Yahoo! threadLos últimos resultados de Yahoo! no fueron buenos, como ya es casi costumbre. La compañía sigue siendo un auténtico zombie, no solo por su condición de muerto viviente, sino también por su capacidad de convertir en zombie todo aquello que toca, como ha ido ocurriendo con casi todas sus adquisiciones. No conozco a prácticamente nadie que utilice Yahoo! para prácticamente nada, más allá de encontrarse de vez en cuando alguna noticia republicada en Yahoo! News.

Sin embargo, esta última comunicación a accionistas contenía un detalle: la compañía firma un acuerdo no exclusivo de tres años con Google para poder utilizar sus resultados de búsqueda y su publicidad como fuente de ingresos además de los de Bing. En la práctica, Yahoo! mira hacia Google para intentar salvarse de un descenso prolongado en su cuota de mercado de búsqueda – tenía alrededor de un 20% del mercado norteamericano cuando decidió firmar con Microsoft para utilizar su tecnología, y está ahora en torno al 12% – e intenta detener esa caída complementando aquel acuerdo de entonces con otro acuerdo no exclusivo adicional.

La gran verdad es que Yahoo! es una empresa sin alma, sin identidad y prácticamente sin posibilidades. La que fue una de las primeras grandes y míticas empresas puntocom se dedicó durante demasiados años a dilapidar toda su ventaja, a perder su personalidad y cultura, a sacrificar su innovación entregándola a terceros, a comprar empresas prometedoras para condenarlas a la irrelevancia y, básicamente, a no saber a qué se dedicaba. El acuerdo con Google significa un cambio en el mapa de poder de los buscadores en los Estados Unidos, pero llega en un momento en el que ya a muy poca gente le preocupa o le afecta lo que haga o deje de hacer Yahoo!, porque la mayoría de sus usuarios lo son por pura fuerza de la costumbre o porque no han mirado mucho más allá. Que los resultados de búsqueda de Yahoo! puedan supuestamente mejorar su calidad porque ahora puedan, además de los de Bing, ser también los mismos que ofrece Google no parece, como tal, una gran ventaja.

Para Yahoo! no ha funcionado ni fichar a un directivo de Hollywood, ni volver a poner al frente a uno de sus fundadores, ni hacerse con los servicios de una estrella de Google como Marissa Mayer: todo ha sido una espiral descendente y una progresiva desaparición del radar competitivo. Cuando ya lo único que te planteas para sobrevivir es ofrecer a tu descendente base de clientes los servicios de terceros, poco queda de lo que un día pudiste ser. Hoy, Yahoo! tiene ya muy poco sentido para nadie: su página es una reminiscencia del pasado, un híbrido entre un portal de los de finales de los ’90, una especie de agencia de noticias, un buscador que nadie utiliza, una red de publicidad con actividad descendente, y un conjunto de adquisiciones incoherentes. Un verdadero desastre.

El acuerdo con Google solo significa una cosa: que Marissa Mayer aún conserva suficientes amigos en su anterior empresa como para que la reciban y le firmen un acuerdo que le permita obtener algunos ingresos por publicidad en sus búsquedas. Sí, Yahoo!, la que fue la estrella de la internet de mediados de los ’90, lo sigue intentando… pero no parece que vaya a conseguir gran cosa.

 

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Netflix logoDesde Burson-Marsteller me pidieron un pequeño análisis de la entrada de Netflix en el mercado español, que tuvo lugar esta pasada madrugada, con el fin de preparar un documento para distribuir entre su comunidad de directivos. Previamente, he escrito sobre la compañía en un buen número de ocasiones.

El resultado son estas cinco páginas en modo position paper titulado “Netflix: un análisis preliminar de su entrada en el mercado español” (pdf), en el que trato de hacer un análisis dinámico, no basado únicamente en lo que Netflix es en el momento de su entrada en el país, sino de tratar de prever su evolución en función de lo acaecido en mercados próximos o dotados de cierta afinidad, como es el caso de Francia.

El resultado es una visión sensiblemente más optimista con respecto a lo que he podido ir viendo en otros sitios, con una previsión que sitúa a Netflix como uno de los actores más relevantes en el panorama audiovisual español a medio y largo plazo. Un panorama de mercado clarísimamente inmaduro, en el que ninguna de las ofertas existentes se parece a Netflix ni lo más mínimo ni comparte siquiera filosofía o planteamientos iniciales, y en el que la oferta inicial no es en absoluto determinante, sino tan solo uno de los ingredientes a tener en cuenta.

 

Book scannerLa sentencia del caso Authors Guild vs. Google Books, que afirma por unanimidad de los letrados de la Corte de Apelación que la digitalización de libros por parte de la compañía es un proceso perfectamente legal que cae dentro de los supuestos de fair use (uso legítimo o razonable), permite reflexionar acerca de la esencia del copyright y lo que se supone que debería proteger.

En la imagen, un escáner para libros. En realidad, los escáneres diseñados y construidos por Google para ese fin son bastante más eficientes, y han sido utilizados para construir, desde que en el año 2004 inició sus trabajos bajo el nombre de Google Print, el mayor repositorio digitalizado de libros de la historia de la humanidad.

La labor de la compañía a la hora de poner en práctica su misión, “organizar la información del mundo y hacerla accesible y útil de forma universal”, no debe ser minimizada: hablamos de un total de 129 millones de libros publicados antes de que el libro fuese como tal un producto digital, y en el año 2013, se calcula que Google había escaneado unos treinta millones de ellos y planeaba terminar con el resto en alrededor de una década. Un trabajo ímprobo considerando que simplemente determinar ese número, obtenido a través de la indexación y deduplicación de catálogos de todo el mundo, resultaba en sí una tarea compleja, que muchos de esos libros no están disponibles con facilidad, y que el escaneado es un trabajo complejo, laborioso y sujeto a errores. Hacer que todos esos libros estén disponibles a la hora de hacer una simple búsqueda en un navegador es una de esas cuestiones que nos lleva a plantearnos la dimensión de una compañía que en muchas ocasiones plantea su innovación en forma de moonshots, de auténticos brindis al sol aparentemente imposibles… hasta que se ponen manos a la obra. 

Que en el contexto de semejante obra llegue una asociación de autores y denuncie a Google por infracción al copyright ya debería ser, de por sí, algo capaz de definir la naturaleza del denunciante. Google no digitaliza los libros para ponerlos directamente a disposición del público, sino simplemente para que puedan convertirse en resultado de una búsqueda, con respeto a las decisiones del propietario de los derechos sobre la cantidad de información que puede mostrarse como resultado de la misma. Sin embargo, el caso ha sido planteado ya en varias ocasiones, argumentado de las maneras más peregrinas posibles (“¿y si Google fuese hackeado y nuestros derechos de autor violados por un tercero?”), y ha tenido que ser una Corte de Apelación la que decida a favor de la compañía. El Authors Guild podría plantearse aún apelar al Tribunal Supremo, pero dada la unanimidad de la decisión anterior, sería probable que incluso en ese caso, la apelación no fuese aceptada.

¿Cuál es la razón fundamental que argumenta la existencia del copyright? Como bien expone la sentencia,

“The ultimate goal of copyright is to expand public knowledge and understanding, which copyright seeks to achieve by giving potential creators exclusive control over copying of their works, thus giving them a financial incentive to create informative, intellectually enriching works for public consumption. This objective is clearly reflected in the Constitution’s empowerment of Congress “To promote the Progress of Science (…) by securing for limited Times to Authors (…) the exclusive Right to their respective Writings.” Thus, while authors are undoubtedly important intended beneficiaries of copyright, the ultimate, primary intended beneficiary is the public, whose access to knowledge copyright seeks to advance by providing rewards for authorship.”

[El objetivo final del copyright es ampliar el conocimiento y la comprensión pública, algo que el copyright trata de conseguir dando a los creadores potenciales un control exclusivo sobre la copia de sus obras, ofreciéndoles así un incentivo financiero para crear trabajos informativos e intelectualmente enriquecedores para el consumo del público. Este objetivo se refleja claramente en el mandato de la Constitución al Congreso, “promover el progreso de la ciencia (…) asegurando por un tiempo limitado a los autores (…) el derecho exclusivo sobre sus respectivos escritos”. Así, mientras que los autores son, sin duda, importantes e intencionados beneficiarios del copyright, el beneficiario primario y último previsto es el público, cuyo acceso al conocimiento es lo que el copyright busca mejorar al ofrecer recompensas por la autoría.]

Las cosas claras: sí, los autores se benefician económicamente del copyright, pero en último término, el papel del copyright es el de fomentar el acceso del público a las obras creadas. Algo que unos cuantos deberían leer muchas veces, o incluso memorizar, antes de tomar determinadas decisiones.

Para Google, la sentencia es muy importante, el final de una larga lucha legal que da sentido a muchas cosas. Pretender que la compañía pague por hacer indexable determinada información esgrimiendo que se trata de una supuesta “infracción del copyright” es algo que va contra la naturaleza y la razón de la existencia del propio copyright: las interpretaciones ultra-restrictivas del copyright, en último término, nos perjudican a todos. Ni siquiera el valor comercial del servicio creado por Google impide que sus acciones puedan ser clasificadas como uso legítimo o razonable. El copyright no es un derecho escrito en piedra y que ponga al autor por encima de todas las cosas – y mucho menos, si en su siniestra evolución, termina por beneficiar ya no al autor, sino al editor o al comercializador de las obras. La idea de que digitalizar algo para permitir que fuese indexado era algo que atentaba contra el copyright suponía una amenaza a la mismísima esencia de lo que es y debe hacer un motor de búsqueda. Era, simplemente, una idea estúpida, y más aún en pleno siglo XXI.

A ver si algunos talibanes del copyright van entrando en razón.

 

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Gobierno de EspañaMi columna en El Español de hoy, titulada “Un gobierno contra internet“, es un resumen de la enorme indignación que me provoca ver cómo un gobierno integrado por incompetentes y desfasados tecnológicos ha sido capaz, a lo largo de cuatro años, de destrozar la imagen de España a nivel internacional, de convertirla en un país rancio y del que solo se pueden esperar actitudes en contra de la tecnología y la innovación.

Un país en principio atractivo por condiciones de vida, por clima y por nivel de desarrollo, convertido en un sitio que cualquier emprendedor intentaría evitar por todos los medios posibles. Un auténtico desastre fraguado a lo largo de cuatro años de no entender nada: la tragedia de un gobierno desactualizado. No sé si más desactualizado que el gobierno anterior, el anterior o el anterior, pero decididamente, uno con el que el desfase se ha hecho tan grande, que nos ha llevado a un máximo de percepciones negativas. Algunos todavía creen que esto de la actitud de un gobierno ante internet, la tecnología o el emprendimiento es una cuestión meramente anecdótica, que debe quedar relegada ante “los grandes temas”, la economía, etc. No, no es así. Curiosea un poco los enlaces de la columna, y lo verás. La actitud ante estas cuestiones representa una prueba de otras muchas cosas, una actitud ante la vida, una forma de demostrar lo poco que entienden el mundo actual.

Esperemos que sea el último gabinete que tengamos que ver con semejante tipo de actitudes. Fuera con ellos. Que pase el siguiente, por favor…

 

Lateral thinking (E. Dans)Me gustó este artículo en Wall Street Journal, How non-technology firms are trying to mimic startups, sobre la reciente tendencia de las compañías de montar laboratorios de innovación con estructuras y políticas diferentes a las que rigen en la empresa tradicional, con el fin de explorar posibles tendencias y desarrollos que, eventualmente, puedan desencadenar algún tipo de disrupción.

La idea tiene mucho que ver con mis nociones sobre el pensamiento lateral o sobre el isomorfismo, la tendencia de las compañías a parecerse a su entorno normativo, y cómo actúa sobre las empresas para convertirlas en entornos en los que la innovación se ve progresivamente más y más dificultada. Por supuesto, una parte del isomorfismo corresponde pura y simplemente a la búsqueda de la eficiencia: todo banco termina por parecerse a un banco del mismo modo que toda universidad termina por parecerse al resto de las universidades, simplemente porque los procedimientos, flujos de trabajo y habilidades que emplea son los más lógicos para esa tarea. Pero otras fuentes importantes del isomorfismo, como las normativas, la estandarización o la incorporación de personas de otras compañías de la misma industria terminan por hacer que las empresas se parezcan todas entre sí, y diluyan toda esperanza de innovación bajo un manto de “así se hacen las cosas porque es como se han hecho siempre”. En ese momento, algún innovador rompe alguna de las reglas establecidas, hace las cosas de otra manera despreciando algunos de los elementos tomados como indispensables, y genera una disrupción.

Para una compañía consolidada y que funciona adecuadamente la idea de crear un laboratorio de innovación donde se cuestionen los elementos fundamentales del negocio, se esté completamente al cabo de la calle de todas las tendencias con posibilidad de convertirse en disruptivas, y se opere al margen de la operativa tradicional puede parecer un importante drenaje de recursos y un gasto difícil de justificar. Sin embargo, cada día nos encontramos con más casos en los que las empresas no descubren procesos disruptivos hasta que resulta demasiado tarde, y terminan por intentar oponerse a los mismos con actitudes prácticamente infantiles y desesperadas, que en muchos casos no hacen más que empeorar las cosas.

Por alguna razón, todos los bancos saben que block chain es una tecnología que tiene la capacidad de generarles un importante nivel de disrupción, pero toda la innovación que se ve en torno a esta tecnología se ubica en startups y en compañías que nada tienen que ver con la banca tradicional, y siempre que la banca tradicional intenta innovar en este sentido, se ve constreñida en sus posibilidades por elementos que lo impiden, por una aceptación tácita de muchas de las cuestiones que esas startups deciden ignorar y convierten precisamente en el motor de la diferenciación de su propuesta de valor. No, las empresas consolidadas no tienen que incorporar en su operativa todos los elementos de las startups, entre otras cosas porque los ratios de mortalidad de las startups son dramáticamente superiores a los de estas compañías, pero sí tienen que aprender a incorporar determinados elementos que caracterizan sus procesos de generación de innovación. Que se lo digan a Google y a su nueva estructura organizativa.

Si alguna empresa quiere pensar sobre estos elementos y de qué manera no perderlos de vista construyendo estructuras como las que menciona el artículo, es una gran parte de lo que estoy intentando enseñar en mi programa actual de innovación en IE Business School. Y los casos prácticos de discusión siempre vienen de maravilla.

 

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