la compañía, tienen muy poco que ver con las preocupaciones por el medio ambiente, y mucho más con el proteccionismo, el intento de proteger al comercio local de un competidor que ha redefinido los estándares del comercio. Y las circunstancias que estamos viendo pasar a Walmart, un competidor desmesuradamente grande y potente, los vamos a ver pronto reeditados en España con competidores locales y multinacionales en cuanto Amazon decida lanzar su Amazon Fresh, y si no, al tiempo…