Bitcoin price (Dec. 2017)

Con el precio del bitcoin superando los once mil dólares cuando a principios de este año no alcanzaba aún los ochocientos, miles de personas carentes de la más ligera noción de lo que es o representa un bitcoin se han lanzado a una espiral especulativa sin precedentes, más parecida a la fiebre del oro que a cualquier decisión de inversión mínimamente racional. Así las cosas, el Internal Revenue Service norteamericano ha solicitado al mayor proveedor de servicios relacionados con criptomonedas, Coinbase, un listado de todos aquellos clientes que hayan movido más de veinte mil dólares en su plataforma, un total de 14,355 usuarios. El IRS comenzó pidiendo a Coinbase los datos de la totalidad de sus usuarios incluidas todas sus comunicaciones y mensajes, a lo que la compañía respondió apelando a un juez, que estimó la solicitud excesiva.

¿Qué espera encontrar el IRS en los datos solicitados? Sencillamente, indicios de posibles ganancias no declaradas, dado que frente a los más de seis millones de usuarios de Coinbase, menos de mil norteamericanos en todo el país incluyen actualmente algún tipo de criptomoneda en sus activos a declarar.

Los intentos del IRS por controlar los ingresos obtenidos mediante la especulación en criptomonedas suponen una cierta oficialización de lo que es o deja de ser una transacción de este tipo, o mejor, una constatación de que, independientemente de lo que sea, si alguien está usándolo con propósito especulativo y obteniendo ganancias económicas, la hacienda pública quiere mantener un control de esa actividad y, por supuesto, su parte correspondiente. Para abrir una cuenta en un servicio como Coinbase, la plataforma solicita a los usuarios pruebas de identidad fehacientes como una imagen de su documento nacional de identidad, pasaporte o similar, lo que permite la identificación de esos usuarios.

La idea de bitcoin y otras criptomonedas convertidas en el símbolo de la economía del futuro, en un supuesto mundo en el que los millonarios se definen en función de que tengan más o menos de un bitcoin en su poder, ha arrastrado a una gran cantidad de personas con elevadas dosis de codicia e ignorancia a abrirse cuentas en servicios para hacer transacciones con algo que desconocen completamente, lo que viene a definir los elementos adecuados para la creación de una burbuja.

Las bases de creación de bitcoin como moneda virtual pueden tener sentido como esquema económico, pero su desarrollo, sin embargo, está dejando más que desear. Aunque algunas compañías que ofrecen servicios asociados con bitcoin ofrecen tarjetas de débito con las que hacer transacciones en bitcoins en tiendas y cajeros automáticos de todo el mundo, la operatividad de utilizar el bitcoin como moneda es más bien escasa, dado que cada transacción plantea el problema de que tiene que ponerse en cola y esperar a que alguien inscriba la transacción, un proceso que, en momentos de elevada actividad como los actuales, puede llevar varios días o demandar una comisión superior para que sea adecuadamente priorizada. En general, la operatividad de un medio económico que cueste por transacción la energía eléctrica que un hogar medio gasta en una semana o que genere un ecosistema transaccional que gasta más energía en un año que toda Irlanda es algo que debería merecer un cierto cuestionamiento, un pequeño paso por el tamiz del sentido común. Y por cierto, si el valor del bitcoin y de todas las criptomonedas está basado en un algoritmo transaccional que regula su emisión… ¿tiene sentido que cada poco tiempo haya un nuevo fork que da lugar a una nueva versión o a una nueva criptomoneda? ¿Tiene lógica, en un contexto regulado por la escasez, que vayamos creando el Bitcoin Gold o el Bitcoin Cash, además de toda la pléyade de distintas criptomonedas existentes en la actualidad?

Pero más allá de los elevados – y progresivamente mayores, debido a la naturaleza del algoritmo – costes de transacción, deberíamos plantearnos otros elementos de lógica: ¿tiene sentido que, con el fin de utilizarlo como forma de almacenar un valor, los bitcoins en propiedad de algunos clientes tengan que ser ahora almacenados en papel en cajas fuertes en el interior de refugios en montañas en los alpes suizos, lo que los convierte en una alternativa en absoluto superior al oro en términos operativos? ¿Tiene de verdad sentido que, en pleno siglo XXI, tengamos que volver a los métodos y tecnologías que se utilizaban en plena Edad Media?

El paper original con el que Satoshi Nakamoto dio origen al bitcoin puede tener sentido desde un punto de vista académico, puede ser – y es – una solución elegante para un problema complejo, pero… ¿está siendo su operacionalización y desarrollo como elemento transaccional algo que también lo tenga, o deberíamos revisar esos principios básicos? ¿Tiene sentido el momento actual que vivimos en torno al bitcoin y a otras criptomonedas?

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