Apple TV, Amazon Prime Video, Google Chromecast y las peleas de las plataformas de Denken Über

Ayer Google y Amazon hicieron pública una pelea que muchos conocíamos y donde el Video es rey.

Google retira YouTube como app del hardware de Amazon porque Amazon dejó de vender hardware de Google.

Menos de 12 horas después aparece Amazon celebrando que Amazon Prime Video tiene app en Apple TV y Apple los recomienda en el App Store.

¿El contenido es rey? ¿Build it and they will come? ¿En internet todos podemos competir contra todos?

Cuando ves un gigante como Google tomando represalias comerciales contra Amazon ves claro que l peso de las plataformas de distribución lidera hoy cualquier discusión… y al mismo tiempo entendés que casi ningún startup tiene chance de competir si entra en la mira de GAFA.

Tal vez por eso, pese a sus errores, cada día admiro más la determinación de Spotify, Snapchat y algún otro.

Apple eats ShazamShazam es una de esas compañías que parece que lleva ahí toda la vida, y que, al menos cuando comenzamos a usarla, nos parecía indistinguible de la magia. En realidad, no es magia: funciona mediante huellas digitales acústicas, y lleva funcionando desde 1999, primero como un servicio que se activaba a través de una llamada de teléfono a un número corto que escuchaba durante un máximo de treinta segundos y devolvía el nombre de la canción mediante SMS, y ya después de la llegada de las tiendas de aplicaciones, como una app que se ha mantenido consistentemente en los niveles altos de los rankings de descargas.

Ahora, TechCrunch anuncia que Apple está en conversaciones para adquirirla por un precio estimado de unos 400 millones de dólares, muy por debajo de su valoración extraoficial en función de sus rondas de inversión, que se estimaba en torno a billón de dólares. La compañía había captado anteriormente 143.5 millones de dólares a lo largo de hasta doce rondas de inversión en las que participaron fondos como Kleiner Perkins, DN Capital o IVP, y empresas como  Sony Music, Universal Music o Access Industries (dueños de Warner Music). La adquisición, por tanto, otorgaría a los fondos una rentabilidad muy inferior a la esperada, pero situaría a los inversores estratégicos, fundamentalmente empresas discográficas, en una posición de práctica apuesta por Apple Music. Lo más posible, por tanto, sería que tras la adquisición, Shazam, que obtenía sun ingresos en su práctica totalidad de las comisiones de tiendas de música como Spotify, Play Music o la propia Apple Music, suspendiese sus acuerdos con las competidoras y se convirtiese en un servicio específico de localización de música para Apple, que pasaría a ahorrarse además esas comisiones. 

¿Por qué vender una compañía que se ha mantenido siempre en niveles elevados de popularidad por una cantidad sensiblemente inferior a la valoración que estimaban de ella sus inversores? Simplemente, porque las comisiones no dan para sostener esas estimaciones, y tras varios años comprobándolo de manera fehaciente, era preciso corregirlas. Sí, somos muchos echamos mano de nuestro smartphone o de nuestro smartwatch  para lanzar Shazam cuando queremos saber qué está sonando, pero muy pocos los que, como consecuencia de ello, llevamos a cabo los pasos subsiguientes que llevan a su adquisición. De hecho, Shazam había obtenido en 2016, tras diecinueve años de existencia independiente, tan solo 54 millones de dólares en facturación y 5.3 millones en pérdidas, lo que permite entender el por qué del severo ajuste en su valoración y el que se situase a sí misma como posible objetivo de adquisiciónSi adquiriendo Shazam por una cantidad importante pero sensiblemente descontada a la que hay que sustraer además lo que pagaba en comisiones, Apple consigue terminar con el millón de clics al día que la app enviaba a Spotify y Play Music y redirigir una parte de ellos a Apple Music, estará dando un paso más para establecer su servicio, que actualmente cuenta con unos treinta millones de suscriptores frente a los sesenta millones de usuarios de pago sobre un total de 140 millones que tiene Spotify, como jugador importante en el mundo de la distribución de música comercial.

Por otro lado, integrando Shazam en su ecosistema, Apple obtiene un servicio que le permite entender mucho de las tendencias musicales y del interés que generan las creaciones. En 2016, la compañía anunció que su app había superado ya los mil millones de descargas, y que había sido utilizada para identificar más de treinta mil millones de canciones, unos datos que sin duda, interesan a las discográficas y a la propia Apple. Además, la integración de Shazam como una funcionalidad del sistema permitirá a Apple ofrecer una muy necesaria mejora a su Siri, que ahora podrá servir para identificar lo que está sonando a su alrededor, y se integrará presumiblemente en el HomePod, el altavoz inteligente que la compañía, tras su inicial retraso, tiene previsto sacar al mercado a principios de 2018.

La compra será, si se confirman las cifras, la más importante que la compañía haya realizado en este ámbito desde la adquisición de Beats por tres mil millones de dólares en mayo de 2014, y apunta a una posible escalada en la estrategia de Apple en el mundo de la música, que debería preocupar, entre otras a Spotify. Y muy posiblemente, a las discográficas… aunque todavía no se hayan dado cuenta.

 

iPhone XNo suelo escribir ya sobre dispositivos. Aunque antes lo hacía a menudo, porque parecía que cada nuevo dispositivo poco menos que nos deslumbraba y nos cambiaba aspectos de nuestra vida, hace tiempo que la profusión de nuevas versiones y dispositivos se convirtió en algo que podíamos clasificar más dentro de lo incremental que de lo verdaderamente disruptivo, y por tanto, reservo mis entradas de ese tipo solo para aquellas ocasiones en las que algo realmente me sorprende. No creo que el mundo necesite una review más del iPhone X y sin duda las hay mucho mejores y sobre todo, mucho más completas, pero sí quería dejar anotado lo que verdaderamente me ha sorprendido de él.

Con el iPhone X es uno de esos casos, y no tanto por la funcionalidad, como por algunos aspectos del desarrollo de interfaz que veo tan asombrosa y meticulosamente bien planteados que me han dejado impresionado. Hablar de interfaz en un aparato que llevamos en el bolso o bolsillo a todas horas, del que nos separamos en escasísimas ocasiones y que utilizamos cada pocos minutos durante todo el día es algo que tiene mucha más importancia de lo que parece. Y con el iPhone X, como muy acertadamente dice el gran Marco Arment, Apple ha tomado la forma más reconocible del producto más importante, más exitoso y más reconocible de la historia, y la ha transformado en algo diferente, en una prueba clara de coraje que además, a mi juicio, le ha salido fantásticamente bien.

La primera cuestión que sorprende positivamente es el reconocimiento facial. Sencillamente impecable. Inicialmente fui muy crítico con la idea de perder el desbloqueo mediante huella dactilar: acostumbrado a abrir mi iPhone directamente en el momento de extraerlo del bolsillo y que este llegase a su posición de uso ya desbloqueado, pensé que eliminar esa opción y sustituirla por tener que orientar la pantalla a mi cara supondría una pérdida de un tiempo que, aunque fuesen fracciones de segundo, resultaría incómodo. En absoluto. El reconocimiento facial no es tecnología, sino magia: funciona siempre, perfectamente, sin prácticamente fallos, con luz, en completa oscuridad, con barba de tres días, con gafas, con sombrero, parcialmente de lado o como lo que quieras. Simplemente, recordando aquel eslogan de la compañía que Steve Jobs repetía constantemente como un mantra en 2011, funciona: it just works. Me da exactamente igual que mediante un procedimiento rocambolesco y prácticamente implanteable para cualquier persona normal se pueda desbloquear: el mecanismo funciona fantásticamente bien, es muy seguro, y sobre todo, no es molesto, prácticamente te olvidas de él a los pocos usos. Un acierto enorme, y sin duda, un signo de lo que viene en muchos más dispositivos, algo que quiero incorporado en mi ordenador, en mi reloj y en todas partes. Se acabaron las contraseñas, las huellas dactilares y las tonterías: miro, y funciona.

La segunda es la cámara: no es que sea buena: es seguramente la mejor que he manejado, y estando lejos de ser un experto, me gusta mucho la fotografía. El truco está en pensar más allá: la cámara no es buena porque tenga más resolución, mejor óptica o mejores características técnicas, sino por lo que está ahí además de la cámara: la inteligencia artificial que permite que entienda lo que es el objeto que fotografiamos, si es o no un retrato, si está o no en el fondo y lo queremos desenfocar o eliminar… un conjunto de posibilidades que se añade a lo que la cámara tomó, y que permite de verdad, con un esfuerzo mínimo, expresar lo que buscábamos con la foto sin necesidad de falsearla o de disfrazarla con filtros. Es como las cámaras de todo tipo deberían funcionar, y eso que esa tecnología está aún a un 10% de lo que calculo que será capaz de hacer en breve.

La tercera, y posiblemente la más impresionante, es la ausencia del botón: me hicieron falta segundos para entender los nuevos gestos para volver a la pantalla inicial, para cambiar de aplicación o para cerrarla, y nunca, en ningún momento he vuelto a echar de menos el botón. Como si nunca hubiera existido. Recuerdo cómo me molestaba, cuando volví a iPhone tras un largo tiempo en Android, la ausencia de los botones inferiores… ahora, en ningún momento he sentido nada similar: es como si los gestos se hubiesen convertido en hábitos arraigados de manera inmediata, como si me los hubieran implantado artificialmente en el cerebro con alguna tecnología no invasiva. De nuevo, simplemente funciona, y mucho mejor que antes. El gesto de presión en el lateral, el del doble clic en el botón, o la simple existencia de ese botón parecen ahora cosas primitivas, torpes, innecesarias. Esto fluye en el contexto de mi uso diario infinitamente mejor. De nuevo, un acierto impresionante, y hecho sobre algo que representaba la forma habitual de interactuar de muchísima gente desde hace mucho tiempo. Un cambio más importante de lo que parece, hecho sin que dé ni un ruido.

El teléfono es caro, sí. Sin duda, tiene un precio disuasorio, y si se te cae y se rompe, no te llevas un disgusto, sino que te planteas cortarte las venas con los pedazos de cristal resultantes. Pero por otro lado, es consistente con el hecho de que ya no nos compramos un simple teléfono, sino un dispositivo importante en nuestra vida, sin el cual estamos perdidos, y en el que hacemos cada vez más cosas: invertir más en él se ve como algo que hasta tiene cierto sentido. Además es frágil: convertir el dorso en cristal implica que si se te cae, ya casi ni tienes esperanzas de que sobreviva sin alguna rotura, porque el cristal, por más que lo reforcemos, es más quebradizo que el metal que absorbía el impacto de las caídas anteriormente si tenías suerte. Ahora, o usas una buena funda, algo que desgraciadamente va contra mis principios, o cada caída te va a costar un disgusto serio. Pero el dispositivo, independientemente de sus problemas, es impresionante, se ve como un avance radical con respecto a los anteriores vengas de donde vengas, y es un verdadero acierto. Aunque todavía me duela el bolsillo, para mí, vale lo que cuesta, y no creo que sea un fruto de que haya vendido mi alma al culto de la iglesia jobsiana o a que esté bajo el influjo de ese campo de distorsión de la realidad: lo pienso tras un análisis lo más riguroso que puedo plantear.

Estoy seguro de que muchos estarán en desacuerdo con este análisis: no pretende ser universalmente aceptado. Son, simplemente, mis impresiones de un dispositivo importante en mi vida, que utilizo constantemente para cientos de cosas, que sustituye a otro con el que estaba amplísimamente satisfecho, y para el que, sin embargo, no he precisado de ninguna adaptación: tras migrar mis datos, empecé a usarlo inmediatamente y aquí sigo, sin haber echado de menos nada del anterior, y con una impresión verdaderamente positiva. Pocas veces pasa eso. Con el iPhone X, Apple ha vuelto a demostrar su verdadera dimensión.

 

Apple ServicesPara la mayor parte de los observadores, la compañía más valiosa del mundo, Apple, pasa por ser una empresa de hardware, fabricante de productos tan icónicos en la electrónica de consumo como el iPhone, el Mac o el Apple Watch. Y en efecto, es bien sabido que la compañía tiene una marcada dependencia de los ingresos de su producto estrella, el iPhone, y que los diez años que han pasado desde su lanzamiento original han marcado los mejores para las finanzas de la compañía. Sin embargo, cada día más, una nueva fuente de ingresos a la que muchos posiblemente no otorgaban la suficiente importancia está comenzando a destacar: los servicios.

En la práctica, Apple ha ido evolucionando hacia convertirse en una compañía de servicios. Si usas productos de la compañía, es más que posible, por ejemplo, que los protejas mediante AppleCare, un seguro que evita que tengas la tentación de utilizar los cristales rotos de la pantalla de tu iPhone para cortarte las venas si se te cae al suelo. Además, es muy posible que pagues una cantidad pequeña pero mensualmente recurrente por espacio de almacenamiento en la nube, iCloud, que hayas decidido pagar por Apple Music, que compres aplicaciones en la App Store, posiblemente contenidos en iTunes, o incluso que pagues utilizando Apple Pay.

Es precisamente ese servicio, Apple Pay, el que en su momento se diseñó como una auténtica revolución para la compañía. En el mercado norteamericano supone tres cuartas partes de los pagos realizados mediante esquemas contactless con un crecimiento muy elevado, mientras a nivel internacional está presente de manera destacada ya en veinte mercados en los que alcanza cuotas sobre ese mismo tipo de pagos cercanas al 90%. Cada vez que alguien lo utiliza, genera un 0.15% del importe del pago para Apple, lo que lleva a la compañía a convertirse cada vez más en un intermediario de transacciones financieras, prácticamente en un banco: del mismo modo que Apple generó una disrupción en el mundo de la música sin convertirse en una empresa discográfica, podría estar apuntando a hacer lo mismo en la industria financiera.

Tan solo el trimestre pasado, Apple generó 8,500 millones de dólares únicamente mediante servicios, lo que supone un 34% de incremento sobre el mismo trimestre del año anterior. Es más dinero que la suma de los ingresos de su división de iPad y la de “Otros productos” combinadas, que incluye líneas como AppleTV, los auriculares AirPods, los de Beats, el iPod Touch y el Apple Watch. ¿Y lo mejor del tema? Que, además, hablamos de una división con un notable crecimiento. Un movimiento estratégico interesante, que sin duda continuará, y que en muchos sentidos redefine la compañía, no hasta el punto de perder su identidad como fabricante de hardware, pero sí lo suficiente como para plantear una diversificación de sus ingresos.

 

IMAGE: Stepan Gojda - 123RFGoogle es un monstruo enorme, que nadie puede detener porque crece prácticamente a la velocidad de la web. Apple es la compañía más grande del mundo, con reservas de cash como para comprar cualquier compañía que considere interesante. Amazon tiene el tamaño de un país pequeño: tras la adquisición de Whole Foods da empleo a más de 540,000 empleados. Facebook es el medio de comunicación universal, y decide si tus contenidos llegan o no a tu público o si debes pagar para que así sea.

Cada día más, la escena tecnológica aparece completamente dominada por un conjunto relativamente pequeño de compañías, los que algunos llaman the frightful five. En su momento, fueron startups, compañías pequeñas construidas en torno a una idea que logró crecer, apalancarse y convertirse en lo que ahora son, auténticos gigantes que dominan el panorama. Ahora, a pesar de ser compañías que aportan un enorme valor añadido y que trabajan en componentes fundamentales de eso que llamamos progreso, generan percepciones cada vez más preocupantes, hasta el punto de considerarse que la era en la que esos milagros de crecimiento rápido podían suceder ha terminado. Hoy, si una compañía desarrolla una buena idea, algo suficientemente original o rompedor que dé lugar a un crecimiento rápido, prácticamente no tiene más posibilidad que ser adquirida por una de las grandes, porque el desarrollo independiente se ha hecho cada vez más difícil. Compañías con recursos para adquirir cualquier cosa que necesiten o, si las negociaciones no fructifican, copiar su modelo hasta la extenuación, fallando tantas veces como sea necesario para, finalmente, lograr su objetivo. No es ya simplemente una cuestión de recursos económicos: es la capacidad de atraer talento, de reunir a los mejores desarrolladores, de poseer todo lo necesario para llegar a los medios y convertirse en protagonistas con cualquier lanzamiento. No importa lo que hagas, estas compañías lo harán mejor que tú, y si no aciertan a la primera, seguirán probando.

¿Se ha convertido la tecnología en un juego de gigantes en el que las compañías pequeñas, las nuevas ideas y la frescura de quienes comienzan ya no tiene ninguna oportunidad? ¿Cuánto hace que no vemos una startup realmente provocativa, como estas ahora grandes compañías lo fueron en su momento? De las grandes compañías que crecieron a la sombra del crecimiento de la web, pasamos a otro grupo de compañías, ahora también grandes aunque no tanto, que se desarrollaron gracias al ecosistema app, pero desde entonces, ninguna tecnología ha dado lugar a ese tipo de fenómeno, aunque tengamos numerosas tecnologías listas para crear oportunidades y marcar diferencias. Los inversores lo saben, lo que lleva a que la inversión en capital semilla y en rondas iniciales esté comenzando a disminuir.

¿Está descendiendo el dinamismo del entorno tecnológico, o se trata simplemente de negacionismo y del miedo inspirado por los grandes gigantes tecnológicos? ¿Ha cambiado la escala necesaria para poder competir en este ámbito? ¿Cuánto perdemos si la mayoría de las ideas con capacidad transformacional pasan a originarse tan solo en un puñado de compañías? ¿Tiene hoy una startup las mismas posibilidades que tenían compañías similares hace algunos años?