Google Home

Ayer día 19 de junio, Google lanzó en España su familia de productos Google Home, que incluye su asistente de voz, su versión mini, y Google Wifi, un sistema de routers repetidores de señal que actúa como una red mesh inteligente. Generalmente, no suelo comentar noticias de lanzamientos de productos en mercados locales, pero en esta ocasión, me parece interesante, sobre todo por lo que conlleva con respecto a una variable cada vez más fundamental en tecnología e innovación: el time-to-market, el tiempo que transcurre entre que un producto es concebido y está finalmente disponible para la venta.

En el caso de las compañías tecnológicas, se da una curiosa paradoja: la lucha más importante por el time-to-market tiene lugar en el mercado doméstico de la mayoría de ellas, los Estados Unidos, pero posteriormente, se descuida completamente en otros mercados que, desde un punto de vista cuantitativo, pueden representar magnitudes mucho más importantes. El tiempo que transcurre entre los lanzamientos norteamericanos y los internacionales parece alargarse cada vez más, el desfase entre ls disponibilidad de tecnologías en manos del consumidor norteamericano y el de otros mercados se prolonga aparentemente más en el tiempo, y esos mercados que ahora parecen recibir la consideración de “secundarios”, a pesar en muchos casos de su indudable importancia cuantitativa, reciben una atención muy escasa, relegada al juicio de simples ejecutivos de ventas, de directores de equipos comerciales con un enfoque y una visión habitualmente mucho más táctica que estratégica.

Este tipo de consideraciones pueden ser las que han llevado a una compañía como Amazon, que originalmente se destacó de manera clara en el lanzamiento de la categoría de los asistentes domésticos, a ceder su inicial dominio en muchos mercados nada menos que a Google, que no es precisamente el mejor de los enemigos con los que competir. Los llamados smart speakers se han convertido en la categoría de mayor crecimiento en el segmento de la tecnología de consumo, con un crecimiento del 210% y unos nueve millones de unidades vendidas en el primer trimestre de 2018. Y lo interesante es que, según Canalys,  por primera vez desde la creación de este mercado, Google ha adelantado a Amazon como líder en ventas, con 3.2 millones de Google Home vendidos frente a los 2.5 millones de Amazon Echo. Una estrategia diseñada por una Google que no quería verse como segunda en un mercado que considera la nueva barra de búsqueda – con connotaciones, además, complejas y peligrosas, dado que solo ofrece un resultado en lugar de una lista de diez enlaces – y que ha conseguido remontar la partida para convertirse ya en el actor que más crece no solo en el mercado norteamericano, sino también en muchos mercados internacionales en los que está consiguiendo tomar la delantera.

¿Hasta qué punto le ha dado Google la vuelta a la tortilla? Si en el primer trimestre de 2017, Amazon dominaba las ventas de nuevos dispositivos con una cuota del 80%, un año después, Google vende un 32% frente al 28% de Amazon. El crecimiento en ventas de año a año de Amazon se queda en un 8%, frente al 483% de Google en esta categoría. Podemos obviamente argumentar que estamos comparando un competidor con un mercado ya considerado maduro – el lanzamiento de Amazon Echo se produjo en noviembre de 2014, dos años antes que el de Google Home – con uno mucho más reciente y en el que ese incremento tiene lugar sobre una base numérica mucho más pequeña: Amazon Echo sigue siendo el indudable dominador del mercado con gran diferencia, un 43.6% de la base instalada global frente a un 26.5% de Google Home, pero a pesar de una fuerte renovación del producto y de la introducción de muchos modelos en su línea, no logra contrarrestar el empuje de Google en la categoría, que además, en términos mundiales, está aún experimentando el fuerte despegue del mercado chino (1.8 millones de dispositivos frente a los 4.1 millones de los Estados Unidos), que está teniendo lugar con dispositivos fabricados en ese país que, posteriormente, llegarán sin duda a los mercados internacionales .

En este momento, Amazon Echo únicamente está disponible en los Estados Unidos, Reino Unido, Alemania e India, mientras que en países como España se encuentran aún en una interminable fase de pruebas y ultimando los ajustes del dispositivo al idioma. Google, gracias fundamentalmente al desarrollo de Google Assistant en el smartphone en la práctica totalidad de los mercados, puede llevar a cabo esa adaptación a mercados locales de una manera mucho más rápida, y está presente ya, además de en Estados Unidos, Canadá y Australia, en países como Alemania, India, Francia, Italia, Japón, y ahora España. En términos de machine learning, Google está cumpliendo lo que prometió: ganar en el mercado porque sus productos aprenden más rápido que los de sus competidores.

En muchos sentidos, Amazon ha cargado con la tarea de educar al mercado en el uso de una nueva categoría de dispositivos, ha tenido que lidiar con todos los problemas iniciales de desconfianza, de recelos hacia un aparato con nueve micrófonos que permanece en el salón de casa escuchando y esperando por la palabra mágica que lo activa, y se ha tenido que enfrentar con todo tipo de cuestiones, desde la policía demandando posibles grabaciones para ser utilizadas como pruebas, a errores que llevan a que alguien envíe una grabación de su actividad inadvertidamente a un tercero… mientras Google ha llegado prácticamente “a mesa puesta” con un producto similar que viene a ser una traslación de lo que ya tenía más que probado y experimentado en el smartphone, y que simplemente ha adaptado a un nuevo dispositivo más especializado.

Un interesantísimo caso de cómo utilizar estratégicamente el time-to-market en nuevas categorías de productos innovadores y de electrónica de consumo, en una categoría que podría terminar siendo muchísimo más importante de lo que algunos piensan. Y en la que, como ocurre en tantas ocasiones, no siempre gana necesariamente el que ríe primero.

 

Hoy en la oficina. “Tenemos una mala noticia. Tenemos competencia”. Casi me echo a reír porque para empezar no soy de aquellos que no le tienen miedo a nuevos competidores. Considero que es sano para cualquier negocio saber que hay gente detrás o por delante de ellos que quieren robarle la tarta del plato.

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Esto es lo que te aporta cualquier tipo de competencia.

  1. Puedes aprender de sus aciertos y errores acelerando el propio proceso de aprendizaje.
  2. Eres más creativo e implementas más ideas porque estás obligado a hacerlo. O te mueves o mueres.
  3. Mejoras tu atención al cliente porque sabes que hay otro ahí fuera que nada más está esperando que metas la pata.

Así que para de pensar que la competencia es tu problema. Es más bien la solución para todos los asuntos pendientes que sabes que tienes y no acabas de atacar con fuerza. Ahora te obligan a hacerlo. A veces es bueno no tener alternativas. ;)

IMAGE: Nick Youngson CC BY-SA 3.0 Alpha Stock ImagesUna compañía es un ente relativamente abstracto, formado por una amalgama de individuos diversos, y con un fin último que, en la mayoría de los casos, tiende a identificarse con un parámetro económico, con una frase del tipo “generar valor a los accionistas”. A lo largo de la historia, han sido muchas las compañías que, de una manera u otra, han demostrado supeditar claramente esa máxima de los beneficios a prácticamente cualquier otro concepto, desde IBM en la década de los ’30 y su colaboración con el régimen nazi para el holocausto, hasta, más recientemente, el envenenamiento sistemático e irresponsable del planeta por parte de Volkswagen. Si nos atenemos a los hechos, todo indica que lo más parecido a algo que podríamos calificar como “ética corporativa” es ese concepto denominado responsabilidad social corporativa, que en demasiados casos ha demostrado clara y tristemente ser poco más que una herramienta propagandística para justificar unas pocas frases grandilocuentes en una memoria anual.

Sin embargo, frente a la ética (o falta de ética) corporativa, está la ética de los empleados y su capacidad para organizarse. En la economía actual, los empleados, cada vez más, se convierten en una fuerza importante a la hora de corregir acciones emprendidas por sus empresas si, por la razón que sea, las juzgan inaceptables. Así, hemos podido ver recientemente el caso de Google frente al Proyecto Maven del Departamento de Defensa: un contrato indudablemente lucrativo para la compañía, en el que participan además muchas otras compañías tecnológicas – que en su gran mayoría no han dicho ni esta boca es mía – y que tiene como fin el desarrollo de algoritmos destinados a reconocer imágenes tomadas por drones en el campo de batalla, imágenes de personas cuyo destino es bien conocido por cualquiera con un mínimo de inteligencia y escrúpulos. La resistencia a la colaboración de la compañía en el proyecto comenzó con algunas dimisiones, continuó con una carta firmada por miles de empleados, y terminó con la no renovación del contrato con el Departamento de Defensa, así como con la publicación de unos principios éticos que pretenden marcar la actuación de la compañía con respecto al desarrollo de la inteligencia artificial. 

Ahora, el turno le toca a Microsoft: la compañía que el pasado enero se mostraba “orgullosa de colaborar con la Immigration and Customs Enforcement (ICE)“, se ha encontrado, tras la fortísima polémica desencadenada en torno a la demencial práctica de esta agencia, bajo la disfuncional administración Trump, de separar a las familias demandantes de asilo de sus hijos en la frontera e internar a esos niños, solos, en centros de custodia. Las protestas en torno a esta salvaje práctica no se han hecho esperar, y obviamente, han sido secundadas por algunas compañías tecnológicas y por empleados de Microsoft, que han comenzado protestas a través de Twitter y han puesto a la compañía en una situación obviamente complicada. Ante el alboroto y las protestas, la compañía intentó primero eliminar la entrada del blog corporativo en la que hablaba de su colaboración con ICE, y posteriormente ha decidido, ante las amenazas de dimisiones entre sus empleados y las llamadas al boicot, publicar una declaración en la que se manifiesta “consternada por la separación forzada de familias inmigrantes en la frontera“. En sucesivas aclaraciones, la compañía ha afirmado que

“… queremos ser claros: Microsoft no está trabajando con el Servicio de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos o Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU. en proyectos relacionados con la separación de niños de sus familias en la frontera, y contrariamente a algunas especulaciones, no somos conscientes de que los servicios de Azure estén siendo utilizados para este fin. Como compañía, Microsoft está consternada por la separación forzada de niños de sus familias en la frontera. La unificación familiar ha sido un principio fundamental de la política y la ley estadounidense desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Como compañía, Microsoft ha trabajado durante más de veinte años para combinar la tecnología con el estado de derecho para garantizar que los niños refugiados e inmigrantes puedan permanecer con sus padres. Necesitamos continuar construyendo sobre esta noble tradición, en lugar de cambiar el rumbo ahora. Instamos a la Administración a cambiar su política, y al Congreso a aprobar legislación que garantice que los niños no estén separados de sus familias.”

Una declaración que deja en un vago “no somos conscientes de ello” el si las herramientas de la compañía son utilizadas o no por ICE, y que podría no ser suficiente para apaciguar las protestas, que podrían pedir la suspensión completa del contrato con la agencia hasta que la práctica sea eliminada.

En cualquier caso, dos casos que vienen a dejar una cosa cada vez más clara: si no estás de acuerdo con las prácticas de tu compañía, si te parecen éticamente reprobables, no estás obligado a colaborar con ellas, y deberías hacer caso a tu conciencia, oponerte y protestar. Pero una cosa es protestar, una acción que podría costarte el puesto de trabajo, en una empresa norteamericana, en un mercado de trabajo expansivo y con múltiples opciones, y en puestos en los que, en muchos casos, basta con ponerse en ese mercado para obtener otro puesto en otra compañía, y otra es hacerlo cuando no te consta que otros vayan a secundarte, cuando estás en un país con un mercado de trabajo complicado o con un índice de paro elevado, o cuando tu puesto no te garantiza un movimiento fácil a otra compañía. Los mercados de oferta y los de demanda, en este sentido, es previsible que no funcionen igual.

¿Tiene un precio la ética? ¿Solo puede comportarse éticamente aquel que puede permitírselo? Obviamente no debería ser así, y que empleados de algunas compañías norteamericanas empiecen a sentar precedente en este sentido es algo que podría llegar a tener un valor en el futuro. Al menos, si las compañías no hacen gala de un comportamiento ético por sí mismas, podremos contar con la ética de sus empleados para ponerlas en situaciones en las que, por las buenas o por las malas, tengan que cumplir con unos principios y con la sociedad en su conjunto. Que este tipo de comportamientos se generalizasen a otros países y otras compañías sería de lo más deseable, por el bien de todos. Pero sencillo, sin duda, no va ser.

 

Marketing de guerrilla es una palabra grande. Muchos entienden que se trata de acciones de gran impacto a pequeño coste. En la mayoría de los casos se trata más bien de campañas caras con un éxito mediocre. Las que realmente funcionan son las que acaban en los medios pero muchas veces las cosas no funcionan tal como previsto.

preguntar por el caminoDerechos de foto de Adobe Stock

Para mi “marketing de guerrilla” es algo mucho más sencillo. A veces es una idea pequeña, con una perspectiva diferente, de bajo coste y con un potencial de éxito medio alto. Hoy te vengo a contar la mía.

Bueno, pues tienes un negocio local donde vendes productos. ¿Qué se me ha ocurrido para darlo a conocer?

Imagínate que contratas a alguien (o lo haces tú mismo que no sería lo ideal) preguntando a las personas que viven cerca. “¿Perdona, sabes cómo llego a la tienda [nombre de tu negocio] donde venden [oferta llamativa] por 3 euros?”

Evidentemente no saben dónde está esa tienda tuya pero lo que has querido conseguir es que sepan de la existencia de esa oferta. Imagínate que luego hay otras personas que les hacen esas preguntas con otras ofertas. Al final la pregunta se debe dirigir a aquellas personas que podrían ser clientes potenciales.

  • Madres embarazadas si tienes una tienda de bebés.
  • Estudiantes si abres una copistería.
  • Hombres que les gusta el fútbol si montas una Sportsbar.
  • Etc.

El impacto no va a ser brutal evidentemente. Pero lo que haces es sembrar. Generar curiosidad. Conseguir que igual esas personas le pregunten a otras personas porque les puede interesar la oferta mencionada.

Pues nada. A probarlo y ver qué tal va la cosa. Ya te iré contando… ;)

Stay tuned.

IMAGE: Creative Commons Zero - CC0Cunde la alarma en la industria del e-mail marketing: la inmensa mayoría de los correos electrónicos que han enviado a sus bases de datos para cumplir con el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) son eliminados o enviados a la carpeta de spam sin siquiera abrirlos, o peor aún, aprovechados para eliminar la suscripción, y prácticamente nadie contesta en modo afirmativo para pedir que lo mantengan en una lista. El resultado es que la industria está a punto o bien de tener que dar de baja en torno al 80% de los integrantes de sus bases de datos, o bien se arriesgan a multas considerables, de hasta veinte millones de euros o el 4% de sus ingresos mundiales, si mantienen en esas listas a aquellos que no han contestado afirmativamente solicitando la inclusión.

¿Sorpresa? La realidad es que esa alarma que cunde en la industria del e-mail marketing es auténtica música celestial para todos. ¿De verdad alguien pensaba que una persona en su sano juicio iba a contestar a un correo de ese tipo, de los que hemos recibido cientos en los últimos meses, pidiendo ser mantenido en una lista en la que, en la inmensa mayoría de los casos nunca solicitó estar? Salvo aquellas newsletters o listas en las que uno realmente se ha apuntado de manera voluntaria, que son habitualmente pocas, lo normal es que borres el maldito correo, lo envíes a spam, o aproveches que te proporciona una opción para darte de baja. La industria del e-mail marketing es lo peor: prácticamente ninguno de sus participantes se salva del conjunto de malas prácticas e infracciones que han convertido nuestros buzones de correo en un martirio incesante durante años. Si esa industria quiebra en su totalidad, será tan maravilloso que hasta me cuesta creerlo. Hablamos de una industria que esperaba facturar en torno a los 22,000 millones de dólares en 2025… si esa facturación desaparece, si esa industria muere en su totalidad consumiéndose entre las llamas del infierno, serán muy, pero que muy buenas noticias para todos.

Hablamos de compañías que han retorcido la legalidad hasta el límite para poder seguir torturándonos. Que han recolectado correos electrónicos mediante crawlers en la web, que han comprado y vendido listas a diestro y siniestro, que se han apropiado de direcciones de correo de personas que nunca pidieron ser incluidas en ninguna lista y que simplemente rellenaron sus datos en formularios pidiendo información, que han incluido a miles de personas en listas en las que jamás quisieron estar simplemente por considerarlos influencers, o que han ignorado deliberadamente las peticiones de baja de usuarios desesperados por la continua avalancha de basura. En mi correo tengo mensajes de compañías en los que he utilizado el enlace para darme de baja cada vez que los he recibido, semana a semana o mes a mes, ya por pura cabezonería, y aún así, han seguido llegando constantemente, sin ninguna interrupción en su cadencia. Es, sencillamente, eso: la industria de la basura, de una basura asquerosa y pestilente que, desgraciadamente, ha generado grandes fortunas debido a una inacción total de unas autoridades competentes que, durante muchos años, han sido autoridades incompetentes.

Si has estado ignorando todos esos correos electrónicos sobre GDPR, borrándolos sin abrirlos o aprovechándolos para darte de baja, estás de enhorabuena: habrás contribuido a eliminar a algunos de los mayores y más asquerosos depredadores de la red. Quienes de verdad tenían una base de datos para enviar correo compuesta por personas que, de manera consciente e informada, habían introducido su correo electrónico con el fin de recibir una información, no han tenido que enviar ningún mensaje de ese tipo. Si han enviado uno de esos mensajes es, sencillamente, o porque estaban mal informados y no sabían lo que estaban haciendo, o porque no tenían la conciencia tranquila: en algún momento compraron listas de direcciones a algún broker sombrío, o introdujeron en esas bases de datos a quienes no debían introducir, a quienes no se lo habían pedido específicamente.

Si la industria del e-mail marketing desaparece en su totalidad, bien desaparecida estará. Porque, aunque el incesante abuso nos llevó a aceptarla como “un mal necesario”, en realidad, nunca debió existir. No, no me vale eso de “nosotros hacemos e-mail marketing, pero lo hacemos bien”: para empezar, el correo electrónico no debería ser un canal comercial, y mucho menos un sitio en el que vale todo y se puede enviar basura a quien no la ha solicitado. El e-mail marketing debería pasar a la historia, como la venta a puerta fría o el marketing telefónico. El correo electrónico debería ser una herramienta de comunicación entre personas, no un enorme río de basura electrónica destinada a acabar en la carpeta de spam y que basa su eficiencia en unos costes mínimos. La conclusión es muy clara: el mejor e-mail marketer es el e-mail marketer muerto, y por fin estamos viendo un reglamento que, al menos en algunos aspectos, parece estar cumpliendo su función. Un reglamento que provenía de un clamor popular, de prácticamente una situación de alarma social, que sin duda estaba más que justificado. Si de verdad consigue eliminar una buena parte de la basura que recibimos en nuestros buzones de correo y nos da una herramienta para denunciar eficazmente a quienes, a pesar de todo, sigan enviándola, ya estará suficientemente justificado. Ahora, y lo apunto como idea, deberíamos plantearnos llevar GDPR al mundo físico: prohibir el buzoneo, el parabrising, el reparto de folletos por la calle y demás canales de marketing basura que ensucian nuestras ciudades y llenan nuestros buzones, y poder sancionar duramente a los anunciantes que lo practiquen con un 4% de su facturación. En la muy necesaria reinvención del marketing en el futuro, esperemos que, al menos, saquen la caspa y la basura.