Amazon y su primer hub de cargas aéreo de Denken Über

Hace ya un par de años circula el rumor de Amazon entrando en el mercado de cargas aéreas, un poco empujado por su volumen creciente de entregas y un poco empujado por sus negociaciones con los transportistas aéreos en USA, por ahora esto se veía en su lease de 40 aviones propios pero hoy empieza a tomar forma con el anuncio de su primer hub aéreo en Cincinnati/Northern Kentucky Airport (CVG) con 2000 nuevos empleados.

Me sorprende que esta noticia haya sido pasada por alto por los medios; la sola idea de Amazon teniendo su propio lease de una flota de 40 aviones, atadas a un hub de despacho y logística de 2.000 empleados, en la zona donde tiene 11 centros de fulfillment con 10.000 empleados.. lo pone en una escala de infraestructura que no se ve ni siquiera en muchos correos nacionales.

Tal vez lo que más me llama la atención es que hoy tienen 16 aviones en operación, el resto de los 40 llegarán en estos meses antes de terminar el año y todos, absolutamente todos, están al servicio de los clientes de Amazon Prime lo que muestra el valor del negocio de Amazon Prime en si mismo y que su política de invertir en operaciones sigue siendo apoyada por el mercado.

Para ponerlo simple, Amazon sigue invirtiendo casi todas las ganancias y por eso sus resultados siempre parecen mostrar que los márgenes son inexistentes.. mientras su capitalización de mercado es superior a la suma de los grandes retailers de USA. Repito: su acción crece mientras muestra ganancias casi nulas (aunque esto esté cambiando poco a poco) y eso es la muestra de que el mercado lo acepta y ellos están destruyendo a toda la competencia.

amazon vs competencia valor de mercado

Volviendo a la logística ¿Esto implica que UPS o Fedex van a morir? No. Su negocio es mucho más amplio que el de Amazon pero me queda la pregunta en la cabeza de ¿que va a pasar cuando descubran que pueden usar su infraestructura ociosa para terceros y así poder seguir invirtiendo en esa infraestructura para ampliar su negocio? ¿es complicada mi pregunta? piensenlo de esta manera mejor ¿puede Amazon hacer con la infraestructura logística física lo mismo que hizo con su infraestructura tecnológica y AWS?

Mientras, debería comprar algo de $AMZN y no hablo de productos ;)

Amazon robot

En la foto, un robot de Amazon. Originalmente creado por Kiva Systems tras la mala experiencia de su creador, Mick Mountz, con los costes de logística de Webvan, que terminaron llevándola a la quiebra, la compañía fue adquirida por Amazon en marzo de 2012 por 775 millones de dólares, que dejó expirar los contratos que tenía con grandes compañías de distribución como The Gap, Walgreens, Staples, Office Depot, Crate & Barrel o Saks 5th Avenue, la puso a trabajar exclusivamente para sus almacenes y la rebautizó como Amazon Robotics.

El diseño del robot, de unos 40 centímetros de alto y apoyado en un conjunto motriz de seis ruedas, esta pensado para moverse con soltura bajo las estanterías de los almacenes y desenroscarse, elevándola unos pocos centímetros del suelo, cuando está bajo la estantería que necesita transportar. Cada robot pesa unos 145 kilos, y puede desplazar sobre él estanterías cargadas con hasta 315 kilos. Cuando su batería desciende de un determinado nivel, simplemente van y se enchufan ellos solos a su estación de carga.

Recientemente, Amazon anunció que había incrementado su ejército de robots en un 50%: en diciembre de 2014, la compañía tenía 15,000 robots en diez almacenes, que pasaron a ser 30,000 en diciembre de 2015, y 45,000 en 20 almacenes en diciembre de 2016.

Además, Amazon anunció recientemente el lanzamiento de su tienda Amazon Go en la que desaparecen los cajeros, sustituidos por una app que permite la identificación del cliente, y por un conjunto de cámaras y sensores en un sistema que utiliza visión artificial, fusión de datos y aprendizaje profundo para identificar cuando este toma cualquier producto de una estantería o lo devuelve a ella. Los cajeros de tiendas y supermercados, según las últimas encuestas de población activa norteamericanas (2014), proporcionaban empleo a unos tres millones y medio de personas en los Estados Unidos, con un salario de unos $19,310 anuales ($9.28 por hora), y con un crecimiento anual estimado en la generación de empleo de un 2% anual, por debajo de la media global. 

¿Qué cabe esperar de una compañía que incrementa a un fuerte ritmo la cantidad de robots que trabajan en sus almacenes, que elimina a los cajeros de las tiendas o que envía algunos de sus paquetes mediante drones autónomos en lugar de hacerlo mediante un repartidor tradicional? Cualquiera a quien se le haga esta pregunta esperaría, probablemente, una reducción del número de personas empleadas por la compañía. Sin embargo, sorpresa: Amazon acaba de anunciar su intención de incorporar a unas cien mil personas a tiempo completo en los próximos 18 meses, entre puestos de logística y de tecnología, uniéndose a la oleada de compañías que anuncian masivos planes de expansión de puestos de trabajo para evitar, entre otras cosas, el acoso de la administración Trump. La compañía incrementará su plantilla desde los 180,000  a los 280,000 trabajadores en los Estados Unidos. En el año 2011, Amazon empleaba a unas 30,000 personas. Y para el contraste, otro dato: los que sí han disminuido el número de trabajadores de manera consistente a lo largo de los últimos años han sido las empresas de distribución tradicional.

El proceso tiene lugar no solo a ese nivel, sino en otros: en la zona de la bahía de San Francisco, un cierto número de taxistas han ido perdiendo sus puestos de trabajo a medida que compañías como Uber o Lyft se han convertido en la alternativa de transporte preferida por más y más usuarios. Sin embargo, esas compañías se encuentran actualmente entre los mayores generadores de empleo de la zona – solo Uber da trabajo a más de veinte mil conductores en el área, un número muy por encima de los taxistas que existían antes de su llegada, y eso sin tener en cuenta el empleo adicional generado por estas compañías en puestos de gestión o de tecnología. Eventualmente, los taxis dejarán de emplear conductor y se convertirán en vehículos autónomos, pero actualmente, poco se podría decir en términos de destrucción neta de puestos de trabajo.

¿Cómo se explica que una compañía absolutamente emblemática en su proceso de robotización como Amazon genere empleo a esos niveles? No, no hablamos de una paradoja, sino más bien de un efecto que algunos investigadores como Jeremy Rifkin, a quien recientemente tuve la oportunidad de ver en Detroit, mencionan en sus predicciones: que la automatización, de manera inmediata, no genera una destrucción neta de puestos de trabajo sino un incremento de los mismos, a medida que se vuelve necesario adaptar cada vez más procesos y estructuras al trabajo automático. Así, un desarrollo como el paso de la generación centralizada de energía eléctrica a un sistema distribuido requiere el trabajo de miles de personas para adaptar los hogares de un país a los requerimientos de aislamiento y de instalación de placas solares, del mismo modo que conectar nuestras carreteras para el despliegue de los vehículos autónomos precisa de trabajadores para llevar a cabo esos tendidos.

Un elemento más a considerar cuando calculamos los efectos a nivel macro de la tecnología: eventualmente, es posible que muchas cosas que a lo largo de nuestra vida siempre hemos visto hacer una persona pase a hacerlas un robot, pero eso no impide que el despliegue de esa tecnología requiera de una gran cantidad de puestos de trabajo humanos, en tareas que difícilmente serán automatizadas. El efecto de destrucción de empleo, por tanto, no es tan inmediato ni tan evidente, y mucho menos justifica el desarrollo de políticas que defiendan actitudes tecnófobas o luditas que, de ser adoptadas por determinados territorios o administraciones, únicamente terminarían generando desventajas comparativas al ser adoptadas por otras. Una cuestión más que incorporar a los miedos irracionales de determinados políticos y gestores públicos, horrorizados ante la idea de manifestaciones de trabajadores que se quedan sin trabajo sustituidos por el robot de turno. Sí, el proceso tendrá lugar a determinados niveles, pero la idea de mantener a esos trabajadores en sus puestos simplemente porque “algo tienen que hacer” cuando existe tecnología para llevar a cabo esas tareas mejor y más económicamente se convierte en cada día más absurda.

No, las cuentas no son tan sencillas y evidentes como algunos parecen creer. Antes de extraer conclusiones fáciles, va a haber que leer y estudiar mucho más…

 

Amazon Echo Mi columna de esta semana en El Español se titula “Las paredes oyen…“, y habla sobre la popularización en los Estados Unidos de Amazon Echo, presente ya en más de cinco millones de hogares y con un gran crecimiento en estas últimas navidades, y sobre el reciente caso en el que la policía de Bentonville, Arkansas, solicita a Amazon las grabaciones del dispositivo con el fin de esclarecer un caso de asesinato. Del caso se tienen pocos detalles, aunque se sabe que el acusado es un hombre que presuntamente invitó a un compañero de trabajo a su casa, y que ese invitado apareció posteriormente muerto en su bañera. 

Por el momento, la compañía se ha negado a facilitar las grabaciones, se supone que por la inquietud que podría generar en los posibles usuarios la idea que que lo que tienen en el salón de su casa es una especie de espía que los graba en todo momento y lo almacena para cualquier posible uso posterior. La realidad es que el dispositivo únicamente graba o bien cuando escucha el comando de voz (wake word) que activa su asistente virtual – en el caso de Amazon Echo, su nombre por defecto, Alexa – o bien cuando considera que puede haber sido pronunciado, y almacena esas grabaciones en la nube, donde pueden ser revisadas por el usuario en cualquier momento, eliminadas, etc.

El dispositivo, por tanto, está permanentemente alerta y nos escucha todo el tiempo a través de sus siete micrófonos, pero únicamente graba, envía a Amazon y procesa esas grabaciones cuando detecta o cree haber detectado su wake word. En realidad, son muy pocos los usuarios que acceden a la grabación de sus comandos de voz, y menos aún los que se preocupan de gestionarlos, borrarlos, etc. En la práctica, el dispositivo se utiliza porque aporta una gran conveniencia para tareas que van desde la automatización de funciones en el hogar, tales como encender luces o acceder a entretenimiento y contenidos hasta encargar cualquier cosa a través de Amazon pasando por tantas funciones como dispositivos queramos conectar, pero pocos lo ven como un espía o se plantean que las grabaciones de sus comandos puedan tener algún tipo de interés.

El asesinato de Bentonville es un caso en el que Amazon Echo juega un papel sumamente tangencial: el dispositivo estaba en la cocina, el asesinato se produjo supuestamente en el baño, y la probabilidad de que haya capturado algún sonido que permita esclarecer lo que tuvo lugar es muy escasa – nadie pregunta a su Echo cómo cometer un asesinato, y aunque se podría haber capturado algún sonido si se utilizó el dispositivo en algún momento para poner música o para alguna otra función, la posibilidad parece mínima… aunque ello no impide que la policía pueda tener interés en explorarla. El propietario de la casa y sospechoso de haber cometido el asesinato era un convencido usuario de tecnología que vivía en una smart home equipada, además de con un Echo, con otros dispositivos como un termostato Nest, una alarma inteligente de Honeywell, un monitor meteorológico exterior con transmisión inalámbrica, un WeMo para el control de la iluminación, un smart meter para el consumo de agua, un iPhone 6S, un MacBook Pro, una PlayStation 4 y cuatro tablets.

¿Podría alguno de esos dispositivos conectados ayudar a esclarecer el caso? El contador de agua, por ejemplo, permite saber que se utilizaron unos 530 litros de agua entre la una y las tres de la madrugada de la noche de los hechos, y la policía especula que parte de ese agua, además de para llenar la bañera, podría haber sido utilizada para limpiar la sangre resultante. ¿Debemos considerar un dispositivo como un Echo como otro posible recurso para la investigación? Sin duda, al margen del caso de asesinato, la discusión sobre qué datos se generan, qué control tiene el usuario sobre ellos, o cómo pueden ser utilizados resulta relevante aquí, y abre un interesante campo sobre las posibilidades de los cada vez más hogares conectados y del análisis de los datos que constantemente generan, precisamente en el momento en que tiene lugar su popularización. ¿Debería Amazon alertar a la policía, por ejemplo, si su dispositivo captura determinadas grabaciones, bien realizadas a propósito o bien accidentales, que permitan deducir que se está cometiendo un delito? ¿?Nos lleva el desarrollo de las smart homes de nuevo a repensar el balance entre conveniencia y privacidad?

 

El triunfo de Donald Trump como presidente electo de Estados Unidos desató muestras de algunos de sus seguidores con tinte nazi, por lo que cuando los neoyorquinos vieron el espectacular de “The Man in the High Castle”, protestaron de inmediato.

Y es que la publicidad de la segunda temporada de la serie producida por Amazon, promueve, para muchos, muestras fascistas.

Un vocero de Amazon Studios reveló a medios internacionales que la publicidad buscaba estimular el debate sobre la libertad habría tenido el triunfo de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial.

Netflix y Amazon Prime Video han invertido cerca de 7 mil 500 millones de dólares para crear contenidos propios, más que algunos de sus competidores, por lo que el ruido que generan estas acciones publicitarias, ayudan a la promoción del producto con el que quieren recuperar la inversión.

No es la primera vez que Amazon emprende esta estrategia, en 2015, con la primera temporada de la serie, decoración nazi apareció en el metro neoyorquino, que la empresa eliminó poco después ante las quejas, según un reporte del Daily News.

Imagen: [email protected]

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Amazon Prime Air - Private trial Dec 2016Cuando, en diciembre de 2013, Jeff Bezos sorprendió a los periodistas del 60 Minutes de CBS con el anuncio de que estaban trabajando en un proyecto para enviar a sus clientes los productos que adquiriesen mediante drones, y afirmó que estaría disponible en el plazo de cuatro o cinco años, muchos, empezando por los propios periodistas, se frotaron los ojos con absoluta incredulidad, y achacaron el anuncio simplemente a un intento de llamar la atención.

En aquel momento, los drones eran percibidos por la mayoría de los usuarios, un juguete caro para niños grandes, que se movía en un entorno de legalidad difusa y con evidentes peligros. La idea de utilizarlos de manera seria y consistente para la logística era vista como ciencia-ficción. Los modelos existentes entonces eran relativamente complejos y aparatosos, octocópteros, y eran manejados por un piloto desde una base.

Ayer, tan solo tres años después de aquella entrevista, Jeff Bezos anunció que su compañía ya está utilizando drones para el envío de algunos productos seleccionados a una serie de clientes en el área de Cambridge, en el Reino Unido, y publicó vídeos y fotografías de experiencias que prueban que aquella supuesta “idea loca” se ha convertido en una realidad tangible y, además, muy mejorada. De aquellos drones aparatosos de entonces pasamos a aparatos de diseño sensiblemente mejorado, completamente autónomos y capaces de detectar su entorno para evitar posibles colisiones o accidentes. Que las pruebas estén teniendo lugar en la idílica campiña inglesa no es simplemente una cuestión de buscar un entorno abierto y con escasos obstáculos, sino algo derivado del fuerte desafío planteado por la compañía a las autoridades norteamericanas, a las que en diciembre de 2014 amenazó afirmando que se llevaría el proyecto a algún país extranjero si no conseguían aprobar leyes menos restrictivas al uso comercial de los drones y acelerar los procesos de aprobación de los aparatos que la marca pretendía utilizar. Finalmente, ante la imposibilidad de lidiar de manera eficiente con la Federal Aviation Administration (FAA), la compañía optó por trasladar sus instalaciones de investigación a los alrededores de Londres en el Reino Unido, además de mantener las existentes en los Estados Unidos y de abrir otras en Austria e Israel. Toda una lección para legisladores: quien quiera que la tecnología, la investigación, los puestos de trabajo especializados y el valor se generen en su territorio, tendrá que adaptarse rápido.

En tan solo tres años, Amazon ha pasado de un anuncio que muchos juzgaron como estrambótico, a envíos reales, con aparatos reales y a clientes reales. La evolución de la tecnología sigue manteniendo la capacidad de sorprendernos, de hacer que pasemos de la incredulidad más absoluta a las pruebas tangibles en plazos sorprendentemente cortos. Aún hoy, cuando hablas de logística mediante drones en la mayoría de las audiencias, te encuentras con un marcado escepticismo, con simpáticos que hablan de chalados tirando piedras o incluso disparando a los drones como si eso fuese a ser algo habitual de todos los días, de supuestos robos de aparatos que obviamente no sirven para nada y están completamente geolocalizados, o de los supuestos terribles peligros que supone tener esos aparatos volando sobre nuestras cabezas (y eso que la mayoría no sabe aún que son autónomos). Y mientras, Amazon ha invertido en desarrollo, ha puesto su piloto en marcha, y lo ha convertido en un servicio viable, para el que podríamos encontrar unos cuantos casos de uso en los que estaríamos dispuestos a pagar porque un producto llegase a nuestra casa volando – literalmente – en menos de treinta minutos.

Lo mejor contra el escepticismo son los hechos. A muchos les seguirá costando imaginarse un futuro en el que aparatos de este tipo vuelen de manera habitual sobre nuestras cabezas llevando productos de un lado para otro, pero también muchos hace algunos años habrían asegurado que era completamente imposible circular a 310 km/h por una vía entre dos ciudades, o ir de un lado al otro del mundo volando en pocas horas. La diferencia es que antes el ciclo de desarrollo de estas tecnologías desde la idea a la viabilidad comercial era cuestión de varias décadas, y ahora, en estos tiempos exponenciales que vivimos, es cosa de muy pocos años.

Seguiremos escuchando objeciones absurdas durante unos cuantos años. Seguiremos viendo como algunos se quejan de manera lastimera porque tanta velocidad logística pone en peligro negocios ineficientes. Seguiremos presenciando como algunos intentan aplicar non-market strategies, solicitar al regulador que lo prohiba todo, por motivos peregrinos tras los cuales se esconden intentos de evitar lo inevitable, o agoreros que pretenden convencernos para que sigamos haciendo las cosas “como antes” porque “es mejor para nosotros”. A muchos, esto de la velocidad, el progreso y el cambio les provoca calambres y tirones cerebrales. Pero en tecnología, las cosas se mueven como se mueven, mejoran a velocidades inauditas, pasan de concepto a viabilidad en ciclos cada vez menores, y una vez inventadas, si suponen una ventaja real, son imposibles de “desinventar”.

En la campiña inglesa, los drones están empezando a ser una parte más del paisaje. Y en Seattle, un visionario capaz de elevar el valor de una compañía un 44,404% en menos de veinte años o de convertir un viejo periódico en rentable gracias a su actividad online, mira a sus críticos y se ríe con sonoras carcajadas…