IMAGE: Falara - 123RF

Mark Zuckerberg contesta al presidente Trump, que acusó a su compañía de haber sido siempre contraria a sus políticas, y afirma que algo debe estar haciendo bien cuando le critican tanto los que están a favor como los que están en contra. Una respuesta débil, considerando que la compañía consideró en su momento “una idea loca” que hubiese tenido algún tipo de influencia en el proceso electoral norteamericano, cuando ahora sabemos que, efectivamente, fue así. Como se comentó en su momento, no puedes pretender que has influido en el mundo porque has contribuido a alumbrar la primavera árabe, pero después negar tu influencia en otro evento que te pilla mucho más cerca. Ahora sabemos que existió toda una estrategia financiada y llevada a cabo por un gobierno extranjero para inundar las redes sociales con mensajes incendiarios para generar enfrentamiento, y que eso parece haber jugado un papel importante en el hecho de que las elecciones terminasen teniendo el resultado que tuvieron.

Las disculpas del fundador no ocultan la gran verdad: un enorme problema de ingenuidad y de exceso de confianza en la naturaleza humana que afecta no solo a Facebook, sino a la inmensa mayoría del mundo tecnológico. La investigación sobre el mayor robo de información personal de la historia, el acceso no autorizado a la base de datos de Equifax, que ha puesto a millones de norteamericanos en peligro de ser afectados por robos de identidad, parece conducir a conclusiones que apuntan, de nuevo, a una participación de algún gobierno extranjero en el incidente, que pasaría de ser un simple incidente de seguridad de enormes proporciones que se aprovechó de una desastrosa política de seguridad de la compañía, a encuadrarse dentro de una táctica de desestabilización.

Pero no hace falta irse a los grandes incidentes de seguridad o a los enfrentamientos entre países para encontrar ejemplos de esa ingenuidad y exceso de confianza: una de las tecnologías con mayor crecimiento en los últimos tiempos, los asistentes de voz domésticos, con un líder claro, Amazon, marcando la pauta con nuevos lanzamientos, es capaz de llevar a cabo todo tipo de acciones, incluyendo la interacción con dispositivos de todo tipo o la realización de transacciones comerciales, pero no es aún capaz de identificar a las personas por su voz de manera inequívoca y de admitir órdenes solo de su legítimo propietario. ¿De verdad a nadie se le ha ocurrido que esto podía ser una fuente de problemas? ¿Qué hace pensar a quien lanza y populariza una tecnología determinada que la naturaleza humana no llevará a que sea utilizada con malas intenciones, y que nos encontremos desde a publicistas imbéciles fastidiando a través del televisor, hasta a vecinos que pueden abrirnos la cerradura inteligente de nuestra casa simplemente gritando desde fuera un comando a nuestro asistente de voz?

No tenemos un problema de tecnología, tenemos un problema con la naturaleza humana. La tecnología, en realidad, tiene un importante problema de ingenuidad. Y solucionarlo sin dar lugar a un progreso más lento y costoso no va a ser una tarea fácil.

 

Tensión en el sector TIC ante una hipotética independencia de Cataluña - Computer World

Mario Moreno, de Computer World, me llamó para preguntarme mi opinión sobre el posible impacto que el proceso independentista de Cataluña podría tener sobre las inversiones y el desarrollo del sector tecnológico en el territorio, y hoy publica algunas de mis opiniones bajo el título “Tensión en el sector TIC ante una hipotética independencia de Cataluña” (pdf).

Sin ningún ánimo de pronunciarme sobre el proceso – mi pronunciamiento no aportaría ningún valor, no afectaría a nada de lo que está sucediendo y sería sin duda susceptible de ser instrumentalizado, – la pregunta de Mario tiene bastante sentido: Barcelona se ha comportado durante la última década y media como un indudable polo de atracción para la empresa tecnológica, y las perspectivas de inestabilidad actuales y futuras, unidas a la hipótesis de un futuro como país aislado de la Unión Europea, incapaz de obtener acuerdos con su entorno más cercano, con unas finanzas cuando menos complicadas y en una posición abiertamente desafiante solo pueden calificarse, en el mejor de los casos, como de elevada complejidad.

Lo que la industria tecnológica busca en Barcelona está muy claro: una ciudad moderna, con un clima agradable, una economía y una situación política estable, y un buen balance entre ocio y negocio. Sin duda, Barcelona ha sido tradicionalmente una ciudad con un gran atractivo, y así lo han reflejado gran cantidad de inversiones. La última, recientemente anunciada, el desarrollo de un centro de investigación en machine learning por parte de Amazon, que trataría de atraer a más de cien investigadores en ese entorno a partir de principios del año que viene. ¿Es la apuesta de Amazon un intento de poner sentido común y de racionalizar los posibles temores ante un futuro complejo? No, sencillamente es una inversión planificada desde hace tiempo, pactada con numerosos actores, y que estará condicionada a las posibilidades que tenga de fructificar y ofrecer unos resultados adecuados. Las compañías, por lo general, no son ni nacionalistas, ni independentistas, ni de derechas, ni de izquierdas: son pragmáticas y buscan optimizar sus resultados.

¿Cuál es la perspectiva de un investigador que se plantea vivir en una ciudad como Barcelona? Indudablemente, la inestabilidad siempre ha resultado un desincentivo para ese tipo de movimientos. La capacidad de atraer talento se complica, incluso para una compañía como Amazon, si el lugar elegido es una ciudad en la que el entorno político y económico aparece como poco claro, mal definido y, en muchos sentidos, contradictorio. El catalán puede ser muchas cosas, pero difícilmente puede llegar a representar para un extranjero la propuesta de valor que representa el español, uno de los idiomas más hablados en el mundo. Y el futuro, con una España enrocada en el bloqueo a una hipotética Cataluña independiente y unos socios comunitarios que no dejarán de apoyarla en sus decisiones, se presenta como mínimo muy complejo, por mucha impresión de modernidad y estabilidad que se pretenda transmitir. Independientemente de lo que se opine sobre la independencia de Cataluña como causa, no cabe ninguna duda que el método elegido para obtenerla ha sido cualquier cosa menos óptimo, y no parece encaminado a obtener ningún resultado positivo a corto o medio plazo.

¿Qué ocurre cuando las compañías, tecnológicas o no, se encuentran que su inversión en un territorio determinado está amenazada por la inestabilidad, se enfrenta a un futuro muy mal definido y con escasas perspectivas, que no parece definir el entorno más amigable – véanse iniciativas como la reciente turismofobia, las acciones de las juventudes independentistas y las actitudes hacia compañías como Uber o Airbnb – y les complica la posibilidad de atraer talento? Sencillamente, que se plantean establecerse en otro sitio donde la estabilidad sea mayor. Y eso, a todos los sentidos, puede ser un factor más en esa tormenta perfecta que se avecina en los próximos días, seguramente el conflicto peor manejado por todas las partes que hemos podido ver en nuestra historia reciente, y del que dudo muchísimo que nadie vaya a extraer ningún resultado positivo.

 

IMAGE: Julia's Art - 123RFWalmart lanza en pruebas un servicio, en combinación con las cerraduras inteligentes de August, que permitiría a los repartidores de sus pedidos acceder a las viviendas de sus clientes para dejar su compra dentro de la casa en lugar de en el exterior o en casa de un vecino, e incluso podría permitir que esos repartidores metiesen en la nevera o en el congelador los productos que así lo demandasen. El usuario podría combinar, además, otro tipo de dispositivos de creciente popularidad dentro de lo que se ha dado en llamar el smart home para poder controlar que el repartidor lleva a cabo la tarea correctamente, tales como las cámaras de monitorización de Nest u otras, dispositivos de comunicación bidireccionales como Canary, etc.

El producto parece un caso claro de ese tipo de cuestiones que inicialmente pueden parecer una buena idea, pero cuyo paso por el tamiz de la realidad puede generar todo tipo de problemas. La premisa inicial es claramente correcta: un mundo en el que cada vez adquirimos más productos a través de la web para que sean entregados en nuestro hogares termina por generar situaciones de incomodidad logística, en las que el cálculo de las ventanas de entrega acaba generando un verdadero “encaje de bolillos” para cuadrarlas con los momentos en los que hay alguien en el domicilio para llevar a cabo la recepción. Hemos pasado de recibir un mensajero de vez en cuando de manera excepcional, a recibirlos en ocasiones varias veces a la semana o varias veces al día. He escuchado a amigos referirse a la situación de estar en casa esperando por una entrega como que están “en arresto domiciliario”, sin poder salir y pendientes de la puerta. Situaciones como el recurrir a los vecinos, al portero, al envío al lugar de trabajo o a soluciones similares comienzan a convertirse en relativamente habituales.

Indudablemente, la tecnología puede convertirse en una manera de aliviar ese tipo de situaciones. Una cerradura inteligente puede, en efecto, dar acceso una sola vez a un repartidor que llega con un pedido, y las instrucciones sobre dónde dejarlo o sobre si guardar algo en la nevera o en el congelador pueden especificarse en el momento de encargar la logística. Sin embargo, la idea de permitir que un extraño entre en tu casa puede resultar incómoda para muchos mientras no se convierta en algo muy habitual y aceptado, y en caso de querer controlar sus acciones mediante una cámara, la situación se complica aún más. De nuevo, una cámara como los últimos modelos de Nest, Canary u otras permite no solo ver desde un smartphone u ordenador la zona a la que apunta, sino también mantener un diálogo bidireccional con quien esté en su campo de visión, pero imaginarnos ese momento, técnicamente factible, en el día a día y en manos de personas normales de carne y hueso, no de ingenieros de sistemas, puede que no resulte tan sencillo, y que situaciones aparentemente sencillas terminen por resultar desde simples fuentes de anécdotas, hasta auténticos problemas.

¿Funcionará? ¿Se normalizará que los repartidores de pedidos puedan acceder a nuestras casas mediante una cerradura inteligente y dejarnos el pedido en la nevera o el congelador si los productos lo requieren? Que un gigante de la distribución lo plantee como una manera de enfrentarse al creciente dominio de Amazon nos podría dar una pista de ello, aunque en caso de funcionar y de llegar a convertirse en elemento diferencial, podría sin duda ser rápidamente imitado o mejorado. Por el momento, Walmart ha optado por hacer su prueba piloto en la zona más techie del planeta, Silicon Valley, mediante un sistema de opt-in que asegure que los usuarios sepan que están prestándose como voluntarios para un experimento, y sin definir todavía el coste adicional que representará para el usuario, en caso de que se decida que así sea. Hace un par de meses, Jet.com planteó un sistema similar mediante un acuerdo con Latch, un sistema de cerraduras sin llave para edificios de apartamentos relativamente popular en Nueva York, ofreciendo la instalación gratuita del sistema a unos mil edificios con el fin de poner a prueba la experiencia de los usuarios, en un movimiento que lógicamente resultaba interesante tanto para incrementar la popularidad del supermercado online recientemente adquirido por Walmart, como para la visibilidad del fabricante de cerraduras, pero no he visto aún ningún resultado publicado sobre la experiencia.

¿Abriríais la puerta de vuestra casa vacía a un repartidor para que os dejase un pedido?

 

IMAGE: Kirsty Pargeter - 123RFLas últimas noticias en el panorama logístico indican una tendencia cada vez más significativa: el intento de desarrollo de nuevas plataformas, operadores y canales apoyados por los gigantes del comercio electrónico, que permitan hacer frente a las carencias y problemas que les generan en sus operaciones los operadores logísticos tradicionales.

La reciente adquisición de Amazon en el Medio Oriente, Souq, anuncia a su vez la compra de Wing.ae, una plataforma de agregación y gestión de operadores logísticos, con el fin de consolidar en la región sus capacidades para la logística de entrega en el mismo día o al día siguiente, habitual en Amazon Prime. El enorme éxito del comercio electrónico en los países árabes se debe en gran medida a factores climáticos y culturales, pero se encuentra con unas infraestructuras no siempre ideales, y con un panorama de proveedores tradicionales no especialmente enfocados a la provisión de servicios al nivel que las compañías demandan. La llegada a la región, a través de Souq.com, de un monstruo como Amazon, que lleva a cabo el 43% de todas las ventas online y envía nada menos que 1.6 millones de paquetes al día en todo el mundo, supone una enorme presión para los operadores logísticos tradicionales: nadie quiere perderse el negocio del gigante, pero sin duda, este impone un volumen y unos márgenes que implican importantes tensiones en la estructura de estas compañías para poder preservar su rentabilidad.

Otra compañía, Best, respaldada por el otro gran gigante mundial del comercio electrónico, Alibaba, anuncia su salida a bolsa en los Estados Unidos, donde tratará de levantar 932 millones de dólares. La compañía, basada en Hangzhou y dirigida por Johnny Chou, anteriormente presidente de Google en China, se uno a otros cuatro grandes operadores chinos que han salido a bolsa recientemente, tres de ellos en el mercado chino y otro más en el norteamericano, con el fin de captar recursos para enfrentarse a las demandas de inmediatez y calidad de servicio impuestas por el comercio electrónico.

Las tensiones que el desarrollo y adopción del comercio electrónico impone a los operadores logísticos tradicionales se están dejando ver en la práctica totalidad de los mercados: en España se han publicado recientemente noticias hablando sobre el malestar de las compañías a la hora de trabajar con Amazon, y sobre las posibles intenciones de la compañía de adquirir alguna compañía o crear un servicio logístico propio. Para las compañías de comercio electrónico, la logística se convierte en prácticamente todos los casos en la mayor fuente de quejas y problemas con los clientes: al incrementarse el volumen, los operadores amplían el número de envíos por ruta, obligando a sus repartidores a incurrir en mala prácticas como la de saltarse envíos argumentando que no había nadie en el domicilio. Por su parte, Amazon ya ha experimentado con la creación de servicios logísticos propios en algunos países para su Amazon Fresh, plantea hacerlo de una manera más intensa en los Estados Unidos tras la adquisición de Whole Foods, y plantea incorporar nuevos almacenes, canales y posibilidades, como el reparto mediante drones, para determinadas opciones.

El reparto aéreo, de hecho, se anuncia como una de las fuentes más importantes de innovación en logística, y Amazon pretende posicionarse fuertemente en ese canal: su servicio con drones autónomos en los alrededores de Londres ya está operativo en modo de pruebas con clientes y productos reales desde diciembre del pasado 2016, y la compañía ha patentado metodologías muchísimo más futuristas que incluyen edificios a modo de colmenas de las que entran y sales drones en áreas metropolitanas, y hasta almacenes flotantes con aspecto de zepelines desde los que bajan los drones a los domicilios de los clientes. Futurista o no, todo indica que la logística de proximidad está pasando de ser un servicio basado en redes de repartidores, motos y furgonetas, para pasar a ser un negocio en el que la tecnología juega un papel cada vez más importante, con cada vez más drones y vehículos autónomos, una situación que podría pillar en fuera de juego a muchos de los competidores tradicionales a poco que se descuiden.

Para compañías como Amazon o Alibaba, el interés de crear su propia logística frente a trabajar con proveedores externos es relativo: el negocio no es sencillo, exige grandes inversiones y un importante nivel de expertise. Sin embargo, la criticidad del mismo en su negocio y los problemas que genera depender de los servicios de un tercero podrían impulsar esas iniciativas, que probablemente seguirían la misma dinámica que la compañía norteamericana ha seguido en otras ocasiones: primero crear el servicio para sí misma, y posteriormente abrirlo a terceros en modo plataforma. Para los competidores tradicionales, un compromiso complejo: tratar de estar a la altura de las nuevas demandas que impone el servicio en una hora o en el mismo día que demanda el cliente del comercio electrónico, o ver cómo surgen nuevos operadores creados o alimentados por los gigantes de esa industria. La logística, en un contexto de tecnologías completamente renovadas, se dispone a enfrentarse a su momento de la verdad.

 

Dropbox logoInteresantísimo artículo en TechCrunch, Why Dropbox decided to drop AWS and build its own infrastructure and network, acerca de las razones que, entre 2014 y 2016, llevaron a Dropbox a la decisión de abandonar los servicios de almacenamiento de Amazon AWS, en donde habían alojado los contenidos de sus usuarios desde el origen de la compañía en 2007, y construir su propia red de centros de datos e infraestructuras.

Sobre la decisión y la migración había leído un artículo más detallado y amplio en 2016, y me había parecido un caso de libro sobre la importancia de tener el control de los elementos que sostienen la ventaja competitiva de las compañías, una de mis más habituales discusiones con emprendedores en el contexto de mi trabajo como profesor en IE Business School: cuando te dedicas a un tema específico, los elementos y tecnologías concretas que sostienen tu actividad deben estar completamente bajo tu control, no subcontratados a un tercero, por bueno que sea.

En este caso, la cuestión es clara: los servicios de almacenamiento de Amazon son indudablemente buenos y competitivos: hablamos del líder absoluto del mercado, de una compañía con una importantísima experiencia y una enorme infraestructura que es capaz de mantener con unos niveles de servicio envidiables: nadie está completamente libre de errores, pero en general, los de Amazon son muy pocos, aunque obviamente se hable de ellos porque cuando tienen lugar, ponen la red completamente patas arriba. Lo de Dropbox no era, en absoluto, una situación de descontento con su proveedor o con sus condiciones: el servicio había nacido allí en junio de 2007, había ido creciendo hasta llegar a los trescientos millones de usuarios a mediados de 2014, y se había convertido en uno de los principales servicios de almacenamiento que personas de todo tipo, incluyendo usuarios corporativos no autorizados, utilizaban habitualmente en su día a día.

Sin embargo, la cuestión, como comentábamos,  no viene de un problema con las características del servicio, con su calidad o con su precio, ni de un descontento con el proveedor: viene, sencillamente, de la convicción de que si una tecnología supone la base de una compañía, debe estar bajo el control de la propia compañía. Si preguntamos a cualquiera qué es Dropbox, la respuesta sería inequívoca: Dropbox es almacenamiento. ¿Tiene sentido que una compañía que vende almacenamiento lleve a cabo precisamente ese almacenamiento en la infraestructura de un tercero? ¿Qué cabría esperar de una compañía como Dropbox? Sencillamente, que fuese uno de los mayores expertos mundiales en almacenamiento, un expertise que únicamente puede construir de manera sostenible y competitiva si tiene el control de esa tecnología y de los desarrollos constantes que requiere para mantenerla al día.

Consecuentemente, Dropbox acometió la ingente tarea de migrar a más de quinientos millones de usuarios y a unas doscientas mil compañías clientes a una nueva infraestructura, a centros de datos construidos por la propia Dropbox, un proyecto brutal para una empresa con unas 1,500 personas en plantilla y, en aquel momento, tan solo alrededor de una docena de ellas dedicadas a infraestructura. Como decisión, un reto brutal, que conlleva entre otras cosas cambiar el tipo de compañía que has sido, tratar de atraer un talento que hasta el momento no habías precisado, y convertirte en muy competitiva en un entorno en el que existen muchas compañías que lo hacen muy bien y a una enorme escala. Una tarea en absoluto fácil, pero sin duda, muy consecuente, y muy enfocada a la sostenibilidad a largo plazo.

Esa es, precisamente, mi discusión con numerosos emprendedores: si la tecnología forma una parte importante del negocio que estás intentando montar, tienes que tener el control de esa tecnología. Una empresa que aspira a convertir la tecnología en la base de su ventaja competitiva, tiene necesariamente que tomar en sus manos el control de esa tecnología, debe desarrollarla forzosamente in-house si quiere aspirar a algo. Esa teoría de que basta con tener la idea, hacer un business plan y, posteriormente, salir a buscar proveedores para la tecnología que la soporta es, en la inmensa mayoría de los casos, un tremendo error, y el hecho de que ese proveedor sea buenísimo o incluso se implique tomando una participación de la compañía no arregla el tema: seguirás siendo una compañía que vende algo que no construye, no domina, y en donde no puede aspirar a estar a la altura de los cambios que vayan surgiendo – que sin duda, surgirán. Cuando una tecnología es la base de lo que haces, esa tecnología deja automáticamente de ser una commodity que puedes adquirir en cualquier sitio, y pasa a ser algo que debes dominar a la perfección, en todos sus aspectos y matices: algo que pasa a ser demasiado importante como para dejarlo en manos de un tercero.

La lección de Dropbox es, en ese sentido, muy buena: no importa cómo de exitoso sea o haya sido tu servicio, o cómo de complejo pueda llegar a ser el plantearse un proyecto para cambiarlo: si vendes algo, debes identificar cuál es esa base fundamental de lo que vendes, controlarla completamente y convertirte en un experto en ella. Si no, serás un simple intermediario que tu proveedor podrá plantearse saltar si llega el momento en que tu negocio resulta suficientemente rentable o interesante como para ello, y carecerás del nivel de expertise suficiente como para ser de verdad competitivo o para atraer y retener talento relacionado. Con todo lo que ello conlleva.