Open Banking APIx

En octubre de 2015, el Parlamento Europeo adoptó una versión revisada de la Payment Services Directive, PSD2, destinada a promover el uso y desarrollo de servicios de pagos innovadores y móviles a través de la apertura de los servicios bancarios. Contrariamente a lo que suele ocurrir con las directivas comunitarias, que suelen dejar un amplio espacio a los países miembros para su implementación, PSD2 no lo hace: es sumamente estricta en su hoja de ruta, y ahora es cuando empezamos a ver sus primeros frutos.

El Reino Unido fue uno de los países que, de una manera más clara, vio en PSD2 una mayor fuente de oportunidades. Con numerosas compañías en vanguardia del fintech desde sus inicios, las autoridades del país vieron la posibilidad de utilizar la regulación como una fuente de dinamismo para el mercado: en agosto de 2016, la Competitions and Market Authority (CMA) del Reino Unido publicó una directiva en la que requería a los nueve bancos más grandes del Reino Unido que permitieran que las startups con licencia accedieran directamente a sus datos si el usuario así lo requería, hasta el nivel de transacciones en cuenta, y estableció la fecha del 13 de enero de 2018 como límite para su aplicación, convirtiéndose así en el primer país en llevar a la práctica este concepto. De hecho, el interés del país es suficientemente importante como para mantener sus planes de manera completamente independiente al desarrollo del Brexit.

Podemos ver explicaciones sobre Open Banking en diversos formatos, desde manejables infografías, hasta completos artículos al respecto o informes de consultoras. Lo que tenemos que saber, básicamente, es que la nueva directiva cambia el modelo de actuación de la banca tradicional y la obliga a presentar sus datos en forma de APIs (interfaces de programación de aplicaciones) estandarizadas y accesibles para cualquier actor aprobado para ello que lo demande en virtud de una petición de sus clientes. Como tal, Open Banking no es una aplicación, ni un servicio como tal, sino una forma de facilitar el intercambio de datos a requerimiento del usuario. proporcionando a este un nivel completo de control sobre esos datos: los bancos dejan de tener esa gestión como un derecho exclusivo, y se ven obligados a incorporar APIs para permitir que cualquier actor autorizado como tal pueda acceder a los datos de sus usuarios. A partir de aquí, lo que queramos.

¿Qué ha ocurrido a partir del día 13 con la llegada de la fecha límite y la aplicación de Open Banking en el Reino Unido? De buenas a primeras, prácticamente nada. El regulador ha emitido cartas a los principales bancos con instrucciones al respecto, algunos han pedido prórrogas para terminar de adaptarse, y por el momento, no se ha visto mucho más. Sin embargo, aunque los comienzos sean lentos, haya pocas noticias al respecto, muchos usuarios no tengan ni idea de qué estamos hablando, y las compañías que quieran participar deban registrarse y ser homologadas para ello, un proceso no especialmente sencillo, estamos hablando del mayor cambio que hemos presenciado en la actividad bancaria desde prácticamente el inicio de los tiempos, y de algo que dará lugar a un ecosistema completamente diferente.

De entrada, la idea es dar entrada en la gestión de nuestro dinero y nuestra actividad económica a un número de actores mucho más elevado siempre que cumplan unos requisitos determinados y que exista un control del usuario. Esto puede ser una vía de entrada, obviamente, para muchas nuevas compañías dentro del mundo fintech, pero también para los grandes actores del mundo online, como Google o Facebook, con todo lo que ello conlleva. Con las nuevas reglas, cualquier entidad aprobada podrá no solo gestionar pagos o transacciones sin necesidad de llegar a acuerdos con los bancos o sin hacer scrapping de los datos del usuario a partir de su usuario y contraseña, como ocurría hasta el momento. La fase inicial tiene un ámbito limitado e incorpora únicamente datos de la cuenta corriente: las tarjetas de crédito y otras cuentas de pagos serán agregadas a lo largo de los próximos dos años, en una fase compleja en la que se prevén problemas de diversos tipos, mala prensa, artículos interesados hablando de terribles peligros, bancos tradicionales intentando convencernos de que “eso ya lo hacían ellos”, o incluso posibles ofuscaciones interesadas para intentar evitar la percepción de una transición sencilla.

Pese a la escasa publicidad y la aún relativamente baja incidencia de la llegada de la fecha límite, no nos confundamos: estamos ante la innovación que dará forma al nuevo ecosistema bancario, a la posibilidad de que confiemos en otros actores innovadores o en software inteligente para administrar nuestro dinero. Si los bancos tradicionales quieren ser algo más que simples contenedores comoditizados, tendrán que mejorar su propuesta de valor y, sobre todo, convertirse en atractivos para unos clientes que, a día de hoy, por lo general, no los tienen en la mejor de sus estimas. A todos los efectos, en banca, estamos comenzando una nueva era.

 

IMAGE: Theeravat Boonnuang - 123RFMarcos Sierra, de Voz Pópuli, me llamó ayer para hablar sobre la transformación de las operadoras al hilo de unas declaraciones del CEO de Orange en España, Laurent Paillassot, y hoy me cita en su artículo titulado “El 5G convertirá a los operadores en ‘compañías de software’” (pdf).

La transformación digital de las operadoras es una cuestión sumamente compleja, que en ningún caso se va a solucionar con un “vamos a convertirnos en empresas de software”. En el proceso de reconversión de la industria de las telecomunicaciones habrá operadoras que opten por una estrategia de liderazgo en costes, que se centren en la pura infraestructura, en el “más gigabytes por menos dinero” y en ser la “dumb pipe” más eficiente, y sin duda, habrá espacio en el mercado para ese posicionamiento. El otro extremo del proceso lo protagonizaran compañías que decidan afrontar la transformación digital en su totalidad, con sus tres etapas, y eso exige un planteamiento mucho más complejo y evolucionado que simplemente “convertirse en empresas de software”.

La transformación digital de las operadoras exige, en primer lugar, una reconversión radical de la capa de interacción con el cliente, algo que muy pocas operadoras están en disposición de acometer, en parte por la fuerte dependencia de sistemas legacy, y en parte – y no menos importante – por cuestiones relacionadas con la cultura corporativa, con la necesidad de acabar con eso que yo en su momento llamaba “mentalidad de operadora“. Después, es preciso acometer un fortísimo desarrollo interno para orientar la compañía a la generación de datos, lo que implica nuevos desarrollos, contratación de personas con habilidades muy diferentes a las que solían contratar, y una mentalidad completamente distinta. Y finalmente, pero radicalmente importante, implica abrazar una mentalidad de plataforma, lo que conlleva convertir toda la compañía en capas de APIs para construir soportes sobre los que todo se genere un ecosistema en el que otras empresas de todo tipo puedan desarrollar negocios. Todo ello teniendo en cuenta las nuevas reglas de la interacción: el respeto al cliente, la portabilidad de los datos y la transparencia en la gestión.

Todo esto supone mucho, muchísimo más que simplemente “convertirse en empresas de software”. Es más, si la frase “convertirnos en empresas de software” implica de alguna manera intentar competir con las empresas de software generando productos para el usuario, es una estrategia condenada al fracaso, porque en algún momento reflejará la triste mentalidad de vulneración de la neutralidad de la red, y caerá en el “privilegio mi app para que funcione mejor que otras”. No, el negocio no es el software. El software va a ser necesario, las compañías que decidan emprender estar ruta van a tener que contratar legiones de desarrolladores bien cualificados y generar una cultura de orientación al desarrollo que no es en absoluto sencilla, pero además, van a tener que entender que la idea no es crear productos finales, sino ser plataforma para los productos de otros. El negocio está en la inteligencia de plataforma, en el machine learning, en la inteligencia artificial y en la capacidad para dar lugar, a partir de sus servicios, a todo un ecosistema del que el cliente quiera formar parte. Y eso ni es sencillo, ni va a estar al alcance de todas las operadoras.

En telecomunicaciones, como en todo, hay empresas en muy distintos momentos de evolución en este sentido. Por el momento, y dicho con todas las reservas que conlleva evaluar un plan cuando está simplemente en sus inicios, lo que he podido ver que me haya resultado más convincente y que me parece que refleja mejor esos principios de transformación digital ha sido la Cuarta Plataforma de Telefonica, pero aunque mover una operadora no sea sencillo y requiera cierto tiempo y esfuerzo, esta industria es dinámica, y es importante tener en cuenta no solo las estrategias, sino la manera en la que se trasladan al mercado. No, redibujar las operadoras no va a resultar sencillo. Pero va a convertirse en la auténtica clave de su futuro.

Sobre este tema, aún nos queda mucho por ver. Y por escribir.

 

 

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