Mobile OS share of market 2007La mensajería multiplataforma por excelencia, WhatsApp, anuncia el fin del soporte para sus versiones en BlackBerry OS y Windows Phone el próximo día 31 de diciembre, haciendo oficial lo que todos sabemos desde hace ya mucho tiempo: que las plataformas móviles se han convertido en un duopolio absoluto en el que Android posee una cuota de mercado estabilizada en torno al 80-90%, iOS entre el 10-20%, y el resto son simples errores de redondeo, completamente insignificantes.

¿Cómo hemos llegado a esta situación? En octubre de 2007, Google adquirió Android, una compañía fundada por un Andy Rubin elevado a la categoría de visionario, y la convirtió en la mejor adquisición llevada a cabo por la compañía en toda su historia. La operación era una forma de posicionar a la compañía en un ecosistema smartphone cada vez más pujante, que con el lanzamiento del iPhone en enero de 2007 había redefinido los terminales para dejar de considerarlos simplemente “teléfonos móviles” y convertirlos en auténticos ordenadores de bolsillo con una gama cada vez más amplia de prestaciones.

El lanzamiento de la App Store en julio de 2008, con un total entonces de quinientas aplicaciones, seguida por el Android Market (hoy Google Play) en octubre del mismo año, nos dio una de las claves fundamentales del entonces naciente segmento: las apps. Si no tenías suficiente base de terminales instalada, los desarrolladores no encontrarían interesante crear aplicaciones para ellos, y los usuarios pasarían a ver con envidia a terminales de otras marcas capaces de utilizarlas. El movimiento pilló a BlackBerry completamente perdida y aún convencida de que el mercado de consumo era tan solo una distracción frente a un mercado corporativo que creían mucho más importante, y los tardíos intentos de Microsoft, tras el lanzamiento de Windows Phone a finales de 2010, de crear una Windows Phone Store y convencer a los desarrolladores para que creasen versiones de sus aplicaciones para ella resultaron completamente fallidos. Sin un suministro adecuado de aplicaciones, ambos sistemas operativos languidecieron, hasta anunciarse su cierre: BlackBerry anunció el fin de su BlackBerry OS en enero de 2013 y del soporte para el mismo en diciembre de ese mismo año, y se convirtió en un fabricante insignificante de dispositivos con sistema operativo Android, y Microsoft anunció el final de Windows Phone en enero de 2016 y terminó su soporte el 11 de julio de 2017, abandonando una línea que también se llevó por delante a la vieja Nokia y a la que aún no ha dado continuidad.

¿Qué cabe esperar en el futuro? Android ya es el sistema operativo más importante del mundo por delante de Windows, mientras iOS se mantiene razonablemente estable con una participación de mercado que marca un pico cada vez que la compañía lanza un nuevo modelo. La situación recuerda poderosamente lo ocurrido con el mundo de los ordenadores, que terminó por ser prácticamente un monocultivo con escasa contestación alternativa: hoy, Windows domina el mercado de ordenadores de sobremesa y portátiles con un 90.7% frente a un 5.9% de Mac OS y un 3.4% de Linux, una situación que lleva manteniéndose relativamente estable bastante tiempo. El dominio del mercado que ofrece el control de un sistema operativo y una tienda de aplicaciones se ha convertido en prácticamente insuperable, en una receta segura para la consolidación de un monopolio de facto, con todo lo que ello conlleva. Y mientras el mercado Android se convierte en una pelea continua entre fabricantes chinos y surcoreanos, Apple ha sabido consolidarse, a pesar de su relativamente escasa penetración de mercado, como la compañía con mayores márgenes y rentabilidad, hasappta el punto de convertirse en la empresa más valiosa del mercado bursátil y, en algunos sentidos, en la que marca las tendencias de adopción.

¿Es la concentración del mercado en torno a una opción una tendencia propia de la tecnología, o un patrón general común a todas las industrias? Todo indica que las externalidades de red tienden a jugar un papel más fuerte en los mercados tecnológicos que en otras industrias, pero dada la característica de la tecnología de extenderse a todo el resto de las industrias para formar una parte integrante cada vez más importante de prácticamente todos ellos, la cuestión no deja de tener su importancia, y de merecer una cierta reflexión. Visto con perspectiva, la adquisición de Android por unos estimados cincuenta millones de dólares fue, posiblemente, el movimiento más importante de la historia reciente de la tecnología, el que ha jugado un papel más importante en la definición del ecosistema que hoy conocemos, y el que más influencia puede llegar a tener en muchas cosas. A veces, son pequeñas decisiones, como la de IBM de otorgar a Microsoft el desarrollo del sistema operativo de sus PCs o esa conversación entre Andy Rubin y Larry Page que terminó con la adquisición de Android, las que de verdad definen el panorama tecnológico que conocemos. El resto, como suele decirse… es historia.

 

IMAGE: Sergiy Tryapitsyn - 123RFLos rumores que venían sonando desde hace algunas semanas se confirman, y Google anuncia un acuerdo con el fabricante taiwanés HTC en virtud del cual incorpora a su estructura a unos dos mil empleados de la compañía y cierra un acuerdo no exclusivo de uso de sus patentes, por un total de 1,100 millones de dólares.

El acuerdo no es, como tal, una adquisición, aunque afecta aproximadamente a la mitad de los trabajadores de la compañía: HTC, que suspendió ayer su cotización debido a la inestabilidad que estaban generando los rumores, mantiene su independencia como compañía, pero aligera notablemente una estructura plagada de problemas económicos, y dota a Google de una capacidad de investigación, desarrollo y fabricación de hardware muy importante al incorporar toda una división de un fabricante con el que ya tenía un importante historial de colaboración. De hecho, una buena parte de los empleados que ahora pasan a depender de Google ya trabajaban para desarrollos de la compañía, fundamentalmente smartphones o tablets de la línea Pixel que eran fabricados por HTC, pero vendidos con el logotipo de Google.

¿Qué lleva a Google a hacerse con una compañía de hardware, cuando no hace tanto, en 2011, invirtió nada menos que 12,500 millones de dólares para hacerse con Motorola Mobility, y la vendió rápidamente a Lenovo por 2,900 (sin el portfolio de patentes, que se quedaron en Google) para evitar tener problemas con otros fabricantes de terminales Android? Las razones parecen claras: en primer lugar, la adquisición de Motorola nunca correspondió a un interés por fabricar hardware, sino a una oportunidad que surgió para hacerse con una cartera sólida de patentes aplicables al entorno smartphone, sin las cuales la compañía podría haberse enfrentado a una buena cantidad de costosos litigios procedentes de una Apple que ya estaba, en aquel momento, peleando judicialmente contra Samsung. La amenaza en aquel momento era que una serie de desarrollos que surgieron originalmente de la adquisición de Android, Inc. en 2005, pero que no estaban protegidos por las correspondientes patentes, pudiesen ser objeto de denuncias relacionadas con la propiedad intelectual, un aspecto que Google, hasta entonces, no había considerado especialmente estratégico. La adquisición de Motorola posicionaba sólidamente a la compañía en ese entorno, pero sobre todo, evitaba una hipotética adquisición por un tercero con ánimo de litigar: la intención de Google siempre fue la de hacerse con aquel portfolio de patentes, nunca la de convertirse en un fabricante de hardware. Tras una breve colaboración, y tras ver cómo algunos fabricantes de terminales comenzaban a preocuparse por el acceso a novedades de Android que Motorola podría tener frente a ellos, Google vendió la compañía a Lenovo, como una manera de desprenderse de un problema y de asegurar que esos fabricantes alejarían sus tentaciones de lanzar modelos con otros sistemas operativos o con forks de Android.

¿Qué ha cambiado ahora? Todo indica que hemos pasado de la era del “hardware is hard”, de entender que el negocio es muy complejo, poco rentable, poco diferenciado y extraordinariamente competitivo, a una nueva situación en la que se entiende que el control completo del proceso es fundamental para una compañía que aspire a un liderazgo en el mundo de la tecnología. Google comenzó el pasado año a fabricar dispositivos de diversos tipos, algunos con notable éxito, y aspira a consolidarse como un competidor sólido en diversas categorías, entre las cuales están los dispositivos para la distribución de contenidos, como el Chromecast, los routers inalámbricos, los asistentes domésticos, las cámaras y termostatos, las gafas y dispositivos para realidad virtual o aumentada, y por supuesto, los smartphones, donde aspira a posicionar Pixel como un terminal competitivo que pueda hacer sombra a una Apple que, a día de hoy, marca toda la agenda de la industria.

El acuerdo debe todavía pasar por las autoridades anti-monopolio, y no se prevé que se considere completamente cerrado hasta principios de 2018. Todo indica que HTC mantendría su marca y se centraría en producir, por un lado, una gama mucho más reducida de smartphones y, por otro, en potenciar su línea de realidad virtual y aumentada, HTC Vive. Google, por su parte, pasará a potenciar su gama Pixel de una manera menos “subterránea y limitada” que como anteriormente hizo con Nexus, y planteará posicionarla como un líder en el que encontrar los últimos desarrollos de Android. Para Google, la idea de controlar la línea completa incluye, lógicamente, hacerse con una parte de los márgenes que hasta el momento no controlaba, y que quedaban en manos de los fabricantes de terminales.

La operación anunciada hoy podría marcar importantes consecuencias para el mercado smartphone. ¿Cómo serán las relaciones futuras entre los grandes fabricantes, como la surcoreana Samsung o los chinos Huawei, Oppo o Vivo? La reacción a la decisión de Google de convertirse en compañía de hardware y competir abiertamente en el mercado con sus propios modelos podría acarrear decisiones que llevasen a esas marcas a depender menos del sistema operativo de la compañía, a crear los suyos propios o a presentar forks de Android con identidad propia, lo que podría suponer una atomización aún mayor del mercado.

En muy pocos años, el hardware ha pasado de ser considerado una molesta commodity que otros deben fabricar, a convertirse en factor estratégico que es conveniente poseer y controlar si quieres ser competitivo. El hardware, como tantas otras cosas en tecnología, viene y va.

 

IMAGE: Franck Boston - 123RFInteresante artículo en Ars Technica sobre el estado del arte en sistemas operativos para automóviles, The state of the car computer: Forget horsepower, we want megahertz!, en el que observar de qué manera se está configurando un panorama desde los inicios del proceso, con una serie de jugadores representativos ahora mismo posicionándose en torno a plataformas como Linux, Android, QNX y otras que solo podemos suponer, como Apple, en un proceso complejo llevado por los fabricantes, con complicaciones como el hecho de que algunos de ellos aún estén apostando y haciendo pruebas no con un sistema operativo, sino con varios.

En muchos sentidos, un automóvil es, cada vez más, un ordenador sobre ruedas. Un conjunto de procesadores, memoria, sensores y módulos de conectividad que recuerda profundamente al desarrollo de la telefonía móvil o de la propia computación, con múltiples sistemas que, de manera progresiva, irán dando paso a un proceso de simplificación, de convergencia en torno a muy pocos actores relevantes. En este momento tan temprano, ya tenemos o podemos suponer múltiples estrategias representativas: plataformas de fabricante, como QNX, un sistema operativo que proviene fundamentalmente de los sistemas integrados o embebidos, propiedad de BlackBerry desde el año 2010, y que sigue el tradicional esquema de licencias y trabajo exclusivo con fabricantes de su propietario; frente a Android con idea de repetir la jugada de constituirse en plataforma abierta con escasas barreras de entrada y (relativa) capacidad de diferenciación a la que los fabricantes pueden recurrir sometidos a unos pocos condicionantes, o supuestamente una Apple que podría optar o bien por un control total y un desarrollo íntegramente propio – algo que no parece probable ahora mismo – o por algún tipo de alianza en exclusiva con fabricantes como Lexus.

Contemplar el desarrollo de lo que va a ser la próxima gran evolución de los automóviles puede darnos una idea de lo que supone trabajar en una industria que ve cómo se alteran algunos de sus esquemas fundamentales, cómo las marcas precisan de visión estratégica que les lleve a ceder una parte del control que tenían, y cómo se someten a procesos de transformación digital en todos los sentidos: en el de convertirse en data-céntricos a efectos de interacción con unos clientes que generan millones de bits de información cada vez que frenan o pisan el acelerador, el de modificar sus procesos internos para gestionar y analizar esos volúmenes de datos, y el de replantear su modelo de negocio para convertirse en plataformas en todos o parte de su cadena de valor. Y todo ello en un entorno en el que si la opción que se tomó en un momento por un sistema operativo o un aliado estratégico determinado resulta no ser el caballo ganador, es susceptible de condenar a la compañía a un retraso importante o a un ostracismo en la mente del cliente durante una serie de años, y acompañado – para terminar de liar el panorama – por la posibilidad más que probable de que ese cliente ni siquiera sea el que ahora conocemos, sino que sea de otro tipo, con mucha mayor capacidad de negociación, en un esquema B2B y con condicionantes completamente diferentes en cuanto a modelo de negocio.

En este ámbito, todo, absolutamente todo requiere de un replanteamiento ambicioso, de una forma de pensar completamente abierta y libre de condicionantes, que solo algunas marcas serán capaces de llevar a cabo. Acostumbrarse a que la capacidad de una marca de influir en el ecosistema  ya no depende de sí misma, sino de sus posibilidades de ser un socio atractivo para proveedores tecnológicos que hace poco tiempo no eran nadie en esta industria responde a un proceso complejo que no está al alcance de todo el mundo. En este momento, los plazos que la mayoría de los analistas dan para los enormes cambios que esta industria sin duda va a sufrir no tienen nada que ver con los que la propia industria pretende manejar, con diferencias que llegan a los diez años: mientras Waymo, Uber y otros actores hablan de 2020 como “año mágico” en el que veremos despliegues comerciales completos de vehículos autónomos, nuevos esquemas de propiedad consolidándose y los vehículos de combustión interna dejando de comercializarse de manera prácticamente súbita, la industria tradicional estima esos plazos en torno a diez años más tarde, y pretende que en 2030 todavía se venderán vehículos con motor de combustión interna…

Pronto, el panorama comenzará a aclararse, empezarán a delimitarse ganadores y perdedores, y las alianzas empezarán a demostrar su verdadero valor. Si creías ser un experto o acumular una experiencia muy valiosa en la industria de la automoción, piénsalo de nuevo: si no respondes a una demanda de actualización brutalmente intensa, toda esa experiencia o esos conocimientos podrían llegar a convertirse en papel mojado.

El automóvil, como ordenador sobre ruedas. Impresionante momento para trabajar en automoción.

 

Internacional.- El tiempo pasa y las cosas que crees que has tenido siempre, si miras hacia atrás, verás que no es tan así. Hace sólo una década, toda esta tecnología no era parte de tu vida, ni de la de nadie.

¿Quién puede haber vivido sin Whatsapp? ¿No había teléfonos inteligentes? ¿No sabían lo que era Android? Todo esto, que pareciera formar parte de un pasado muy lejano, simplemente no había visto la luz hace una década. Veamos algunos ejemplos:

IPhone

El primer iPhone fue dado conocer en 9 de enero de 2007 por el cofundador de Apple Steve Jobs. Marcó un antes y un después en el rubro de telefonía móvil. Llegó al mercado unos meses más tarde, en junio de ese año.

iPad

La línea de tabletas diseñadas y comercializadas por Apple tuvo una primera generación anunciada el día 27 de enero de 2010. La segunda generación se presentó el 2 de marzo de 2011, la última aparición de Steve Jobs.

Kindle

El lector de libros electrónicos Kindle fue lanzado por Amazon el 19 de noviembre de 2007. Tenía una pantalla de 6 pulgadas, 600 x 800 px de resolución y 4 niveles de grises. Pesaba 292 gramos.

4G

En telecomunicaciones, 4G son las siglas utilizadas para referirse a la cuarta generación de tecnologías de telefonía móvil. Fue en febrero de 2007 cuando la firma japonesa NTT DoCoMo probó un sistema prototipo de 4G llamado VSF-OFCDM a 100 Mbit/s en movimiento, y 1 Gbit/s detenido.

Uber

Aunque creas que existe hace décadas, Uber fue fundada en marzo de 2009 en San Francisco, Californía, por Travis Kalanick.

CHIANG MAITHAILAND - SEP 022016 : A womans hand holding Uber application startup page on the Apple iPhone 6 display. Blurred street view with car, Uber is smartphone app-based transportation network.

Airbnb

Airbnb es un marketplace para publicar, hallar y reservar viviendas en todo el mundo. ¿Fecha de nacimiento? Agosto de 2008.

Android

El 5 de noviembre de 2007 se crea la Open Handset Alliance, un conglomerado de fabricantes y desarrolladores de hardware, software y operadores de servicio. El mismo día se anuncia la primera versión del sistema operativo Android 1.0.

Oculus

Oculus VR, la una compañía que desarrolla tecnología de realidad virtual, vio la luz en 2012 en Irvine, California.

Spotify

Su lanzamiento oficial fue el 7 de octubre de 2008. Es decir, Spotify todavía no cumplió 9 años.

Kickstarter

Kickstarter es un sitio web de micromecenazgo para proyectos creativos que nació hace menos de una década: el 28 de abril de 2009.

Instagram

La popular red social y aplicación para subir fotos y videos que ya tiene 500 millones de usuarios nació hace “nada”: el 6 de octubre de 2010.

Snapchat

La red social y aplicación móvil Snapchat, dedicada al envío de mensajes y archivos que “desaparecen” del dispositivo del destinatario, fue dada a conocer el 1º de septiembre de 2011 por Evan Spiegel, Bobby Murphy y Reggie Brown.

WhatsApp

WhatsApp fue fundada en 2009 por Jan Koum, que había llegado desde Ucrania a los Estados Unidos a principios de los años noventa. Su lanzamiento oficial fue en enero de 2010.


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