Pero bueno, tampoco soy tan fuerte. ¿Para qué mentirte? En vacaciones a medias de momento. Hemos llegado con la familia a Alemania el lunes y estaremos aquí hasta el sábado en casa de mis suegros. Luego cogemos el coche para irnos de camino a las vacaciones “de verdad” donde estará reunida gran parte de la familia de mi mujer en una casa vacacional a 1.600 metros de altura para practicar un poco de senderismo.

montaña casaDerechos de foto de Adobe Stock

Teniendo en cuenta que mi mujer y yo tenemos tres peques y el más joven tiene dos años practicaremos más bien “pasear por el monte” que otra cosa. Al final da igual, lo importante es que la familia disfrute.

Así que estaremos en total 3 semanas fuera del país aunque yo posiblemente este año no desconectaré del todo. Ya veremos. De todos modos quiero sacarle provecho a las vacaciones. De una forma o de otra. Igual incluso me convierto en mejor emprendedor. Esto es lo que tengo previsto.

Practicar deporte

La salud es lo más importante que tenemos. No nos damos cuenta de ello hasta que la perdemos. Estar en forma no es únicamente cuestión de sentirse bien. Es cuestión de asegurar futuros ingresos. Cuando eres emprendedor muchas cosas dependen de ti. Si dejas de funcionar, dejas de ingresar. El deporte incluso en mi tiene el efecto de rendir mejor. De ser más productivo y de ser más optimista a la hora de resolver cuestiones complicadas. Antes de la solución viene la actitud y aquí la forma física es clave.

Simplemente relajar

Sin duda una de las tareas más complicadas. Por lo menos para mí. No pensar en el trabajo te aporta beneficios indirectos. Te explico. Piensa en esto. Lo contrario es cómo practicar demasiado deporte. Te hace rendir menos. Pensar en otras cosas te puede llevar a lugares sorprendentes. Incluso te pueden dar inspiración para el negocio de formas inesperadas. Relajar requiere disciplina. Suena extraño pero para muchos emprendedores lo es. No son (somos) capaces de no estar con la cabeza continuamente en el trabajo. Tener la capacidad de aislarse te dará la fuerza mental de mantener la cabeza fría cuando se acumula mucha faena en tu negocio. Cuando peor van las cosas, más importante será mantener la calma. Relajar te puede ayudar para entrenarte para estas situaciones de estrés máximo.

Aprender cosas nuevas

En las vacaciones aprendo cosas nuevas. La forma más sencilla es leyendo un libro. Quieras o no sacas casi siempre una pequeña cosa de la lectura. También puedes invertir tiempo en mejorar conocimientos existentes. P.ej. podrías mejorar tu inglés. Sigo flipando (no tengo mejor forma de describirlo) con el nivel bajo de idiomas que tenemos en España entre los estudiantes. Ya no te hablo de 35 hacía arriba o incluso más allá. El nivel de media de los que están a punto de entrar en el mercado laboral da pena. No lo puedo describir de otra forma, lo siento. En mis negocios he cerrado infinitos tratos gracias a los idiomas. Cada idioma fácilmente tiene un valor equivalente de 100.000 euros o más.

Todas estas actividades no están siempre relacionadas de forma directa con el mundo de los negocios. Aun así su impacto puede ser tremendo a medio y largo plazo. Con un poco de suerte esto te convierte en mejor emprendedor. Y quien sabe, igual incluso en mejor persona. Bueno, esto último ya creo que sería pedir demasiado pero bueno, nunca se sabe… ;)

La UE multó a Google con $5000 millones por practicas ilegales de Denken Über

Finalmente la Unión Europea le aplicó a Google la multa que se esperaba hace tiempo por prácticas monopólicas ilegales, las 3 mismas razones que resumí en 2015 son las que la UE usa para aplicar esta multa.

¿Cuales son estas tres conductas ilegales? exigir la pre-instalación de Google Search y Google Chrome como prerequisito de acceso al Play Store (y por consiguiente al mercado de apps); pagos a operadoras móviles y fabricantes para que pre-instalen Google Search como app por defecto y ninguna otra; prohibir a fabricantes móviles que quieran instalar Play Store o Play Services vender “ni un solo equipo usando Android no aprobado por Google”

Y remontemonos a 14 años atrás, las razones por las que se culpó a Microsoft son conceptualmente las mismas que se usan hoy para multar a Google, reemplacen “Google Search” por “Windows Media Player” o “Google Chrome” por “Internet Explorer” o el pago a los OEM… conceptualmente es exactamente lo mismo.

Y sinceramente no puedo creer que en todos estos años el ecosistema tecnológico no haya aprendido nada y el mensaje de Sundar Pichai sea simplemente una forma de desviar la atención:

No. Dejenme decontruir este mensaje: la “wide choice” a la que se hace referencia es simplemente a modelos de teléfonos y eso no es elección… elección es poder elegir un S9+ con diferentes configuraciones de fábrica (sea en OS o en navegador) y poder desinstalarlo no simplemnte “desactivarlo” en segundo lugar la caída de precios no se da por “una competencia robusta” se da por una competencia en componentes de hardware y en gamas medias y es desigual en los ultimos 4 años… finalmente la innovación se da por la pelea de plataformas y una revolución de acceso, conectividad y cosas que tienen poco que ver con Android.

Ahora empezará la discusión sobre si Android es cerrado, si Apple es peor o si Clippy revivirá pero la realidad es que esto no se aplica a Apple porque al ser un ecosistema integrado no puede torcerle el brazo a fabricantes o terceros y porque si miran bien: Google le paga a Apple 3.000 millones de dólares al año para que Google Search sea el buscador preinstalado en iOS cerrando de esta manera su control sobre el duopolio que maneja el 98% del mercado de smartphones mundiales.

Volvemos a lo de siempre, podés ser un monopolio pero en cuando utilizar tácticas anticompetitivas se convierte en ilegal.

Android and band-aidLa comisaria europea de competencia, Margrethe Vestager ha comparecido en rueda de prensa para anunciar la multa más importante jamás impuesta por ese organismo, 4,340 millones de euros. Tras los casos de Google Shopping, que terminó con la imposición de una multa de 2,300 millones de euros, y el de la plataforma de publicidad AdSense, aún por decidir, ambos heredados de su predecesor, Joaquín Almunia, el de Android es el primer caso iniciado por la propia Vestager, y sin duda, va a marcar claramente las intenciones de la política europea en este sentido.

¿Dónde está el problema? Sencillamente, en la base del caso. Para imponer sanciones y buscar remedios a una situación que infrinja las leyes de la libre competencia tiene que darse un hecho fundamental: que exista un daño para alguno de los implicados. Las leyes antimonopolio no castigan de ninguna manera ni pueden castigar el éxito empresarial: hacerlo sería un completo contrasentido. Lo que penalizan es o bien el desarrollo de actividades que potencialmente impidan a un tercero la explotación de actividades competitivas, o bien el hecho de que exista un daño para alguno de los implicados, en este caso los desarrolladores de aplicaciones, los fabricantes de terminales o, en último término y más importante, los consumidores.

¿Ha provocado Google con Android algún daño a alguno de estos jugadores? Examinemos las tres condiciones del acuerdo de Android: la primera, el acuerdo de compatibilidad, que intenta que Android no se escinda con plataformas propias de cada fabricante incompatibles entre sí. ¿Obliga esta cláusula a algo a los fabricantes? No, porque el acuerdo no es obligatorio, los fabricantes pueden sencillamente no firmarlo, tomar la parte de Android que estimen oportuna, y crear una versión propia, como fue en su momento el caso de CyanogenMod, utilizado por varios fabricantes, o el de Amazon, que optó por generar su propia versión de sistema operativo para sus dispositivos como fork independiente creado a partir de Android. ¿Funciona? Por supuesto, pero genera incomodidad a los usuarios, que pasan a no tener garantías de si sus apps favoritas van a funcionar o no en ese entorno, y obliga en algunos casos a los creadores de apps a desarrollar versiones específicas para esos entornos.

Segunda condición: el acuerdo de distribución de aplicaciones móviles, que hace que los fabricantes que lo suscriban tengan que incluir once aplicaciones de Google en el sistema operativo, sin posibilidad de tomar tan solo parte del lote. De nuevo, una condición no obligatoria: los fabricantes pueden quedarse fuera del ecosistema Google si lo estiman oportuno, y yo he tenido, de hecho, dispositivos que no incluían esas apps. ¿Qué ocurre? Que los fabricantes tienden a optar por incluir esas apps, porque en general son buenas y los usuarios las quieren tener, y seguramente, si les suministran sus dispositivos sin ellas, se encontrarán o con que los usuarios los consideran menos atractivos, o con que simplemente transfieren el trabajo de instalarlas al usuario, lo cual no parece muy lógico – ni beneficia realmente a nadie.

La tercera condición es un acuerdo de reparto de beneficios: si el fabricante cumple los dos primeros puntos, obtendrá un porcentaje de los ingresos que generen esas aplicaciones de Google. Si decides cumplir las dos primeras condiciones, podrás optar a esa tercera.

¿Qué hemos obtenido a cambio? Sencillamente, una plataforma enormemente abierta, que ofrece a los fabricantes mucha libertad a la hora de tomar decisiones, que ofrece a los desarrolladores de apps una razonable coherencia y estabilidad – mucho menor que en el caso de iOS, pero gestionable – y un sistema que les permite monetizar sus creaciones – igualmente, menos controlado y riguroso que el gestionado por Apple, pero potencialmente con mayor importancia cuantitativa. Lo que obtenemos los usuarios está más que claro: una plataforma en la que se facilita la llegada al mercado de dispositivos en todas las gamas de precio, muchísimo más diversa que las que existían antes, muchísimo más accesible, con modelos que van desde precios próximos a los cien euros, hasta otros que se aproximan a los mil y rivalizan perfectamente en prestaciones con los mejores dispositivos de Apple. Un ecosistema dotado de un enorme dinamismo, que ha triunfado sin paliativos en el mercado, que ha favorecido una enorme expansión de la conectividad, y ha aproximado la movilidad a segmentos de usuarios que, antes de su desarrollo, solo podían mirarla de lejos. El vínculo de Android con la expansión de la conectividad a todos los niveles es absolutamente obvio, y no parece que Google haya aprovechado para imponer a su desarrollo o a su adopción ningún tipo de condiciones abusivas.

¿Dónde está el daño? Los usuarios, sin duda, están contentos con Android y lo adoptan hasta el punto de convertirlo en líder absoluto del mercado europeo y mundial. Los desarrolladores tienen una plataforma sobre la que ofrecer sus apps, y más de dos millones de ellos trabajan en Europa sistemáticamente sobre ella. Y los fabricantes obtienen un acuerdo cuyas cláusulas pueden ignorar, pero que si deciden cumplirlas, suponen, en general, ventajas de cara a su aproximación al mercado. Si ni los fabricantes, ni los desarrolladores, ni los usuarios sufren ningún daño aparente derivado del dominio de mercado de Android, y además, sus efectos positivos sobre la democratización de la conectividad son evidentes… ¿qué diablos intenta corregir Margrethe Vestager con su sanción récord? ¿Por que es récord? Si no se produce un daño… ¿cómo razonar que ese no-daño justifica una multa récord, más allá de ser un intento de demostración de fuerza que no genera otra cosa más que inseguridad jurídica? ¿Cómo justificar que la Unión Europea adquiera una reputación cada vez más sólida de ser un entorno hostil a la tecnología? ¿Beneficia eso a los usuarios europeos de alguna manera, convertidos en un páramo que ve desde lejos como los desarrolladores tecnológicos provienen cada vez más del mercado norteamericano o chino, sencillamente porque el entorno europeo no favorece su desarrollo?

Y peor aún: si Vestager consiguiese multar a Google… ¿en qué medida corrige esto el supuesto daño inflingido a la competencia? ¿Qué se va a pedir a Google para corregirlo? ¿Que genere un “Android for Europe” que incluya… qué? ¿La necesidad de que, tras adquirir un smartphone, los usuarios europeos tengan que pasar por una serie de pasos absurdos que, sin duda y de manera abrumadoramente mayoritaria, van a dar para “restaurarlo” y convertirlo en un terminal provisto de las apps de Google que desean tener? Estamos, sin duda, ante una de esas medidas políticas que deciden ignorar completamente las bases de toda legislación antimonopolio, que exista un daño al mercado o a la libre competencia, y siguiendo el camino mediático, el de la multa récord, el de la sanción arbitraria independientemente de los efectos sobre ese mercado. Un camino que no lleva absolutamente a ninguna parte.

 

Decir que eres emprendedor suena muy guay. Lo que en realidad tienes que ser comercial y no cualquiera. Tienes que convertirte en uno extraordinario si realmente quieres conseguir algo con tu propio negocio.

responder noDerechos de foto de Adobe Stock

Suelo estar en ambos lados. Tanto en el que vende como en el otro. Me gusta pensar que muestro más empatía cuando tengo otro comercial delante. Incluso si no me interesa la propuesta me gusta ser respetuoso y amable. Es algo que debería ser normal e incluso sobra mencionarlo pero estando en el otro lado sé que no siempre es así.

En la vida siempre hay varios encuentros. Más allá de ser buena persona existe algo como el karma. Aunque siempre haya algunas que parece que se libran de todo no es plena una vida en la que se vive a costa de los demás.

Cuando te dicen que “no” te fastidia. Y más todavía si te lo dicen de malas formas. Ahora es más importante que nunca de despedirte de forma elegante.

Esto es lo no deberías hacer cuando te que dicen “no”

El rechazo no es agradable para nadie. Incluso Elon Musk comentó en una entrevista que Steve Jobs pasó de él cuando lo conoció en una fiesta hace un par de años. Hoy igual pensaría de forma diferente, no se sabe. Esto es lo que no te recomiendo hacer.

No responder al “no”

Esto da a entender que nunca te importó demasiado ni el “sí” ni el “no”. Harás al que te rechazó sentirse confirmado. Nada más querías su dinero y te importaba un carajo su negocio y menos su persona. No tiene que ser así pero así se percibe en el otro lado. No responder no es una buena opción.

Insistir

Si me diesen cada vez un euro en el que en un vídeo de Youtube te dicen que tienes que perseverar posiblemente me estaría sacando un buen sueldo extra. Hay momentos donde hay que insistir y otros donde hay que dejar pausar. En una venta comercial el timing es clave y no tiene sentido seguir tocando en puertas que ya se te han cerrado. Es mejor ser paciente y esperar el momento adecuado en el que se abran otra vez.

Responder de forma neutral

Esto podría parecer la opción más viable. Guardas las formas pero tampoco te “rebajas” para sentir que tu ego sigue ahí bien fuerte. Si piensas en una futura relación de negocio de cualquier tipo tampoco es la forma óptima de quedar. Igual te conviene ir un poco más allá.

Cómo podrías responder a un “no”

Hay infinitas formas de responder a un “no”. Seguramente la que te voy a presentar a continuación es más conservadora. Te podrías arriesgar más. No hay fórmulas exactas, como para casi nada en la vida. Pero bueno, es una posibilidad que tienes para gestionarlo de forma elegante.

Dar las gracias

Dar las gracias por responder. Ponte en la piel de la otra parte. Simplemente podría pasar de ti. Es también una forma de mostrar desinterés pero en cambio se ha molestado en contestar. Es tiempo que ha invertido. Merece darle las gracias por ello.

Avisar que vas a retomar en un futuro

En vez de insistir puedes poner en pausa el contacto. Avisas o incluso mejor, pides el permiso de poder retomar más adelante. Pocas veces te dicen que no a esto. La mayoría piensa que es una forma de hablar y que de todas formas no vas a volver a contactar.

Proponer ayuda sin recibir nada a cambio

Hoy me respondieron a un “no” con ayuda de encontrar un proveedor que no tenía nada ver con la empresa que quería venderme algo. De hecho ese mail inspiró esta entrada ya que me pareció una forma muy elegante de gestionar mi respuesta.

La impresión que dejas al final es la huella que se queda para futuras colaboraciones. Dejarás a la otra parte con un buen sabor de boca. Incluso puede que se acuerdan de ti. Piénsalo. Tienes la opción de quedar mal (o neutral) o de realmente despedirte de forma elegante. Tú elijes. ;)

IMAGE: Whim

No cabe ninguna duda de que la movilidad en las ciudades está planteando y experimentando más cambios en los últimos años que en prácticamente todo el siglo anterior, el que en gran medida caracterizó su diseño gracias a la popularización de los vehículos con motor de explosión. Y la gran mayoría de esos cambios, que experimentan diversos niveles de adopción en función de los distintos mercados, proviene de una tecnología fundamental, el smartphone, con un potencial enorme de cara a la movilidad al disminuir enormemente los costes de coordinación. Llevar un potente ordenador en el bolsillo permite utilizarlo, por ejemplo, para poner de acuerdo a personas con necesidad de transporte con otras con capacidad ociosa, para localizar vehículos disponibles en un mapa, para diseñar o monitorizar rutas óptimas en función de las características del tráfico, para obtener y pagar títulos de transporte… una gama de posibilidades que se hace, indudablemente, cada vez más amplia.

A lo largo de los últimos pocos años, por ejemplo, hemos visto surgir aplicaciones como Uber, Cabify, Lyft, Didi o muchas otras, que han multiplicado la disponibilidad de vehículos y generado muchas más opciones de movilidad, y que representan aún un cambio minúsculo comparado con el que plantearán cuando incorporen masivamente tecnologías como la movilidad eléctrica o la conducción autónoma. Varias gigantes de la automoción, como Daimler y BMW, y próximamente Volkswagen, interesada en limpiar su imagen tras el dieselgate, se han apuntado a esta tendencia, y han inundado nuestras ciudades con vehículos listos para ser conducidos en cualquier momento por cualquiera que tenga sus apps instaladas.

Además, se ha duplicado el número de programas de bicicletas compartidas en el mundo desde 2014, con un incremento de más de veinte veces en el número de bicicletas disponibles y con ejemplos tan interesantes y referenciados internacionalmente como el de Sevilla o tan impresionantes como el de las ciudades chinas. Las propias compañías de movilidad se han introducido en este segmento mediante adquisiciones que presagian importantes integraciones y despliegues, del mismo modo que ha ocurrido también en otro relacionado, el de los patinetes eléctricos, que comenzó con varias startups ahora devenidas en unicornios merced a una fortísima actividad inversora, y continúa ahora con la irrupción de estos gigantes de la movilidad, generando lo que algunos consideran una auténtica “scooter economy” en torno al fenómeno del “everything as a service”.

Sin duda, una buena parte de la movilidad en las ciudades va a evolucionar para convertirse en un servicio al que los usuarios recurren cuando lo necesitan, Transportation o Mobility as a Service, eliminando la idea de poseer un activo caro, infrautilizado, generador de contaminación y que se ha convertido en el mayor problema de la gran mayoría de las ciudades del mundo. Pero para ese ideal del transporte como servicio, resulta fundamental eliminar la fricción: no es posible intentar construir un escenario de movilidad coherente o mínimamente cómodo si pretendemos que cada ciudadano tenga que instalarse veinte o treinta apps para gestionar cada una de las opciones de movilidad como servicio que la ciudad le ofrece, unidas a las opciones que ofrece un transporte público que, obviamente, también juega un papel fundamental en la movilidad urbana y, gracias a sucesivas oleadas de innovación, se dispone a seguir haciéndolo en el futuro.

¿Cómo crear una app que las domine a todas? Uno de los protagonistas de la llamada movilidad multimodal, Citymapper, ya ha añadido opciones como las dockless bikes y los patinetes a su aplicación, lo que le permite recomendar rutas a sus usuarios que pueden comenzar en un tren de cercanías, seguir con un trayecto en autobús o metro y terminar con un recorrido en patinete hasta el punto de destino. Pero más impresionante me ha resultado el caso de Whim, una app desarrollada para Helsinki con aspiraciones de crecer en todo el mundo, que ha logrado unificar todas las opciones de movilidad de la ciudad en una sola app y convertirlas en una suscripción mensual. Bus, tren, bicicleta, taxi, car-sharing… todas las opciones de movilidad planteadas en la ciudad, gestionadas desde una sola app, lo que permite eliminar del proceso una buena parte de la fricción. ¿Por qué, en muchos casos, no utilizamos un determinado medio de transporte en una ciudad determinada? Porque para hacerlo tendríamos no solo que habernos bajado la app correspondiente, sino que además, tendríamos que haber introducido un medio de pago o, en algunos casos, pasar por un proceso de aprobación. Con el transporte público ocurre algo similar: las fórmulas de muchas ciudades ofrecen precios razonables únicamente a residentes que llevan a cabo un uso habitual, lo que deja fuera no solo a no residentes, que podría resultar razonable, sino también a residentes que podrían llevar a cabo un uso ocasional, pero son así desincentivados para ello. En la práctica, que la totalidad de las opciones no estén disponibles de manera inmediata para el ciudadano se convierte en un desincentivo importante para su uso, y termina redundando en que muchos no se los planteen, recurriendo en su lugar a un uso completamente subóptimo del vehículo privado, el verdadero enemigo y causante de la mayoría de los problemas de nuestras ciudades.

El caso de Whim en Helsinki debería generar una reflexión importante en los responsables de movilidad de las ciudades: no se trata de ofrecer servicios, sino de integrarlos en un sistema que de verdad reduzca al mínimo o elimine toda fricción para su uso. Que el transporte en una ciudad se convierta en una cuestión de tomar en cada momento el medio de transporte que se adecúe a nuestras necesidades inmediatas, sin más proceso implicado que sacar el smartphone y utilizar una app. Una app, no diecinueve, que pueda optimizar nuestro desplazamiento, ofrecernos distintas posibilidades, y funcionar a la vez como billete y como medio de pago. Así de sencillo. Pero en este momento, uno de los grandes retos que pueden estar ralentizando la evolución de la movilidad.