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Un informe de un grupo de científicos independientes norteamericanos para el Departamento de Defensa (DoD) afirma que los cada vez más impresionantes desarrollos en el campo de la inteligencia artificial no suponen en modo alguno una amenaza para la humanidad, como algunos destacados personajes habían implicado recientemente.

Según este grupo de científicos, la inquietud con respecto al desarrollo de la inteligencia artificial proviene únicamente de la excesiva atención mediática por parte de periodistas y escritores de ciencia-ficción prestada a los progresos de la llamada Artificial General Intelligence (AGI) o Inteligencia Artificial Fuerte, que se corresponde con los intentos de crear inteligencia en máquinas que exitosamente puedan realizar cualquier tarea intelectual desarrollada por cualquier ser humano. Este enfoque generalista de la inteligencia artificial, aunque obviamente provocativo en sus propósitos y objeto de una elevada (y excesiva) visibilidad, supone en el momento actual un campo muy restringido, muy limitado en sus progresos, y está muy lejos de obtener resultados mínimamente preocupantes. Los miedos que genera en la población, simplemente, no se corresponden con los hechos: en la actualidad, la atención dedicada al desarrollo de máquinas capaces de tomar decisiones a largo plazo, pensar y actuar como seres humanos es más bien escasa. 

Por contra, el desarrollo de la inteligencia artificial, tanto en lo relevante para el DoD como en otros ámbitos, se centra más en potenciar las habilidades del ser humano y en liberarlo de determinadas tareas, que en su sustitución directa como tal. De hecho, uno de los ámbitos más prometedores en el momento actual, el desarrollo de vehículos autónomos que puedan desplazarse en condiciones de mayor seguridad que los manejados por seres humanos, acaba de recibir un importante espaldarazo de otro organismo gubernamental norteamericano, la National Highway Traffic Safety Administration (NHTSA), que acaba de cerrar su investigación sobre el por el momento único accidente fatal de un vehículo Tesla cuando circulaba con el llamado Autopilot considerando no solo que no tiene ningún sentido pedir una retirada de los vehículos con ese sistema, sino afirmando que no hay defectos en su funcionamiento y prácticamente felicitando a la compañía por haber obtenido un 40% de reducción del número de accidentes. El informe, celebrado por la compañía en un breve comunicado, exonera completamente a la compañía por el accidente y consolida la idea de que los sistemas de conducción automatizados pueden contribuir sensiblemente a la reducción de la siniestralidad en el tráfico rodado.

Por mucho que las películas de ciencia-ficción nos cuenten, la idea de que el desarrollo de la inteligencia artificial puede llegar a constituir una amenaza para la humanidad, de que las máquinas pueden tomar conciencia y, de alguna manera, atacar al ser humano está muy lejos de la realidad. Lo que corresponde es ver a la inteligencia artificial como una fuente de ventajas, de ayudas y de mejora en nuestras condiciones de vida a través de todo tipo de avances. Olvidemos al robot amenazador. Y mejor, centrémonos en el desarrollo de la inteligencia artificial como nueva frontera para la humanidad.

 

Terrafugia flying carMi columna en El Español de esta semana se titula “Madurez tecnológica“, y alude a una circunstancia que me tiene fascinado desde hace mucho tiempo: el hecho de que muchas personas, presumiblemente inteligentes, preparadas y acostumbradas a tomar decisiones en entornos complejos, opten en cambio por los tópicos, la desinformación y las generalizaciones burdas cuando entran en el terreno de la tecnología.

Por alguna razón, el rápido desarrollo de la tecnología nos enfrenta a miedos, a incertidumbres y a inercias que nos llevan a anclarnos en concepciones y contextos conocidos sin poner demasiado análisis en ello. La misma persona que es perfectamente capaz de aceptar que la medicina, por ejemplo, sea capaz de curar enfermedades que resultaban completamente incurables y fatales hace pocos años, tiene verdaderos problemas a la hora de aceptar que una máquina sea capaz de tomar decisiones en función de conclusiones propias elaboradas por ella misma, o que un automóvil sea capaz de conducir solo.

Da lo mismo que el número de fabricantes tradicionales de automóviles anunciando pruebas de vehículos autónomos en condiciones de tráfico real – ya no empresas tecnológicas, sino compañías automovilísticas “de las de toda la vida – se incremente de manera consistente: el escéptico te contestará que eso son pruebas limitadas, que solo se puede hacer bajo determinadas condiciones, que “no puede ser y además es imposible”, y que aunque se consiguiese, sería totalmente implanteable en los caminos de cabras de su pueblo o en las atestadas calles de su ciudad. Si le contestas que hay compañías que están haciendo esas pruebas en las calles de ciudades indias, seguramente el entorno de tráfico más desorganizado, anárquico y caótico del mundo en el que los peatones, las vacas y hasta los elefantes irrumpen en medio del tráfico rodado como si fuera una película de despropósitos, te contestarán que eso no es posible, obviando el hecho de que una máquina reacciona más rápido, mejor y con mayor conocimiento del entorno que una persona, gracias a la combinación de información almacenada previamente combinada con la que proviene de sus sensores en tiempo real.

Ya si le dices que los escenarios más plausibles prevén que en el año 2025 haya veinte millones de vehículos autónomos en las calles y carreteras del mundo, o que antes del final de este año 2017 ya tendremos prototipos viables de coches voladores autónomos, según ha anunciado una compañía tan poco sospechosa de anuncios alocados como Airbus, te tratarán directamente como si estuvieses loco y saldrán de la sala sacudiendo la cabeza y haciendo chistes sobre las sustancias que presuntamente ingieres o esnifas.

¿Por qué prescindimos de las evidencias experimentales y preferimos recurrir a los tópicos conocidos cuando hablamos de tecnología, del desarrollo de avances que pueden alterar drásticamente el contexto en que vivimos o en el que desarrollamos nuestras actividades? ¿Por qué, si tenemos la madurez suficiente para analizar contextos de diversos tipos, carecemos generalmente de la preparación necesaria para aceptar que las cosas pueden cambiar? ¿Por qué, como afirma la tercera ley del escritor británico de ciencia-ficción Arthur C. Clarke, “toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia” y es por tanto tratada como tal? ¿Por qué un médico hablando sobre los avances de la medicina es tratado como un genio, pero un tecnólogo hablando sobre el futuro de la tecnología es tratado como “un flipado”? ¿Cuándo me encontraré con audiencias y foros preparados para aceptar que el cambio no solo es rápido sino vertiginoso, que la disrupción es un fenómeno que se ha convertido prácticamente en parte de nuestro día a día, y sobre todo, que es posible y real? 

 

Ya conoces mi filosofía de montar proyectos paso a paso. Está adaptada a mi estilo de vida, circunstancias y nivel de riesgo que quiero asumir. Cómo no existen verdades absolutas hay formas muy diferentes de afrontar la misma cuestión. Basta con ver estos 3 grandes del mundo empresarial para darse cuenta que si quieres hacer algo realmente grande, tienes que apostar muy fuerte una y otra vez.

Equipo Ebbelt 660

Arriesgarlo todo es estar dispuesto a perderlo todo. Hay una regla muy sencilla. Cuando más puedes ganar, más puedes perder. No hay que ser un genio para entenderlo.

La filosofía de apostarlo todo y dar varios pasos de golpe

Si eres lector frecuente de este blog ya conoces de sobra mi punto de vista. Cómo no me gusta dar la sensación de que estoy vendiendo verdades absolutas, es bueno mostrar el otro extremo de mi posición. No se trata de que uno sea mejor o peor sino que simplemente son diferentes.

  1. La filosofía de apostarlo todo funciona mejor cuando ya tienes una historia de éxito (grande o pequeña) en tu pasado. El fracaso siempre es posible por lo que haberlo logrado una vez te ayudará superar las dudas a las que te vas a enfrentar por el camino sí o sí.
  2. Apostar todo significa ser mucho más perfeccionista que si aplicas un acercamiento de paso a paso. Cómo arriesgas mucho, puedes perder mucho así que el margen de error es más pequeño. Cuando desarrollas el producto es importante planificar bien porque todo lo que quieras cambiar cuando ya está en marcha te va a salir 10-100 más caro.
  3. Un proyecto que quiere generar un volumen de ventas importante requiere sobre todo inversión publicitaria. Este por otra parte requiere competencias en plataformas como Google Adwords y Facebook Ads para sacarle un retorno óptimo. El próximo nivel son anuncios en televisión. Pocos se pueden permitir este gasto. Este canal offline está siendo uno de los más potentes para las start-ups que buscan las cimas más altas.
  4. Tener una mentalidad ganadora es otra de las claves. Esto puede parecer algo demasiado obvio pero una cosa es saberlo y otra vivirla. Cuando le preguntaron en una entrevista a Elon Musk de cómo había superado los primeros lanzamientos de SpaceX fracasados que lo llevaron al borde de la ruina tenía una respuesta sencilla: “soy incapaz de rendirme”. ¿Tienes lo que se necesita para apostarlo todo una y otra vez para llegar hasta el final?

Desde que estoy con Beguerrilla tengo la suerte de seguir casos y proyectos que me hubiera gustado montar a mí directamente. Estoy viviendo muy de cerca la historia de Ebbelt. Es un caso perfecto para enseña el otro la de la moneda: apostar fuerte y saltar sin red.

El caso de los fundadores de Ebbelt

Abel uno de los fundadores de QD Global ya vive desde hace 5 años en China. Fue el destino que lo llevo ahí y es el sueño de hacer algo grande que le hace quedarse lejos de amigos y familia. El hecho de que uno de los fundadores tenga contacto directo con el centro de producción les da una ventaja competitiva increíble. China es un país fantástico para reducir costes de fabricación pero se puede convertir fácilmente en una pesadilla si te falta experiencia o no controlas todos los factores. Rafa gestiona el gigante almacén y la parte de ventas (de momento España pero las ambiciones son internacionales).

Ebbelt ha apostado por un nicho increíblemente competitivo: el de los auriculares. Aquí tienes una gama de producto donde por menos de 10 euros puedes comprarte unos directamente en el “chino” de la esquina o gastarte diez veces más por un producto de alta gama.

Foto del ganador de un sorteo de Ebbelt

Foto del ganador de un sorteo de Ebbelt

La apuesta está en hacer algo de diseño y calidad. Competir por precio no tiene sentido porque al final siempre habrá uno más barato que tú (o eso como yo lo veo). Si te fijas el producto tiene un punto claro de diferenciación. Esto es la culpa de la “otra mitad” del equipo que está igualmente ubicado en Ontinyent (Valencia). Onceb es el estudio de diseño liderado por Carlos y Sergi. Cuando surgió la idea, Rafa se les acerco con una caja llena de productos populares y fueron ellos que eligieron hacer algo diferente en el campo de auriculares. Los 4 miembros fundadores forman un equipo increíblemente potente.

Cuando te posicionas en la gama alta tienes que invertir en branding y crear marca. De momento se apuesta por el influencer marketing siguiendo un poco los pasos de Hawkers aunque con acciones todavía más modestas (todo llegará).

La imagen de la marca es una DJ internacional reconocida. Gloria Ansell es la estrella en los clubs de Hong Kong que también en Europa se está haciendo poco a poco un nombre.

Hay que tener la sangre fría porque requiere un nivel elevado de inversión para alcanzar los objetivos de branding. Los resultados llegan con el tiempo pero no son inmediatos. Los fundadores son conscientes que esto es una carrera de fondo aunque los recursos evidentemente no son ilimitados. Esto es su historia que salió hace poco en el blog de Ebbelt. Este proyecto merece triunfar. Ya os iré contando.

Stay tuned.

Ebbelt, crear marca

IMAGE: lkeskinen . 123RFInteresante artículo de Farhad Manjoo en New York Times titulado Clearing out the app stores: government censorship made easier, en el que expone los recientes casos de la retirada de la app de LinkedIn en Rusia y de la eliminación de la app del propio New York Times por parte del gobierno chino y los analiza como una tendencia peligrosa: la centralización de la web llevada a cabo por Apple y Google en torno a sus tiendas de aplicaciones ha provocado que ahora, los gobiernos puedan ejercer la censura y controlar el flujo de información en la web de una manera mucho más sencilla y directa.

Internet nació como red completamente distribuida, y con ese nivel de distribución planteado precisamente como su gran ventaja: la red podía seguir funcionando aunque partes de la misma no estuviesen operativas, porque el protocolo podía redirigir los paquetes a través de otras rutas hasta su destino.  Las tiendas de aplicaciones han jugado un papel fundamental en el ciclo de adopción y popularización de internet en la plataforma smartphone e indudablemente, ese factor ha resultado fundamental sobre todo en la expansión en países en vías de desarrollo, pero al tiempo, la deriva competitiva ha dado lugar a una concentración en un duopolio que resulta muy fácil de controlar.

Los intentos de controlar internet por parte de los gobiernos no son algo en absoluto novedoso: el gobierno chino lleva años entregado al desarrollo de férreos sistemas de control que combinan tecnología y control social, y Rusia no se queda, en ese sentido, demasiado atrás. Pero las medidas de control que en la web generan auténticos juegos del gato y el ratón y que, en realidad, resulta muy difícil consolidar de manera completa – un usuario suficientemente interesado y con las herramientas adecuadas siempre puede acceder a la información que desee – se convierten en mucho más sencillas cuando hablamos del ecosistema móvil, porque basta con presionar o requerir legalmente a Apple o a Google para que eliminen de la App Store o del Play Market la disponibilidad de la app que se desea controlar, para obtener una respuesta rápida y efectiva. Por supuesto, un usuario podría en último término intentar acceder a LinkedIn o al New York Times a través de la web, o hipotéticamente podría incluso descargarse e instalarse la app sin pasar por la tienda de aplicaciones, pero en más que posible que en el entorno smartphone estemos hablando ya de habilidades que, por lo general, escapan al usuario medio.

En muchos sentidos, la internet que conocimos y vimos crecer en la que no había prácticamente sitios únicos en los que ejercer control ha evolucionado para convertirse en un entorno en el que basta con estrangular un par de puntos, con presionar a una compañía o con bloquear un recurso para lograr el objetivo de eliminar su disponibilidad para la mayoría de los usuarios de un país. Para las compañías, obligadas a respetar la legislación de cada país y las decisiones legislativas de sus gobiernos, las decisiones no son necesariamente inapelables, pero en determinados entornos políticos, sí pueden generar riesgos importantes, desde represalias directas a directivos, hasta incluso la prohibición de acceder a la totalidad de la tienda de apps. Para una compañía como Apple en China o como Google en Rusia, inmersas en batallas competitivas importantes, la idea de dejar de estar disponible y, por tanto, de convertir los terminales de su sistema en prácticamente inservibles parece una posibilidad suficientemente aterradora como para motivar que no intenten apelar estas decisiones, y simplemente acepten los bloqueos como parte del coste de hacer negocios en ese país. En el fondo, es tan sencillo como aceptar que aún quedan muchos gobiernos que consideran que tienen el deber, la obligación o la posibilidad de controlar la información, los productos o los servicios a los que sus ciudadanos pueden tener acceso, por mucho que, teóricamente al menos, vivamos en una era de la información y esta no entienda de fronteras físicas.

Volver a leer los dos libros que en su momento tuve la oportunidad de prologar en sus ediciones españolas, “No sin nuestro consentimiento” y “Cypherpunks” puede ayudar a entender muchos de los elementos de esta dinámica. En muchos sentidos, la centralización progresiva de la web se ha convertido en un coste de su popularización y crecimiento. Es importante entenderlo y, sobre todo, es importante entender lo que hemos perdido y lo que podríamos llegar a perder si la tendencia continuase.